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Andar en patineta con la compañía del Espíritu

Eirik Sterri

Todos mis amigos cayeron en la tentación de fumar, pero el hacer las cosas pequeñas me ayudó a permanecer firme.

Empecé a andar en patineta en séptimo grado con un grupo de amigos. Andar en patineta era muy popular en mi escuela de California. La mayoría de los chicos y algunas chicas que conocía patinaban con regularidad.

Yo patinaba en la calle. No me gustaba ir a los parques de patineta debido a la gente que se juntaba allí. Sinceramente, me daba miedo el tipo de personas que iba a esos parques.

Sé que debemos hacer las cosas pequeñas en el Evangelio. Esas cosas nos darán la fortaleza que necesitamos para permanecer fuertes y evitar la tentación.

Conforme mis amigos y yo continuamos con nuestras “carreras de andar en patineta”, mejoramos bastante nuestras habilidades. Incluso recibimos patrocinios de las tiendas locales de patinetas, lo cual significaba que nos regalaban patinetas, camisas, pantalones, etc. Era un deporte increíble y muy divertido para practicar.

Sin embargo, al igual que con cualquier otra cosa, había tentaciones.

A medida que adquirimos más confianza en nuestras habilidades, mis amigos y yo empezamos a viajar a lugares y parques diferentes para patinar, y empezamos a conocer a otro tipo de gente nueva y diferente. Lamentablemente, todos los que conocimos tenían una cosa en común: fumaban. Parecía que todos los que andaban en patineta fumaban. En mi primer año en la escuela de secundaria, mis amigos cedieron ante la tentación y comenzaron a fumar. Aun así, no pensé mucho en ello porque había decidido que yo nunca lo haría.

A medida que pasó el tiempo, mi relación con mis amigos se debilitó. Ya no teníamos los mismos intereses. Usaban drogas o alcohol cada fin de semana. Los veía desperdiciar sus vidas. No podía creer lo malo que eso se había vuelto.

Un sábado por la mañana, uno de ellos me preguntó: “¿Oye, cómo hiciste para mantenerte alejado de todo eso? ¿Por qué no puedo ser como tú? Tienes algo especial en tu vida”. Entonces me di cuenta de que era debido a que yo siempre había vivido las normas de la Iglesia.

Entre otras cosas, logré resistir la tentación de fumar gracias a las cosas pequeñas. Aun cuando mi vida era muy agitada con la escuela, la familia, la Iglesia, salir en citas, los deportes y los amigos, yo me apegué a las cosas claras y sencillas. Leía las Escrituras, hacía mis oraciones, iba a la Mutual y a la Iglesia. Sé que si no me hubiera nutrido espiritualmente todos los días, entonces es posible que hubiera caído en la tentación.

Sé que debemos hacer las cosas pequeñas en el Evangelio. Esas cosas nos darán la fortaleza que necesitamos para permanecer fuertes y evitar la tentación.

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