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El proyecto Facebook

Mandalyn Ferguson

Un plan sencillo en los medios de comunicación social tuvo un gran impacto.

Un día, al observar mi lista de amigos de Facebook, decidí emprender algo nuevo. Había estado pensando en el valor individual. Había obtenido un testimonio de que somos hijos e hijas de Dios y que se nos ama. Todos tenemos talentos y el derecho y la responsabilidad de utilizarlos. Cuando observé a mis compañeros y vecinos, quise recordarles sobre su valor único.

Y así empezaró el proyecto Facebook.

“Todos los siervos que han hecho convenio con [el Salvador]… recibirán Su guía mediante el Espíritu al bendecir y prestar servicio a los demás en Su nombre; entonces sentirán Su amor y hallarán gozo por estar más cerca de Él”. —Presidente Henry B. Eyring

Decidí que cada día enviaría mensajes a cinco personas en mi lista de amigos y les diría lo que me gusta acerca de ellos. Fue una meta simple. Esperaba simplemente escribir una simple frase o dos para cada persona; y no esperaba nada más que un simple gracias a cambio.

Pero al orar al Padre Celestial al respecto a ello cada mañana, sentí la inspiración y mis mensajes se convirtieron en al menos un párrafo para cada persona. Toda persona es única e importante, así que no era difícil encontrar las talentos y dones, especialmente con la ayuda de Dios.

¡Me sentí abrumada con sus respuestas! Hubo tantas personas que dijeron: “Eso me alegró el día!”. Algunas dijeron que mi mensaje les ayudó a través de una prueba o que cambió su perspectiva. Algunas de las personas con las que me había sentido más nerviosa de enviarles el mensaje, fueron las más agradecidas. Me di cuenta de que muchos luchan con el reconocimiento de su propia valía o con sentimientos de esperanza con respecto al deterioro de las condiciones del mundo de hoy, y que un comentario amable, específico, puede significar mucho para ellos.

He aprendido mucho de este proyecto. En primer lugar, las personas son muy diferentes de lo que aparentan ser. Todos tienen pruebas y necesitan ayuda. También he aprendido lo rápido que Dios te ayudará cuando deseas ayudar a los demás. Si tienes una meta digna, entonces Él te ayudará.

El ayudar a los demás a reconocer su propia valía me ha ayudado a reconocer la mía propia. Sé que mi experiencia con esto me ha ayudado a mí y a muchas otras personas también, y le estoy eternamente agradecida al Padre Celestial.

Este artículo apareció originalmente en octubre de 2013 en New Era.

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