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Diez minutos al día

Hadley Griggs Revista de la Iglesia

Les pedimos a cinco jóvenes que pusieran a prueba la invitación del élder Stevenson de reemplazar 10 minutos del tiempo diario que dedican a las pantallas de dispositivos electrónicos por la lectura del Libro de Mormón.

¿Alguna vez te has puesto una meta de estudio de las Escrituras que se pareciera a esto? “A partir de hoy, yo estudiaré mis Escrituras durante una hora todos los días, y lo haré de manera perfecta”.

Si te has puesto ese tipo de meta, ¿cómo te fue? Es probable que no muy bien. Tratar de cultivar un nuevo hábito puede ser realmente difícil, en especial porque a menudo se nos ocurren metas poco realistas (como la mencionada antes), de las que rápidamente nos cansamos o que nos abruman.

Para realmente lograr el hábito de estudiar las Escrituras, lo mejor es empezar de a poco. El élder Gary E. Stevenson, del Cuórum de los Doce Apóstoles, aportó una gran sugerencia: “… [Muchos] jóvenes dedican un promedio de siete horas al día a ver pantallas de televisión, computadoras y teléfonos inteligentes… ¿Reemplazarán parte de ese tiempo diario dedicado a las pantallas —en particular el que dedican a redes sociales, internet, juegos o televisión— por la lectura del Libro de Mormón?…  aunque solo sea diez minutos al día” (“Vuélvanse al libro; confíen en el Señor”, Conferencia General de octubre de 2016).

Les pedimos a cinco jóvenes que aceptaran la invitación del élder Stevenson. Ellos llevaron un registro del tiempo que dedican diariamente a las pantallas y luego reemplazaron 10 minutos de ese tiempo por el estudio del Libro de Mormón. Averigua cómo les fue; ¡tal vez te inspiren a hacer la prueba tú mismo!

Una mujer lee

“Después de llevar un registro del tiempo que dedico a las redes sociales durante la primera semana, me impresionó un poco la cantidad de tiempo que pasé con mi teléfono. Definitivamente, fue una buena idea utilizar parte de ese tiempo en el Libro de Mormón, en especial porque la lectura diligente de las Escrituras no es uno de mis puntos fuertes.

“Irónicamente, uno de los primeros días en que leí las Escrituras por la mañana fue un día terrible. Sin embargo, sabía que leer las Escrituras solamente mejoraría mi vida, así que continué leyendo.

“Creo que el mayor efecto que tuvo el leer todos los días fue que me sentí mucho más en sintonía con el Espíritu. Pude tomar decisiones con mayor facilidad. Sentí más amor por la gente que me rodea y un mayor deseo de prestar servicio. Cuando leí las Escrituras por la mañana, el día transcurrió mucho mejor. Cuando las leí por la noche, dormí bien. Recomiendo firmemente que todos hagan la prueba. ¡Marca una gran diferencia!”.

Bryn C., 18 años, Utah, EE. UU.

Hombre leyendo un libro

“Cuando llevé un registro de cuánto uso mi teléfono, me di cuenta de que el día que más lo utilizaba era el domingo. Pensé que eso era triste porque era entonces cuando debía estar tratando de acercarme más a mi Salvador, pero en vez de eso había estado mirando mi pantalla.

“Cuando comencé a leer las Escrituras, leía los 10 minutos todas las noches antes de irme a la cama, lo que para mí significaba alrededor de un capítulo por noche. Al hacerlo, noté que podía conciliar el sueño con mayor facilidad. También me hallé tomando mejores decisiones a lo largo de la semana y en general me sentí mejor con respecto a mí mismo.

“Estoy agradecido de haber podido recibir esta invitación, y planeo continuar leyendo durante 10 minutos por día y haciendo mis oraciones todas las noches”.

Ryan E., 16 años, Alabama, EE. UU.

“Antes de llevar un registro del tiempo que dedicaba, pensé que iba a ser muy difícil hacer una pausa y leer las Escrituras; pero después que me di cuenta cuánto tiempo empleaba en las redes sociales, ¡me pareció facilísimo tomarme 10 minutos! Podía leer en el almuerzo o justo antes de que comenzara Seminario.

“Después de haber leído las Escrituras, era mucho más consciente de lo que veía en las redes sociales. Si me encontraba con algo malo, con groserías o un mensaje negativo, lo notaba y trataba de evitarlo mucho más que antes. También noté que mis oraciones eran mucho más sinceras y que recibía más respuestas a ellas. Definitivamente, ¡esto es algo que espero continuar por mucho más tiempo!”.

Izzie J., 16 años, California, EE. UU.

Mujer de rodillas

“Realmente no pensaba que utilizaba tanto las redes sociales, hasta que se me pidió que llevara un registro del uso que hacía de ellas, y ahí fue cuando me di cuenta de cuánto de mi tiempo se consumía en las redes sociales.

“Tan pronto como comencé a concentrarme realmente en leer las Escrituras cada día, sentí un fuerte deseo de leer el Libro de Mormón y quise aprender de él. Al leer durante 10 minutos cada día, me interesé cada vez más por las historias. Cuando iba aproximadamente por la mitad decidí que, antes de leer, oraría para encontrar respuestas a mis preguntas, y sin falta recibí esas respuestas por medio del Espíritu Santo.

“Sé que Dios nos habla a través de las Escrituras y que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo. Verdaderamente puede bendecir nuestra vida por medio del estudio ferviente, con espíritu de oración. Estoy muy agradecida por la oportunidad que tuve de participar en esto e invito a todos a que hagan lo mismo. Fue una experiencia que cambia la vida”.

Sydney B., 16 años, Arizona, EE. UU.

Una mujer lee

“Aunque me olvidé de leer unas pocas veces, en general fue un éxito. Me di cuenta de que antes de comenzar con la invitación del élder Stevenson, en realidad estaba leyendo tan solo unos 3 minutos cada noche, y al aumentar mi tiempo de lectura a 10 minutos cada noche pude ver una diferencia en mi vida. Cuando leo, me siento más en sintonía con el Espíritu y puedo sentir todos los días las bendiciones de la protección espiritual. De la misma manera en que puede ser difícil empezar a leer después de no haber leído las Escrituras por un tiempo, una vez que comencé con el hábito de la lectura no podía parar.

“Me di cuenta de que en mi caso, cuando leía las Escrituras justo antes de acostarme, normalmente me quedaba dormida o no lograba obtener mucho de mi lectura. Funcionó mejor leer ya sea a la mañana o después de la escuela.

“Disfruté muchísimo de hacer esto y desafío a todos a que hagan la prueba”.

Rachel A., 15 años, Colorado, EE. UU.

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