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    Heridos

    Élder Neil L. Andersen of the Quorum of the Twelve Apostles

    Las dificultades son parte de la vida, pero, ¿tienen que ser tan difíciles?

    Al hablar de las “heridas del alma”, el élder Neil L. Andersen aconsejó: “Nunca se den por vencidos; independientemente de lo profundas que sean las heridas de su alma, o cuál sea la causa, el momento o el lugar en que suceden, o que persistan más o menos en el tiempo… ustedes no han nacido para morir espiritualmente. Están hechos para sobrevivir espiritualmente e incrementar su fe y su confianza en Dios”. Estudia este mensaje para aprender cómo puedes triunfar en las batallas de la vida.

    Todos entendemos que las dificultades son parte de la vida, pero cuando nos llegan personalmente pueden dejarnos sin aliento. Sin llegar a alarmarnos, debemos estar preparados. El apóstol Pedro dijo: “Amados, no os asombréis del fuego de prueba que os ha sobrevenido para poneros a prueba, como si alguna cosa extraña os aconteciese” [1 Pedro 4:12]. Junto a los brillantes colores de la felicidad y el gozo, los oscuros hilos de la prueba y la tragedia están profundamente tejidos en la tela del plan de nuestro Padre. Esas pruebas, aunque difíciles, a menudo se convierten en nuestros mejores maestros…

    … Cada uno de nosotros será herido en la batalla de la vida, ya sea física, espiritualmente, o de ambas maneras.

    Nunca se den por vencidos; independientemente de lo profundas que sean las heridas de su alma, o cuál sea la causa, el momento o el lugar en que suceden, o que persistan más o menos en el tiempo… ustedes no han nacido para morir espiritualmente. Están hechos para sobrevivir espiritualmente e incrementar su fe y su confianza en Dios.

    Dios no ha creado nuestros espíritus para que no dependamos de Él…

    El Salvador es nuestro Buen Samaritano…

    … El Salvador prometió: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” [Juan 14:18].

    La paz del templo es un reconfortante bálsamo para el alma herida…

    … Sus problemas y pesares son muy reales, pero no durarán para siempre…

    Mis hermanos y hermanas, les prometo que aumentar su fe en el Señor Jesucristo les proporcionará fortaleza adicional y mayor esperanza. Para ustedes, los justos, el Sanador de nuestras almas sanará, en Su tiempo y a Su manera, todas sus heridas. No habrá injusticia, persecución, prueba, tristeza, quebranto, sufrimiento ni herida —no importa cuán profunda, cuán extensa o cuán dolorosa— que quede excluida del consuelo, la paz y la esperanza perdurable de Aquel cuyos brazos abiertos y manos heridas nos recibirán de regreso a Su presencia. Ese día, testifica el apóstol Juan, los justos “que han salido de la gran tribulación” [Apocalipsis 7:14] estarán “vestidos de ropas blancas… delante del trono de Dios”. El Cordero “extenderá su pabellón sobre [nosotros]… y Dios enjugará toda lágrima de los ojos [suyos]” [Apocalipsis 7:13, 15, 17].

    Mira el discurso completo en conference.lds.org.

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