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Tu guía de supervivencia de nueve puntos para momentos difíciles

David Dickson Revista de la Iglesia

¡No te rindas! Se aproximan mejores días.

Que tu camisa nueva se rasgue accidentalmente o que pierdas tu tarea de matemáticas es una cosa, pero perder a un ser querido es algo muy distinto. Nosotros sabemos que las pruebas vienen en todas las formas, tamaños y grados de dificultad. Algunas son fáciles de superar, pero otras no tanto.

Aquí tienes algunos consejos para esos momentos cuando sientas que una prueba es más de lo que puedes soportar.

Niño orando

1. No te olvides de orar

“¿Con fervor orar pensaste al entristecer?”, (“¿Pensaste orar?”, Himnos, nro. 81). Nuestro Padre Celestial conoce cuando las cosas son difíciles para ti. Más importante aún, Él sabe cómo ayudarte a superarlas. Él está listo para escuchar en cualquier momento y lugar (véase Alma 34:19–27).

Jovencita con audífonos

2. Sé positivo, literalmente

Probablemente has escuchado un millón de veces las frase “piensa positivo” o “solo permanece positivo”. Aunque a veces es más fácil decirlo que hacerlo. Esta es otra manera de pensar en ser positivo.

En los edificios, a menudo ciertas habitaciones se las mantiene con “presión positiva”, lo cual significa que se bombea el aire en el cuarto para que cualquier abertura (como una puerta o ventana) ocasione que el aire fluya hacia fuera en vez de fluir hacia dentro. ¿Por qué hacer esto? Por ejemplo, en un hospital, a los pacientes se los mantiene en una habitación que tenga ventilación con presión positiva para hacer más difícil que la bacteria llevada por el aire o los químicos nocivos ingresen en aquel cuarto.

Tú podrías ser como aquella habitación. Si de manera constante estás vertiendo buenas cosas a tu mente, corazón y alma, cosas como el estudio de las Escrituras, música edificante o palabras de los profetas, llegas a estar tan lleno de confianza que hace mucho más difícil tener pensamientos negativos o circunstancias difíciles que te afecten. En esos días en que sea muy difícil sonreír, intenta dedicar diez minutos más a la lectura de las Escrituras. Continúa erigiendo esa presión positiva.

Manos que hacen corazones con los dedos

3. Cambia lo que puedas; no te preocupes de lo demás

Millones de personas en todas las religiones y de diferentes procedencias han hallado consuelo en la siguiente oración que con frecuencia se le llama la oración de la serenidad: “Dios, confiéreme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y sabiduría para saber la diferencia” (adaptado de la oración original por Reinhold Niebuhr; véase The Essential Reinhold Niebuhr: Selected Essays and Addresses, 1987, pág. 251).

Si algo realmente difícil ocurre, por ejemplo, de repente uno de tus mejores amigos se pone en contra tuya, quizás no sea posible cambiar como ella o él siente acerca de ti en ese momento o tal vez nunca pase, pero tú puedes cambiar otras cosas. De esa manera, puedes armonizar lo que piensas de aquel amigo(a) o cómo lo tratas, intenta encontrar un nuevo círculo de amigos o elige pasar más tiempo con tu familia. (Revisa “¿Cómo encuentro buenos amigos?, ¡Trato de ser gentil, pero ellos me rechazan!”).

Jovencito sentado cerca de un puente

4. Examina tu vida

Al hablar de cambiar lo que podemos, una de las primeras partes que examinamos es nuestras elecciones. Si no estamos obedeciendo los mandamientos, las pruebas pueden seguir.

El élder Richard G. Scott enseñó: “A lo largo de tu existencia, has visto las terribles consecuencias de las decisiones incorrectas de las personas, que las perjudican a ellas y muchas veces hacen daño a los demás… Pero cuando se examinan sinceramente, no son más que violaciones de los mandamientos de Dios que acarrean las consecuencias trágicas que, según Él ha advertido, seguirán a las transgresiones graves” (“La fuerza de la rectitud”, Liahona, enero de 1999, pág. 79). Recuerda: con la ayuda de Jesucristo, tú puedes arrepentirte y cambiar. (Revisa “Cómo cambiar”).

Esto es algo en qué pensar. La llegada de una prueba no significa necesariamente que hayas hecho algo malo. De hecho, con frecuencia no lo es. El élder Jörg Klebingat, de los Setenta, enseñó: “Algunas pruebas son fruto de nuestra desobediencia o negligencia; otras son causadas por la negligencia de los demás o simplemente porque este es un mundo caído. Cuando llegan las pruebas, los secuaces del adversario empiezan a anunciar que ustedes han cometido un error, que es un castigo, una señal de que su Padre Celestial no los ama. ¡Ignórenlo!” (“Acerquémonos al trono de Dios con confianza”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 36).

Sí, ignora esos mensajes. Arregla los asuntos cuando sea necesario, pero no permitas que el adversario te haga sentir culpable cuando no hayas hecho nada malo. Ya tienes mucho con qué lidiar.

Vasija con verduras

5. Cuida tu templo

Cuidar del cuerpo físico —como dormir lo suficiente, comer alimentos saludables y hacer ejercicio regularmente— te ayudará inmensamente cuando la vida se vuelva difícil. Por ejemplo, piensa en que es más fácil enfocarse en la escuela después de que has tenido una buena noche de descanso que cuando te quedas despierto hasta tarde. Si eso es verdad durante momentos en que la vida ocurre sin problemas, entonces, es aún más válido (e incluso más crucial) para cuidar de ti mismo cuando estés afrontando algo difícil. Al superar la dificultad, otórgate a ti mismo cada ventaja y no des lugar a las desventajas.

El presidente Russell M. Nelson, Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “El espíritu y el cuerpo, al juntarse, se convierten en un alma viviente de valor transcendental. En verdad, somos hijos de Dios física y espiritualmente” (“Somos hijos de Dios”, Liahona, enero de 1999, pág. 102).

Jovencita haciendo tiro con arco

6. Encuentra maneras de aliviar el estrés

En el deporte de tiro con arco, el arco que siempre tiene el cordel muy tenso, con el tiempo, pierde su elasticidad. El poder de un arco yace en su habilidad de regresar a su postura original después de haberse doblado, pero si siempre se encuentra en esa postura y bajo tensión, ese poder se desvanece e incluso puede desaparecer.

De la misma manera, no es saludable para nosotros permanecer en un estado constante de estrés. Debemos encontrar maneras para deshacernos de malos sentimientos, en especial durante momentos difíciles. (Revisa “5 maneras de calmar la ansiedad”).

Realiza algunas actividades que te ayuden a relajarte y, luego, planifica hacerlas con regularidad. Por ejemplo, cuando tienes muchas emociones juntas, casi siempre ayuda a pensar claramente el irte a caminar o trotar. Trata de hacer rompecabezas o tal vez aprender a tocar un instrumento, o escribir todos tus pensamientos en una hoja de papel y luego córtala en mil pedacitos. Cualquier cosa que funcione para ti, halla maneras saludables de deshacerte de emociones no deseadas para que tengas espacio para otras mejores. (Revisa “Sé fuerte, sé saludable, sé inteligente”).

Personas dándose un abrazo

7. No permanezcas solo; juntos se es más fuerte

Las Escrituras nos enseñan a llevar el yugo sobre nosotros con Cristo (véase Mateo 11:29) o, en otras palabras, permitir que Cristo nos fortalezca y tome parte de nuestra carga.

Lo mismo ocurre para las personas en tu vida que te quieren y les importas. Asegúrate de permitir a las personas que desean ayudarte que te ayuden, y haz lo mismo por ellas. Somos más fuertes cuando permanecemos juntos.

Muchachas mirando una tableta

8. Presta servicio a alguien más

A primera vista, pareciera que no tuviera sentido, pero cuando estamos pasando por momentos difíciles, una de las mejores maneras de elevar nuestro propio espíritu es por medio de elevar a alguien más; y no tienes que hacer algo grande o impresionante. Uno de los himnos lo expresa de manera hermosa: “Aun pequeños hechos, gozo pueden dar en el mundo triste, lleno de pesar”.

9. Busca la lección

Cuando cosas difíciles realmente ocurren en tu vida, no siempre es fácil encontrar algo positivo en lo cual estar contento. En especial en el momento. No obstante, cuando buscas con detenimiento, hay siempre algo que obtienes de cada desafío, incluso si es para aprender compasión para que puedas ayudar de mejor manera a otras personas que pasarán por pruebas similares en el futuro.

Jovencito caminando por la playa

En 2 Nefi 2:2, Lehi enseña a su hijo, Jacob: “… tú conoces la grandeza de Dios; y él consagrará tus aflicciones para tu provecho”.

¡No estás pasando por estas pruebas para no aprender nada! Esa misma prueba que es muy dolorosa ahora podría brindarte la fortaleza y la sabiduría que necesitas para hacer algo increíblemente importante en el futuro. De hecho, algo que no podrías haber hecho sin que esa prueba haya ocurrido en tu vida ahora.

Recuerda que Dios estará contigo en cada paso del camino. Así que continúa dando esos pasos, lo superarás junto con Él.

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