Qué hacer para no volver a tener una clase aburrida en la Iglesia

Ted Barnes Church Curriculum Editor

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Piensa en la última vez que estuviste en una clase de la Iglesia y estabas teniendo una gran experiencia espiritual que no deseabas que se acabara. Esperamos que no tengas que pensar demasiado. ¿Qué fue lo que hizo que la clase resultara tan significativa? ¿Qué hizo tu maestro? Mejor aún, ¿qué hiciste tú?

Alguien le preguntó al presidente Spencer W. Kimball: “¿Qué hace usted cuando se encuentra en una reunión sacramental aburrida?”. Su respuesta fue algo sorprendente: “No lo sé. Nunca he estado en una” (véase Donald L. Hallstrom, “Convertidos a su Evangelio por medio de la Iglesia”, Liahona, mayo de 2012, pág. 15). 

Tal vez el presidente Kimball nunca estuvo en tu barrio o tal vez tenía otra perspectiva sobre las reuniones de la Iglesia. Tal vez se preparaba de forma diferente, participaba de forma diferente o vivía de forma diferente como resultado de sus experiencias.

¿Por qué vas a la Iglesia?

Las personas van a la Iglesia por diferentes razones, pero si vamos para entretenernos es muy probable que nos decepcionemos. Incluso el ir para obtener información nueva sobre el Evangelio puede que no sea el mejor motivo.

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha dicho que nuestra meta máxima es “más que la adquisición de conocimiento. No es siquiera suficiente para nosotros estar convencidos de la veracidad del Evangelio; debemos actuar y pensar a fin de ser convertidos por medio de él. A diferencia de las instituciones del mundo, que nos enseñan a saber algo, el Evangelio de Jesucristo nos desafía a llegar a ser algo” (“El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, enero de 2001, pág. 40). 

El propósito del Evangelio es cambiarnos, cambiar no sólo nuestro punto de vista y pensamientos, sino también nuestras acciones y nuestros corazones. Quizás para algunos de nosotros la conversión llegue en un momento dramático durante una clase de Escuela Dominical. Pero para la mayoría, lo que sucede en la Iglesia es tan sólo un paso en el largo camino hacia la conversión de toda la vida. Lo que se hace antes y después de la clase puede ser igual de importante.

Como un fuego se ve ya ardiendo

Considera los pasos que das para encender una hoguera. Probablemente reúnes un montón de leña menuda que se enciende fácilmente. Entonces, después que está encendida, alimentas el fuego con grandes pedazos de madera. Y si deseas que el fuego dure mucho tiempo, seguirás vigilándolo y agregando troncos según sea necesario.

Nuestras experiencias en la Iglesia pueden conducir al fuego de la conversión sólo si estamos preparados, si estamos en una condición espiritual para recibir esa chispa y mantenerla ardiendo en nuestro interior.

Espiritualmente hablando, nuestras experiencias en la Iglesia pueden conducir al fuego de la conversión sólo si estamos preparados, si estamos en una condición espiritual para recibir esa chispa y mantenerla ardiendo en nuestro interior.

Este fuego se mantendrá vivo sólo si seguimos alimentándolo al seguir buscando conocimiento más profundo en nuestro estudio personal de las Escrituras, al compartir con otras personas lo que estamos aprendiendo, y al arrepentirnos y esforzarnos por vivir el Evangelio más plenamente.

Tomarlo personalmente

Recuerda que el propósito de estudiar el Evangelio es convertirnos, cambiar para llegar a ser más como el Salvador. Eso sólo ocurre si establecemos conexiones entre el Evangelio y nuestra vida personal. Así que cuando al ir clase, comparte tus experiencias y haz preguntas. Medita por qué el Evangelio es importante para ti.

Por ejemplo, cuando aprendes que todos vivíamos como hijos espirituales del Padre Celestial antes de venir a la tierra, ¿qué diferencia supone eso en tu vida? ¿Cómo afecta la forma en que te ves a ti mismo o a los demás? ¿Cómo cambia la manera en que piensas sobre tus tribulaciones? ¿Cómo influye en las decisiones que tomas?

Hacerse preguntas como éstas pueden convertir una clase de Escuela Dominical en un experiencia que te cambie la vida.

Encontrar los tesoros

¿Has tenido alguna vez la experiencia de encontrar algo poderoso en las Escrituras o en las palabras de los profetas vivientes, no algo que otra persona encontró para ti, sino algo que tú hayas descubierto por ti mismo? Tal vez hayas leído un versículo en el Libro de Mormón que parecía describir tu situación en casa o en la escuela. O tal vez hayas escuchado al presidente Thomas S. Monson decir algo que sonaba como si te estuviera hablando directamente a ti. Éstos son los tipos de experiencias que puedes tener en las clases de la Iglesia, si las buscas, si vas a las reuniones con el espíritu y la actitud correctos.

Recuerda que el propósito de estudiar el Evangelio es convertirnos, cambiar para llegar a ser más como el Salvador. Eso sólo ocurre si establecemos conexiones entre el Evangelio y nuestra vida personal.

Cuando se te invita a leer un pasaje de las Escrituras en clase, no lo leas solamente, ¡explóralo! Hay tesoros a lo largo de la palabra de Dios; ¡encuéntralos! Y al hacerlo, compártelos con la clase. Explica por qué son importantes para ti. Describe la diferencia que suponen en tu vida. Es posible que puedas inspirar a los demás a explorar por sí mismos.

No dejes que termine tan pronto

Sólo estamos en la Iglesia unas pocas horas a la semana. Si ése es todo el sustento espiritual que recibimos, vamos a estar espiritualmente desnutridos. Así que después de que hayas cerrado tus Escrituras, tenido la última oración y apilado las sillas, continúa meditando y explorando las cosas que hayas analizado en clase. Haz que sean el tema de tu estudio personal de las Escrituras. Busca las respuestas a las preguntas que tienes.

Sigue el ejemplo de José Smith. Después de leer un pasaje de las Escrituras que le impresionó profundamente, no paró de pensar en lo que había acabado de leer. Por el contrario, “lo [meditó] repetidas veces”. Se vio a sí mismo en esas palabras, y luego hizo lo que ellas le dijeron que hiciera. (Véase José Smith—Historia 1:11–13.) ¿Cuán diferente sería el mundo hoy en día si la experiencia de José con Santiago 1:5 hubiera terminado cuando cerró su Biblia?

Estudiantes que actúan

¿Puedes ver que la calidad de tus experiencias de aprendizaje del Evangelio tiene tanto que ver contigo, como con tus maestros? ¿Puedes ver que tiene mucho que ver con lo que hagas fuera de clase como lo que hagas en la clase?

El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, recientemente enseñó: “Cada vez más, es necesario que los jóvenes aprendan y actúen… y que no sólo sean estudiantes pasivos sobre quienes principalmente se actúe” (“El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 27). 

Es posible no volver a tener una clase aburrida en la Iglesia. Es una elección que uno hace de ir a la clase preparado espiritualmente a fin de participar activamente en descubrir las verdades del Evangelio por ustedes mismos y hacer esas verdades parte de su vida.

Si quieres saber más, ve estos videos y escucha a jóvenes que han hecho de su aprendizaje del Evangelio una experiencia más significativa.