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Verdades, mentiras y tu valor individual

Mindy Raye Friedman Church Magazines

No permitas que el mundo te diga cuándo debes sentirte bien contigo mismo.

Un año nuevo trae sentimientos de una nueva vida y nuevas esperanzas, pero además trae una ola de mensajes del mundo que te dicen que un año nuevo requiere un nuevo tú. Estos mensajes dicen que sólo puedes ser feliz si bajas de peso, consigues ropa nueva, encuentras más amigos, etc. Oyes estos mensajes en los medios de comunicación, en las instituciones educativas y a veces de las personas más cercanas a ti.

El problema con estos mensajes es que no son verdaderos. Si los examinas detenidamente descubrirás que el verdadero motivo tras esos mensajes por lo general es convencerte de que inviertas ya sea tu dinero o tu tiempo en algo, ¡pero no tienes que hacerlo!

“Su Padre Celestial las ama, a cada una de ustedes. Ese amor nunca cambia, y en Él no influye su apariencia, sus posesiones ni la cantidad de dinero que tengan en su cuenta bancaria. No lo cambian sus talentos y habilidades.” —Presidente Thomas S. Monson

Cambiar tu apariencia física o las posesiones materiales puede hacerte sentir mejor por un corto tiempo, pero en verdad no cambia en nada tu valor o tu felicidad eternas. Eso es porque tu valor ya ha sido establecido. El presidente Thomas S. Monson ha enseñado: “Su Padre Celestial las ama, a cada una de ustedes. Ese amor nunca cambia, y en Él no influye su apariencia, sus posesiones ni la cantidad de dinero que tengan en su cuenta bancaria. No lo cambian sus talentos y habilidades… El amor de Dios está allí ya sea que sientan que merezcan amor o no; simplemente siempre está allí” (“Nunca caminamos solos”, Liahona, noviembre de 2013, págs. 123–124). Eres un hijo de Dios; ya tienes un valor infinito, y eso no cambia, por lo que es importante que comprendas cómo reconocer estos mensajes falsos en cuanto a la autoestima y cómo combatirlos con la verdad del Evangelio.

Las mentiras del mundo contra las verdades del Evangelio

Mentira: Tu valor se determina el verte y actuar a la manera del mundo.

Creer esta mentira significa que estás dejando que las influencias del mundo determinen cuándo te debes sentir bien contigo mismo. Luego tendrás que cambiar constantemente para ajustarte a los ideales del mundo, que son contradictorios y temporales. El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, ha advertido: “Cuando elegimos definirnos a nosotros mismos o presentarnos mediante una característica que sea temporal o trivial desde una perspectiva eterna, restamos importancia a lo que es más importante acerca de nosotros y damos demasiada importancia a lo que tiene relativamente poca. Esto puede llevarnos por el camino equivocado y entorpecer nuestro progreso eterno” (“How to Define Yourself”, New Era, junio de 2013, pág. 48).

Verdad: Seguir los caminos del Señor desarrolla un sentido de valor eterno.

El Señor enseñó que Sus caminos no son los mismos que los del mundo y que “mis caminos [son] más altos que vuestros caminos” (Isaías 55:8–9). Seguir los caminos del Señor te permite recibir bendiciones eternas y tener el Espíritu Santo contigo, lo que puede ayudarte a sentirte bien acerca de ti mismo de una forma más profunda y constante que cualquier cosa que el mundo tenga para ofrecer. En vez de tratar de ser lo que el mundo quiere que seas, trata de vivir tu vida según las normas que el Señor ha establecido. Sus caminos nunca cambian y nunca dejarás de ser popular para Él.

Mentira: El valor que tienes proviene de cómo te comparas con los demás.

“El comparar las bendiciones aleja casi por seguro nuestro gozo. No podemos ser agradecidos y envidiosos al mismo tiempo. Si realmente queremos tener el Espíritu del Señor y experimentar gozo y felicidad, debemos regocijarnos en nuestras bendiciones y ser agradecidos.” —Élder Quentin L. Cook

Al ser adolescente es posible que te des cuenta de cómo te comparas con tus compañeros. Deseas encajar y ser de la mejor manera, lo que a menudo significa que quieres ser como otra persona. Cuando alguien parece ser mejor que tú en algo es posible que sientas que no eres lo suficientemente bueno y que debes ser mejor a fin de ser aceptado. El problema con esta mentira es que al relacionar tu valor con el de otras personas, a menudo comparas un punto fuerte de otra persona con una de tus debilidades (véase “No me olvides”, presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, Liahona, octubre de 2011). Esto también puede conducir a la envidia y al orgullo, especialmente si menosprecias a otras personas para tratar de parecer mejor y hacerte ver mejor.

Verdad: Toda persona tiene diferentes dones. Puedes sentirte bien contigo mismo y ser agradecido sin importar cuáles sean tus talentos.

El Señor desea que seas tú mismo y no otra persona. Él sabe que tú y todos en esta tierra tienen puntos fuertes y debilidades. Compararte con otra persona no te ayuda a ser mejor. Por supuesto, es importante que mejores y te pongas metas, pero éstas deben basarse en tu mejor esfuerzo, no en el de los demás.

Si quieres sentirte mejor contigo mismo, trata de ser agradecido por lo que tienes. “El comparar las bendiciones aleja casi por seguro nuestro gozo”, dice el élder Quentin L. Cook, del Quórum de los Doce Apóstoles. “No podemos ser agradecidos y envidiosos al mismo tiempo. Si realmente queremos tener el Espíritu del Señor y experimentar gozo y felicidad, debemos regocijarnos en nuestras bendiciones y ser agradecidos” (“¡Regocijaos!”, Liahona, enero de 1997, pág. 33).

Mentira: La autoestima proviene de tener éxito en el mundo.

Esa mentira está relacionada con la de compararte con otras personas. ¿Quién determina lo que es el éxito? La definición de cada persona puede ser un poco diferente; y cuando tú basas tu valor en los logros, sólo te dices a ti mismo que eres tan bueno como tu último logro. Eso sencillamente no es verdad.

Verdad: La opinión y las expectativas de Dios son lo que importa.

El presidente Dieter F. Uchtdorf ha enseñado: “Los discípulos de Jesucristo comprenden que, comparada con la eternidad, nuestra existencia en esta esfera mortal es sólo ‘un breve momento’ en el espacio y en el tiempo (D. y C. 121: 7). Reconocen que el verdadero valor de la persona tiene poco que ver con lo que el mundo considera en alta estima… El Señor utiliza una balanza muy diferente de la del mundo para pesar el valor de un alma” (“Ustedes son importantes para Él”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 20, 22).

“El Señor utiliza una balanza muy diferente de la del mundo para pesar el valor de un alma.” —Presidente Dieter F. Uchtdorf

Una vez más, puedes superar esa mentira al seguir el camino del Señor y preocuparte más en cuanto a Su definición de éxito que la del mundo. Si puedes sentir constantemente la compañía del Espíritu en tu vida, eso significa que estás viviendo como desea el Señor. Si sientes que has fallado a los ojos del Señor, recuerda que puedes volver mediante el arrepentimiento y la Expiación.

Mentira: La autoestima positiva tiene todo que ver con mi desarrollo.

Cuando la gente te insta a centrarte en desarrollar la autoestima (en vez de reconocer el valor personal eterno), podrías verte tentado a pensar que serás más feliz contigo mismo si te centras en tu desarrollo. Ésa es la parte difícil de esa mentira. Así que es lógico que la autoestima tenga todo que ver con tu desarrollo, pero así es cómo el adversario te engaña. Si él puede llegar a obsesionarte con “mejorarte” a ti mismo (por lo general con los valores del mundo en los que te centras completamente), entonces te distraerá de todas las personas que te rodean y a las que podrías ayudar.

Verdad: Hallarás gozo al servir a Dios y a otras personas.

El Señor mandó a Sus discípulos “[estima]… a [tu] hermano como a [ti mismo]” (D. y C. 38:24–25). Aquellas personas que en verdad se aman a sí mismas no dependen de la atención ni de los elogios de otras personas. Están tan cómodas con su propio valor, que pueden establecer buenas relaciones con otras personas y son capaces de brindarles servicio sin motivos ocultos. Piensa en ello: Cuando estás prestando servicio a los demás y te olvidas de ti mismo, ¿eso te hace sentir mejor? Por supuesto que sí, ya que estás haciendo algo que vale la pena. Además, al servir a los hijos de Dios, te acercas más a Él y te mejoras a ti mismo a la vez.

Tu verdadera identidad

Al final, tener amor por ti mismo no consiste en presumir de ti con otras personas ni ajustarse a la visión de la autoestima que tiene el mundo. Se trata de que seas quien eres —un hijo excepcional de Dios— y que comprendas que es algo bueno ser quien eres. Cuando comprendas tu valor eterno y vivas de manera consecuente con tu legado divino, obtendrás una autoestima duradera que es mejor que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.

Artículo publicado en la revista New Era de enero de 2014.

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