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El primer campamento de las Mujeres Jóvenes en Mongolia

Mary N. Cook First counselor in the Young Women general presidency

Sabía que el campamento podría ser una magnífica forma para que las mujeres jóvenes de Mongolia reconocieran el amor que Dios tiene por ellas y apreciaran Sus creaciones maravillosas.

Los primeros campamentos de las Mujeres Jóvenes en Mongolia fueron algunas de las experiencias más memorables de mi vida. Mientras prestábamos servicio misional, mi esposo y yo ayudamos a las líderes y jóvenes recién bautizadas. Teníamos sólo una rama en Mongolia y la mayoría de las personas habían sido miembros por menos de un año. Al servir como asesora de las líderes de las Mujeres Jóvenes, sabía que el campamento podría ser una magnífica forma para que las mujeres jóvenes de Mongolia reconocieran el amor que Dios tiene por ellas y apreciaran Sus creaciones maravillosas.

Cita del 15 de agosto de 1995 de mi diario personal:

“La semana pasada fuimos de campamento con las mujeres jóvenes. Fue divertido . . . húmedo pero divertido. Había llovido toda la semana antes de que partiéramos el viernes, pero esa mañana estaba despejada y cálida, y estábamos entusiasmadas por ir. Teníamos cuatro tiendas de campaña pequeñas de los Boys Scouts de aquí y las jóvenes trajeron dos más. Se presentaron cuarenta y tres jovencitas, siete líderes y otro matrimonio misionero.

“En términos generales el campamento fue magnífico. Tan pronto como apuntalamos las tiendas de campaña, llovió torrencialmente. Las tiendas de los Scouts no eran de las mejores y el agua empapó las gruesas mantas de lana y la ropa. Tuvimos que ubicar de 8 a 9 jovencitas en tiendas para cuatro personas, pero a ellas parecía no importarles mucho. Salieron en caminatas, recogieron gran cantidad de fresas pequeñas, pelaron papas en el arroyo . . . todo bajo la lluvia, pero no escuchamos que nadie se quejara.

“El viernes a la noche, estudiamos el Libro de Mormón a la luz de las velas. Fue una experiencia formidable. Las líderes condujeron una charla que hubiera seguido por horas si no las hubiéramos mandado a la cama. Se fueron a sus tiendas mojadas y llevaron a cabo reuniones de testimonios. Les encantó cada aspecto de esa noche; todo era tan nuevo para ellas. Tienen tan pocas oportunidades y es tan gratificante proporcionarles buenas oportunidades para que aprendan y progresen. Estoy segura que hemos comenzado una tradición de campamentos para las jóvenes en Mongolia”.

La Iglesia en Mongolia todavía está en pañales. No tienen Escrituras traducidas al mongol, ni manual de campamentos ni siquiera himnos en mongol, pero durante dos días en las estepas de Mongolia, disfrutaron de las creaciones de Dios, estudiaron el Evangelio juntas, llegaron a unirse y sintieron el Espíritu al compartir sus testimonios y su recién encontrada religión.

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