Saltar navegador principal
Menú de los Jóvenes

Receta para un hogar feliz

Paul VanDenBerghe

La unidad, el Evangelio y la diversión de toda la familia junta son los ingredientes que esta familia sueca combina y que da como resultado un hermoso ejemplo de amor.

Te despierta el sonido de una voz cómica, proveniente de la cocina, cantando en un falsete muy agudo. Naturalmente, sientes un poco de confusión y tal vez se te ocurra pensar una de dos cosas: (1) “Es mi hermanita que está buscando galletas en la cocina”, o (2) “¡Ésta no es mi casa!”. Pero, si eres miembro de la familia Ronndahl, de Kavlinge, Suecia, no sientes ninguna confusión; es más, esperas esto todas las semanas con gran expectativa, no exactamente el canto sino lo que la familia llama un “desayuno de hotel”.

“Me encanta el desayuno de los sábados”, dice Isabelle Ronndahl, de catorce años, cuando se le pregunta cuáles son algunos de los aspectos de su familia que más le gustan. “Siempre lo prepara papá y hace un desayuno delicioso”. Ante esa afirmación, surge un coro de “¡Sííí!” de los demás hijos de los Ronndahl, que con entusiasmo hacen un gesto de aprobación con la cabeza.

“Nos despertamos con los cantos de papá”, explica Andreas, de dieciséis años. Algunos de sus hermanos ofrecen imitaciones del padre y todos rompen a reír, incluso los padres, Brynolf y Kristina. La risa es un sonido que se deja oír con frecuencia en su hogar. Después continúan describiendo la forma en que, a continuación del canto, el aroma del tocino y de los huevos frescos saca a la familia de la cama todos los sábados por la mañana. Parece que disfrutan más de estar juntos que de compartir los alimentos.

Además, mencionan otro ingrediente de su receta para un hogar feliz: la noche de hogar, aunque no siempre fue así: “Me acuerdo de cuando nuestras noches de hogar eran, en la mayoría de los casos, lecciones muy largas”, comenta Christoffer, de dieciocho años, dirigiendo a su madre una mirada de picardía.

“A veces me aburría y me dormía”, agrega Andreas, que entonces tenía sólo cinco años. “Pero después me despertaba y había cosas ricas para comer”.

El hermano Ronndahl explica que cuando los hijos eran todavía pequeños, la esposa preparaba regularmente lecciones de más de una hora, lo cual hacía muy difícil que los niños se quedaran tanto tiempo quietos. Ahora el matrimonio tiene ocho hijos en edades de entre ocho y veintitrés años; la mayor, Rebecka, cumplió una misión de tiempo completo y actualmente asiste a un colegio universitario en Estados Unidos.

El hermano y la hermana Ronndahl decidieron cambiar de táctica para la noche de hogar. “Reunimos a la familia y les preguntamos: ‘¿Qué les gustaría hacer?’”, dice la hermana Ronndahl. Y no les sorprendió mucho saber que a los niños les gustaba comer, jugar y cantar himnos; incluso les agradaba la idea de una lección si fuera más breve. El hermano lo describe con acierto cuando dice que tenían los ingredientes correctos pero tal vez no en las cantidades adecuadas. “Descubrimos que debíamos concentrarnos también en el entretenimiento”, agrega.

La hermana Ronndahl resolvió preparar una cena mejor para los lunes a fin de que esa noche comenzara con algo especial. Para la reunión, agregaron un buen período dedicado a juegos y canciones; también acortaron las lecciones para que duraran unos diez minutos. Y la mezcla dio buenos resultados. “Los niños empezaron a esperar con entusiasmo las noches de los lunes”, comenta Kristina. “A todos les encantaba”.

Ahora que los hijos son mayores, las lecciones se han alargado y profundizado. Rosanna, de veinte años, dice: “En realidad, ahora podemos preparar lecciones muy buenas. Nos encanta hablar del Evangelio y de otros temas, y es entretenido porque tenemos muchas opiniones e ideas variadas. Ahora nos resulta más interesante porque hablamos de cosas de las que queremos hablar”. Pero la música, los juegos y el refrigerio todavía forman parte de la receta.

“Lo que más me gusta son los juegos y el refrigerio”, dice Josefin, de doce años.

“El refrigerio y los juegos, por supuesto”, repite Christoffer.

“Yo creo que lo mejor son los cantos y la música”, afirma Rosanna.

“Las lecciones”, dice Isabelle tímidamente. Sus hermanos en seguida empiezan a hacerle bromas cariñosas. “No, ¡de veras!”, agrega ella sinceramente.

“Yo creo que a mí me gusta toda la noche de hogar”, dice Andreas. “Las lecciones, las canciones, los juegos, lo que comemos, todo junto hace que pasemos un rato muy agradable. Si tuviéramos una noche de hogar sin la lección o sin juegos o sin canciones, sentiríamos que algo faltaba”.

“A mí me encanta cuando Brynolf y yo no tenemos que hacer nada en la noche de hogar”, comenta la hermana Ronndahl. “Simplemente nos sentamos y nuestros hijos dirigen, presentan la lección y se hacen cargo de lo que vamos a comer. Ellos lo preparan todo. Eso es lo que más me gusta”.

Otro ingrediente principal de la receta de los Ronndahl para un hogar feliz es un consejo de familia que realizan todos los domingos después de la Iglesia. En él analizan la asignación que cada uno tiene para la próxima noche de hogar; y como hacen una rotación de asignaciones, todos tienen la oportunidad de realizar todas las tareas, desde la lección y el refrigerio hasta el pasaje de las Escrituras que lean. También hablan de las labores cotidianas del hogar y de lo que le esté sucediendo a cada miembro de la familia.

Sin embargo, las reuniones que tiene la familia no se limitan a los domingos o a los lunes. Samuel, de diez años, y Johannes, de ocho, los dos niños menores, afirman que les gustan mucho las salidas de diversión y los picnics de toda la familia junta. El padre está de acuerdo. “A todos nos gusta ir a nadar en donde sea, en los lagos, en el océano, en los ríos”, dice el hermano Ronndahl. Además, forman un grupo musical para cantar y tocar piezas musicales puesto que casi todos tocan uno o más instrumentos.

Toda esa unidad ha hecho que los Ronndahl sean entre sí los mejores amigos, además de miembros de la misma familia. Se aman, se apoyan y se fortalecen unos a otros; tal vez ésa sea la razón por la que les gusta pasar tanto tiempo juntos.

A la vez que se fortalecen unos a otros, los miembros de la familia Ronndahl también contribuyen a fortalecer el barrio y la estaca. “Asistimos a todas las actividades de la estaca y a todas las excursiones y conferencias de los jóvenes”, dice el hermano Ronndahl. “Animamos a nuestros hijos a tomar parte en todo lo que suceda en la estaca y en el barrio. Aquí los barrios no son muy grandes, así que llevamos a cabo muchas actividades de estaca para reunir a la juventud lo más que se pueda”. Asimismo, los hijos mayores asisten a seminario. De vez en cuando, ambos padres han sido maestros de seminario. Y, por supuesto, todos participan en sus clases y quórumes de la Iglesia.

Ésos son los ingredientes que, cuidadosamente combinados, hacen que esa familia se lleve muy bien. Desde el más pequeño hasta el mayor, desde los padres hasta los hijos, a todos les encanta estar juntos, pues todos se aman mutuamente. Tienen muchas cosas favoritas que les gusta hacer juntos, desde nadar en el océano hasta jugar al “director ciego” en las noches de hogar. “Una de las cosas que más me gusta de nuestras actividades familiares es la música”, comenta la hermana Ronndahl. “Somos una familia musical y nos gusta mucho cantar”.

Sí, a todos los Ronndahl les gusta mucho cantar. También les gusta oír cantar, especialmente en el cómico falsete que proviene de la cocina los sábados por la mañana.

Error en el envío del formulario. Asegúrate que todos los campos se han completado correctamente e inténtalo de nuevo.

 
1000 caracteres restantes