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Mantente fiel en los momentos difíciles

Megan Armknecht (Revista de la Iglesia) y John Heath (Departamento de Historia de la Iglesia)

¿Alguna vez has intentado hacer algo realmente difícil? ¿Tan difícil que pensaste en darte por vencido?

Nos sucede a todos, a veces incluso con las cosas espirituales.

Cuando José Smith afrontó momentos difíciles, siguió adelante. Y muchos de esos momentos fueron durante su adolescencia: tuvo visiones, supo acerca del Libro de Mormón, se preparó para traducirlo; todo ello mientras la gente se burlaba de él y lo perseguía.

No fue fácil. Su familia era pobre y él vivía en una época incierta en un pueblo fronterizo en donde la gente a veces era tosca y antipática. Habría sido fácil darse por vencido.

¿Cómo lo logró, especialmente cuando se sentía desanimado? A continuación hallarás cuatro cosas que él hizo que podrían ser de gran ayuda también para ti.

Escrituras

1. Cuando José buscó respuestas, estudió las Escrituras

¿Sabías que cuando José fue a orar a la Arboleda Sagrada, había estado estudiando las Escrituras y buscando respuestas por dos años?

Más tarde escribió: “Cuando tenía alrededor de 12 años, comencé a inquietarme seriamente con respecto a todo lo importante que tenía que ver con el bienestar de mi alma inmortal, lo que me llevó a escudriñar las Escrituras”1.

José no solo leyó las Escrituras, sino que las escudriñó. Se esforzó, meditó y fue persistente. Eso abrió su corazón y lo preparó para la inspiración que recibió cuando leyó Santiago 1:5–6:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Pero pida con fe, no dudando nada…”.

Solo entonces, después de su paciente esfuerzo, José estuvo listo para orar en cuanto a qué iglesia debía unirse (véase José Smith—Historia 1:12–18).

2. Cuando José afrontó dificultades, siguió orando

Después de la Primera Visión, José no tenía todo resuelto. De hecho, en muchos sentidos, las cosas se volvieron más difíciles.

Algunas personas que él respetaba lo criticaron. Habría sido más fácil negar lo que había visto a fin de ser aceptado. Sin embargo, continuó creyendo y permaneciendo cerca de Dios (véase José Smith—Historia 1:25, 28).

A veces José se sentía solo y se preguntaba si era digno. Algunos miembros de su familia se habían unido a una iglesia, pero debido a que José sabía que no debía unirse a otras iglesias, tuvo que adorar solo, a la espera del día en que recibiría más instrucciones de los cielos.

La noche del 21 de septiembre de 1823, más de tres años después de la Primera Visión, José decidió pedirle a Dios “… perdón de todos mis pecados e imprudencias; y también una manifestación para saber de mi condición y posición ante él…” (José Smith—Historia 1:29).

Se apareció Moroni y le enseñó a José muchas cosas acerca de la obra que Dios deseaba que él realizara, entre ellas la traducción del Libro de Mormón (véase José Smith—Historia 1:30–35).

A pesar de que luchaba con sus “debilidades e imperfecciones” (José Smith—Historia 1:29), José siguió estudiando y orando. Mantuvo su fe y confianza en Dios.

Joven orando

3. José fue humilde, aceptó la corrección y continuó arrepintiéndose.

La primera visita de Moroni a José fue en 1823, pero a este no se le permitió obtener las planchas y traducir el Libro de Mormón sino hasta 1827. Parte de la razón por la que tuvo que esperar cuatro años fue que tenía que arrepentirse. (Lee “Cómo arrepentirse realmente”).

Sin embargo, José fue enseñable. Cada vez que Moroni lo visitaba, le instruía. Ese proceso ayudó a José a convertirse en el líder que Dios necesitaba que fuera.

José también fue humilde. Moroni lo reprendió varias veces. Por ejemplo, José dijo que cuando halló las planchas, fue “tentado por el adversario y tuve el deseo de procurar las planchas para obtener riqueza y no guardé el mandamiento de tener la mira puesta en la gloria de Dios”2. En lugar de molestarse, José aceptó la corrección con humildad, se arrepintió y tomó la determinación de mejorar3. Llegó a valorar las planchas como registros sagrados destinados a edificar el reino de Dios.

4. José acudió a sus padres

Durante su primera visita, una de las cosas que Moroni le mandó hacer a José fue contarle a su padre. Al principio, José no lo hizo. Tenía miedo de que su padre no le creyera, no comprendiese, o ambas cosas. Al día siguiente, Moroni volvió a visitar a José y le mandó que hablara con su padre, y dijo: “Él creerá cada una de las palabras que le digas”4. Tras ese consejo, esta vez José obedeció. No es de sorprender que su familia lo haya apoyado enormemente y, hasta el final de sus vidas, lo hayan ayudado a llevar a cabo las cosas verdaderamente importantes.

Niña escribiendo

José siguió intentándolo y tú también puedes hacerlo

Al igual que José, cuando no estamos seguros de lo que debemos hacer, podemos estudiar las Escrituras y abrir nuestro corazón a las impresiones del Espíritu Santo. Dios te enseñará las cosas que necesitas saber para el plan de tu vida.

A pesar de que tenía fe, él no conocía los detalles de cómo todo se llevaría a cabo. Tal como nosotros, vivió su vida un día a la vez, y perseveró y confió en Dios. Halló fortaleza para seguir intentándolo al permanecer cerca de Dios y seguir las impresiones. Y con el tiempo pudo realizar la obra que Dios lo llamó a hacer.

Aunque recibió algunas revelaciones impresionantes, José aprendió que, por lo general, la revelación es un proceso que lleva tiempo. Cuando somos persistentes, obedientes y fieles, las respuestas llegan en la manera y en el momento en que las necesitamos.

Al igual que José, cada uno de nosotros puede realizar la obra que Dios nos llama a hacer cuando somos persistentes en acudir a Él a diario por medio del estudio personal de las Escrituras y de la oración, si somos humildes y enseñables y, lo que es más importante, si seguimos intentándolo.

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