Mantener la calma en una escuela nueva

Mindy Raye Friedman Liahona

El recordar estos cinco principios puede ayudarte a hacer frente a un lugar desconocido.

Tu alarma suena, y al alcanzar para apagarla, de pronto recuerdas: “¡Oh no, es el primer día en mi nueva escuela!”. Aunque tienes la tentación de volver a taparte hasta la cabeza y volver a dormir, sabes que tienes que afrontar el día. Pero, ¿qué sucederá si no le agradas a nadie? ¿Qué sucederá si no puedes hacer amigos, o si la gente se burla de ti cuando se enteran de que eres miembro de la Iglesia? ¡Tranquilo! Todo está bajo control. Recuerda estos cinco principios del Evangelio y deja que tus preocupaciones desaparezcan.

¡Recuerden quiénes son!

Eres un hijo(a) de Dios y él te ama. Puedes confiar en el Padre Celestial cuando necesitas de consuelo. Aunque no hagas amigos en la escuela en un principio, Él no te dejará solo. La hermana Elaine S. Dalton, ex Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, enseñó: “Cuando se encuentran en una transición, nunca están solos. Nuestro Padre Celestial sabe exactamente dónde están, y Él estará con ustedes” (“How to Dare Great Things”, New Era, marzo de 2012, pág. 48). Para obtener más información sobre el amor de Dios y el consuelo, lee Juan 3:16, Juan 14:18, 2 Nefi 1:15, y Alma 26:37.

Permite que el Evangelio te eleve

El Evangelio proporciona respuestas y guía para las situaciones que afrontas a diario. En cada situación, piensa en cómo el Evangelio te puede ayudar. Por ejemplo, si estás luchando para estar al día en tus nuevas clases, lee Doctrina y Convenios 88:118 y encontrarás que se puede obtener ayuda del Señor a medida que aprendas. Si estás rodeado de cosas malas en la escuela, estudia la vida y las enseñanzas de Moroni, que tenía una perspectiva sobre cómo vivir en un mundo lleno de maldad (véase Mormón 8 y Éter 12, junto con el consejo de su padre en Moroni 9).

Busca buenos amigos

Sé amigable con todas las personas en tu nueva escuela, pero asegúrate de que las personas con las que pasas tiempo son el tipo de amigos que te apoyan y ayudan a vivir el Evangelio; esto marcará una gran diferencia en tu vida. Para más información sobre este tema, mira el video “Un verdadero amigo” y lea la sección “Las amistades” en Para la Fortaleza de la Juventud.

Sé un ejemplo y sé tú mismo

Puede que ya estés preocupado por llamar la atención por ser la nueva persona en la escuela y que anunciar que eres Santo de los Últimos Días te haga sobresalir todavía más. Pero ser un ejemplo no tiene que ver con llamar la atención sobre uno mismo; se trata de hacer lo correcto. Sé tú mismo y actúa de una manera que esté de acuerdo con tu conocimiento del Evangelio. Tus amigos y compañeros estarán agradecidos de estar con alguien que sea genuino y no esté intentando ser alguien que no es. Para aprender más acerca de ser un ejemplo, lee 1 Timoteo 4:12, Mateo 5:16 y Doctrina y Convenios 115: 5. También puedes leer “¿Qué tiene de grandioso el edificio grande y espacioso?” en el ejemplar de septiembre de 2013 de la revista Liahona.

Céntrate en tus bendiciones

En lugar de preocuparte de si la gente te juzgará por guardar tus normas, recuerda que tendrás mayor paz mental cuando defiendas lo que crees, porque recibimos grandes bendiciones cuando guardamos los mandamientos (véase D. y C. 130:20–21), a pesar de que tal vez no siempre reconozcamos esas bendiciones inmediatamente. No todo el mundo de tu escuela tendrá las mismas normas que tú, pero encontrarás algunas personas que te admirarán cuando tengas el valor de vivir tus creencias. (Para aprender más acerca de tener valor para cumplir con tus normas, lee Josué 1:9 y 2 Timoteo 4:7 y luego mira el video del presidente Thomas S. Monson “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”.) Cuando las cosas se ponen difíciles, trata de contar tus bendiciones, quizás incluso quieras llevar un registro diario de ellas para ayudarte a centrarte en todas las cosas con las que Dios te bendice cada día.

¿Qué consejo tienes para los jóvenes que estén comenzando a ir a una escuela nueva? Haz clic en Comparte tu experiencia a continuación.