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Testigos especiales testifican del Cristo viviente

Los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles comparten sus testimonios del Salvador.

Los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles son los profetas, videntes y reveladores de hoy en día, y son “testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23). Por lo tanto, tienen la responsabilidad de testificar de la divinidad de Jesucristo y Su misión como el Salvador y Redentor del mundo.

En las citas que aparecen a continuación, estos hombres elegidos y comisionados comparten su testimonio de la expiación, la resurrección y la realidad viviente del Salvador.

Jesús es nuestro Redentor

“Con todo mi corazón y el fervor de mi alma levanto mi voz en testimonio, como testigo especial, y declaro que Dios vive. Jesús es Su Hijo, el Unigénito del Padre en la carne. Él es nuestro Redentor y nuestro Mediador ante el Padre. Fue Él quien murió en la cruz para expiar nuestros pecados. Él fue las primicias de la resurrección, y gracias a Su muerte todos volveremos a vivir. ‘Gozoso, canto con fervor: Yo sé que vive mi Señor’. [“Yo sé que vive mi Señor”, Himnos, Nº 73].”

Presidente Thomas S. Monson, “¡Yo sé que vive mi Señor!”, Liahona, mayo de 2007, pág. 25.

Soy testigo

“Yo soy un testigo de la resurrección del Señor con tanta certeza como si hubiera estado aquella noche con los dos discípulos en la casa en el camino a Emaús. Sé que Él vive, con tanta seguridad como lo supo José Smith cuando vio al Padre y al Hijo a la luz de una resplandeciente mañana en la arboleda de Palmyra…

“De ello doy testimonio como testigo del Salvador resucitado y nuestro Redentor.”

Presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Venid a mí”, Liahona, mayo de 2013, pág. 25.

La Expiación y la Salvación

“Dios el padre es el autor del Evangelio; eso es una parte clave del plan de salvación o plan de redención de Dios. Se le llama el evangelio de Jesucristo porque es la expiación de Jesucristo la que hace posible la redención y la salvación. Por medio de la Expiación, todos los hombres, las mujeres y los niños son incondicionalmente redimidos de la muerte física, y todos serán redimidos de sus propios pecados con la condición de que acepten y obedezcan el evangelio de Jesucristo…

“De ello testifico con todo mi corazón y con toda mi mente.”

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “¿No tenemos razón para regocijarnos?”, Liahona, noviembre de 2007, págs. 19, 21.

Jesús es el Cristo

“Sé que Dios es nuestro Padre. Él presentó a Su Hijo, Jesucristo, a José Smith. Les declaro que sé que Jesús es el Cristo. Sé que Él vive; que nació en el meridiano de los tiempos; que impartió Su Evangelio y fue probado. Padeció y fue crucificado, y resucitó al tercer día. Él, así como Su Padre, tiene un cuerpo de carne y hueso. Él llevó a cabo Su expiación. Testifico de Él. Soy un testigo Suyo.”

Presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, “Los Doce”, Liahona, mayo de 2008, pág. 87.

El rescate de la familia humana

“[Jesucristo] es la parte central del plan eterno del Padre, el Salvador fue presentado como el rescate de la humanidad. Dios envió a Su Hijo Amado para vencer la caída de Adán y Eva. Él vino a la tierra como nuestro Salvador y Redentor; Él venció los obstáculos de la muerte física por nosotros al entregar Su propia vida. Cuando Él murió en la cruz, Su espíritu y Su cuerpo se separaron; al tercer día Su espíritu y Su cuerpo fueron reunidos eternamente, para no separarse nunca más.”

Élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles, “El plan de salvación”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 71.

El acto central de la historia de toda la humanidad

“[La expiación del Salvador] se llevó a cabo en Getsemaní, donde sudó grandes gotas de sangre (véase Lucas 22:44) y en el Gólgota (o Calvario), donde Su cuerpo fue levantado sobre una cruz en el “lugar de la calavera”, que significaba la muerte (Marcos 15:22; Mateo 27:33; véase también 3 Nefi 27:14). Esa Expiación infinita libraría al hombre de la muerte perpetua (véase 2 Nefi 9:7). La expiación del Salvador hizo que la resurrección fuese una realidad y la vida eterna una posibilidad para todos. Su expiación llegó a ser el acto central de la historia de toda la humanidad.”

Élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, “La paz y el gozo de saber que el Salvador vive”, Liahona, diciembre de 2011, pág. 22.

Un sacrificio por el pecado

“Jesucristo soportó un sufrimiento incomprensible para ofrecerse a Sí mismo en sacrificio por los pecados de todos. Ese sacrificio ofreció el bien supremo, el Cordero puro sin mancha, a cambio de la medida suprema de maldad, los pecados de todo el mundo…

“Ese sacrificio, la expiación de Jesucristo, es la parte fundamental del plan de salvación…

“Sé que Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios el Padre Eterno. Sé que, debido a Su sacrificio expiatorio, tenemos la certeza de la inmortalidad y la oportunidad de la vida eterna. Él es nuestro Señor, nuestro Salvador y nuestro Redentor.”

Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Sacrificio”, Liahona, mayo de 2012, págs. 19, 22.

El Salvador guía Su Iglesia hoy en día

“La expiación de Jesucristo fue una parte indispensable del plan de nuestro Padre Celestial para la misión terrenal de Su Hijo y para nuestra salvación. Cuán agradecidos debiéramos estar porque nuestro Padre Celestial no intercedió, sino que retuvo Su instinto paternal de rescatar a Su Hijo Amado. Gracias al amor eterno que Él tiene por ustedes y por mí, Él permitió que Jesús llevara a cabo su misión preordenada de ser nuestro Redentor…

“Jesucristo, el Salvador y Redentor de toda la humanidad, no está muerto. Él vive —el Hijo resucitado de Dios vive— ése es mi testimonio, y Él guía los asuntos de Su Iglesia hoy día.”

Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, “La Expiación y el valor de un alma”, Liahona, mayo de 2004, págs. 85, 86.

Nuestra esperanza, nuestro Mediador, nuestro Redentor

Nuestra seguridad se encuentra en [nuestro Padre Celestial] y en Su Amado Hijo Jesucristo. Sé que el Salvador te ama. Él ratificará tus esfuerzos para fortalecer tu testimonio a fin de que se convierta en un poder consumado para bien en tu vida, un poder que te dará sustento en todos los tiempos de necesidad y te dará paz y seguridad en estos tiempos de incertidumbre.

“Como uno de Sus apóstoles autorizado para dar testimonio de Él, testifico solemnemente que sé que el Salvador vive, que Él es un personaje resucitado y glorificado de amor perfecto. Él es nuestra esperanza, nuestro Mediador, nuestro Redentor.”

Élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, “El poder de un firme testimonio”, Liahona, enero de 2002, pág. 103.

Beber la amarga copa

“En el jardín de Getsemaní, nuestro Salvador y Redentor no se echó atrás ante el cometido de beber la amarga copa de la Expiación [véase D. y C. 19:16–19]. Sobre la cruz, sufrió de nuevo para cumplir la voluntad de Su Padre, hasta que al final pudo decir: ‘¡Consumado es!’ [Juan 19:30]. Perseveró hasta el fin. Como respuesta a la obediencia perfecta del Salvador de permanecer firme, nuestro Padre Celestial declaró: ‘He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd’ [3 Nefi 11:7].

“…Glorifiquemos el nombre de Dios permaneciendo firmes con nuestro Salvador Jesucristo. Comparto mi testimonio especial de que Él vive.”

Élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Permaneced firmes en lugares santos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 51.

El único hijo perfecto de Dios

“Sé que en todo momento, en toda forma y en toda circunstancia Dios es nuestro amoroso y misericordioso Padre Celestial. Sé que Jesús es Su único hijo perfecto, cuya vida fue dada amorosamente por la voluntad tanto del Padre como la del Hijo para la redención del resto de nosotros que no somos perfectos. Sé que Él se levantó de los muertos para volver a vivir y, porque lo hizo, ustedes y yo también lo haremos.”

Élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Creo”, Liahona, mayo de 2013, pág. 95.

Sé que el Salvador vive

“Declaro mi testimonio y agradecimiento por el sacrificio infinito y eterno del Señor Jesucristo. Sé que el Salvador vive. He experimentado Su poder redentor, así como Su poder habilitador, y testifico que esos poderes son reales y que están al alcance de cada uno de nosotros. Verdaderamente, ‘con la fuerza del Señor’ podemos hacer y superar todas las cosas a medida que avanzamos en nuestro trayecto de la vida terrenal.”

Élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, “La Expiación y el travesía de la vida mortal”, Liahona, abril de 2012, pág. 19.

Cristo cumplió Su misión

“[El Salvador] tomó sobre sí ‘la carga de los pecados de todo el género humano’ y ‘los horrores que Satanás… pudo infligirle’ [James E. Talmage, Jesús el Cristo, pág. 644]. En ese proceso, soportó los fraudulentos tribunales que se habían tramado y los terribles y trágicos eventos que condujeron a Su crucifixión. Esto finalmente culminó en la triunfante resurrección de Cristo el domingo de Pascua. Cristo cumplió Su misión sagrada como Salvador y Redentor. Nosotros resucitaremos de la muerte y nuestro espíritu se reunirá con nuestro cuerpo…

“Doy mi testimonio apostólico de que Jesucristo vive y es el Salvador y Redentor del mundo. Él ha proporcionado la senda a la verdadera felicidad.”

Élder Quentin L. Cook, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Nosotros seguimos a Jesucristo”, Liahona, mayo de 2010, págs. 83–84, 86.

El Salvador nos redimió

“El sufrimiento del Salvador en Getsemaní y Su agonía en la cruz nos redimen del pecado al satisfacer lo que la justicia demanda de nosotros. Él extiende misericordia y perdona a quienes se arrepienten. La Expiación también salda la deuda que la justicia tiene con nosotros al sanarnos y compensarnos por cualquier sufrimiento que padezcamos sin ser culpables.

“…porque he aquí, él sufre los dolores de todos los hombres, sí, los dolores de toda criatura viviente, tanto hombres como mujeres y niños, que pertenecen a la familia de Adán” (2 Nefi 9:21; véase también Alma 7:11–12)…

“La redención suprema está en Jesucristo y sólo en Él. Con humildad y agradecimiento, lo reconozco como el Redentor.”

Élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Redención”, Liahona, mayo de 2013, págs. 110, 112.

La resurrección y la vida

“Por encima de todo, proclamamos a nuestro Salvador y Redentor Jesucristo. Todo lo que somos, y todo lo que podamos ser, se lo debemos a Él…

“Sus palabras hacen eco a través de los siglos:

“‘Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá

“‘Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás’ (Juan 11:25–26).

“Hermanos y hermanas, Él vive. Él ha resucitado. Él dirige Su santa obra sobre la tierra.”

Élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Venid a Él”, Liahona, mayo de 2009, pág. 80.

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