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    ¿Será aburrida la Sociedad de Socorro?

    Charlotte Larcabal

    Estaba muy nerviosa por unirme a la Sociedad de Socorro, pero aprendí a amarla gracias a la bienvenida que me dieron las hermanas.

    Me sentía muy feliz por cumplir dieciocho años. ¿Qué joven no se siente emocionado? Por supuesto, todavía seguía en la escuela secundaria (bachillerato), todavía tenía acné y todavía tenía que hacer tareas en nuestra casa en California, EE. UU., pero ya era adulto. Estaba entrando a una nueva etapa de la vida, y eso me emocionaba. De lo que no estaba segura era de la idea de estar con todas las “mujeres mayores” de la Sociedad de Socorro. Ellas tenían hijos, profesiones, ollas eléctricas y tal vez les gustaba hornear tartas en pantuflas. Yo tenía tareas, competencias de natación, esmalte de uñas azul y evitaba limpiar mi habitación el mayor tiempo posible. ¿Cómo podría relacionarme con alguna de ellas? Estaba segura de que iba a sentirme incómoda, sola y aburrida, pero asistí de todas maneras.

    Qué esperar en la Sociedad de Socorro

    • Un grupo de mujeres que te amarán y te apoyarán.

    • La oportunidad de amar y servir a otras mujeres como maestra ministrante.

    • Las lecciones dominicales y otras reuniones que te ayudarán en tu vida personal y te darán oportunidades para servir y desarrollar tus roles como mujer, hija, hermana, tía y/o madre.

    En primer lugar, la Sociedad de Socorro no fue para nada aburrida. Hubo muchas sonrisas y risas. Las hermanas compartieron cosas interesantes y sentidas, pero tampoco tuvieron miedo de reírse. Segundo, no eran tan diferentes a mí. Claro, eran mayores que yo, pero bromeaban unas con otras de la misma manera que mis amigas y yo lo hacíamos. En más de una ocasión, alguien hizo la misma pregunta que yo tenía, y cuando anunciaron la reunión de superación personal de esa semana, me quedé sorprendida. ¡Iban a aprender defensa personal! ¡Yo quería hacerlo también!

    Me puse muy nerviosa cuando la hermana Larsen, la presidenta de la Sociedad de Socorro, me pidió que me pusiera de pie y me presentara, pero no estuvo nada mal. Todas me estaban sonriendo. La hermana Edwards, mi maestra de Seminario en mi segundo año de escuela secundaria, levantó el pulgar en señal de aprobación y la hermana Richards, que me recordaba de la Primaria, me dijo que no podía creer que “me había hecho mayor”. Y en verdad me trataron como si “me hubiera hecho mayor”. Me sentía como una niña pequeña jugando a disfrazarse, pero ese día para la mayoría de las mujeres era una nueva hermana.

    Desde entonces, me ha encantado la Sociedad de Socorro, sin importar el barrio en el que me encuentre. Tan pronto como entro al salón de la Sociedad de Socorro, puedo sentir ese lazo de hermandad y de pertenencia. Me gusta hacer lo mejor que puedo para alentar a mis hermanas de la Sociedad de Socorro y aprender todo lo que pueda de ellas,

    y he descubierto que soy muy buena para hornear tartas.

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