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¡Por qué ser mamá es genial!

Alex Larsen

El mundo me dijo que tendría que abandonarlo todo, pero lo que gané valía mucho mas.

Siempre supe que quería ser madre, pero cuando crecía no siempre estaba en mi mente. Un día mientras mi novio y yo estábamos comprometidos, hablé con una de mis profesoras de universidad, una mujer a quien yo admiraba, acerca de mi compromiso. Ella dijo algo que hizo que pusiera las opciones en mi vida bajo un enfoque diferente. “Estás perdiendo tu talento”, me dijo mientras sacudía la cabeza. Ella continuó diciendo que una persona tan inteligente como yo no debería casarse joven. Ella asumió que yo tendría hijos en el futuro y “arruinaría” mi educación y posibilidades de una carrera estelar por mi futura maternidad. Me di cuenta por la manera en que me miraba, que ella pensaba que yo estaba cometiendo un terrible e ingenuo error.

Cada pequeña cosa que hago como madre es parte de ayudar a edificar el reino de Dios al cuidar a Sus hijos.

Han pasado varios años desde esa conversación, y mi esposo y yo tenemos dos niñas pequeñas. Kate tiene tres años y es mi pequeño corazoncito. Ella va por la vida a un ritmo pausado, saboreando todos los pequeños detalles que nota. Annabel tiene un año, con ojos azules y el cabello bien rizado. Ella es exuberante y resuelta. Aunque no cambié de opinión a causa de lo que dijo mi profesora, nuestra conversación ha permanecido conmigo. En una forma, las predicciones de mi profesora fueron correctas: No tengo una prestigiosa carrera de trabajo. Pero mi profesora se equivocó en el punto más importante, porque yo no he desperdiciado nada.

Me encanta la oportunidad de quedarme en casa y cuidar a mis pequeñas hijas, porque éstos son los años en los que más se van a formar de su vida. Tengo la oportunidad de crear un ambiente beneficioso en el hogar para mis hijas al leer y analizar las cosas con ellas como parte de nuestra vida diaria. Kate a menudo me sorprende al recordar y hablar de algo que leímos en un libro varias semanas antes, y Annabel aprende una nueva habilidad casi todos los días. Pero aunque es divertido e importante verlas aprender cosas nuevas y habilidades, me siento más satisfecha cuando veo sus espíritus crecer y desarrollarse. Recuerdo la primera vez que Kate señaló una lámina del Salvador y dijo: “Jesús”. Entonces supe que lo que estaba haciendo era de importancia eterna en la vida de mis hijas.

Ilustración de una madre y sus hijos sentados en la parte superior de una casa

 

El mundo a menudo nos dice que las recompensas de la vida vienen en forma de estatus social, dinero o grandes logros; pero sé que hay gran satisfacción aun en los pequeños actos de cambiar pañales o limpiar dedos pegajosos. Cada pequeña cosa que hago como madre es parte de ayudar a edificar el reino de Dios al cuidar a Sus hijos. Siempre supe que quería tener hijos, pero no fue sino hasta que sostuve a mi primer bebé en los brazos que comencé a darme cuenta de cuánto podía amar.

Más que nada, la maternidad me ha ayudado a crecer como hija de Dios, porque ahora sé cómo se ve a una hija de Dios con los ojos de los padres.

El amor que tengo para mis hijas me ha ayudado a entender mejor cuánto mi Padre Celestial ama a todos Sus hijos. Al hablar de los niños pequeños, Jesús enseñó que “de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:14). Más que nada, la maternidad me ha ayudado a crecer como hija de Dios, porque ahora sé cómo se ve a una hija de Dios con los ojos de los padres. El mundo nos hace pensar que una mujer se pierde a sí misma en la maternidad — pierde su cuerpo, su tiempo libre y su carrera. Pero me he encontrado a mí misma en la maternidad. Me siento más hermosa y más valiosa que nunca antes.

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Este artículo apareció originalmente en la edición de agosto de 2014 de la revista New Era.

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