Saltar navegador principal

Lo más preguntado

Encuentra respuestas a preguntas sobre las normas de la Iglesia. Elige un tema de arriba para ver más.

  • ¿Qué pecados debo confesarle a mi obispo?

    “Las transgresiones serias, como las violaciones a la ley de castidad, pueden poner en peligro tu condición de miembro de la Iglesia; por lo tanto, debes confesar esos pecados tanto al Señor como a los representantes de Él en la Iglesia. Esto se hace bajo el cuidado del obispo o del presidente de rama y posiblemente del presidente de estaca o de misión, quienes sirven como atalayas y jueces en la Iglesia. Aunque sólo el Señor puede perdonar los pecados, estos líderes del sacerdocio tienen un papel vital en el proceso del arrepentimiento. Ellos guardarán tu confesión en forma confidencial y te ayudarán en el proceso del arrepentimiento. Se completamente honrado con ellos. Si sólo confiesas parcialmente, mencionando sólo errores menores, no podrás resolver una transgresión más seria que no se haya divulgado. Cuanto más pronto comiences el proceso, más pronto hallarás la paz y el gozo del milagro del perdón” (Leales a la Fe, págs. 21-22).

    Cerrar
  • ¿Qué significa quebrantar la ley de castidad?

    “Toda relación sexual fuera del matrimonio viola la ley de castidad y es peligrosa, tanto física como espiritualmente para los que se involucren en ella.

    “Uno de los Diez Mandamientos es el de no cometer adulterio, es decir, el acto sexual entre un hombre casado y una persona que no sea su esposa o entre una mujer casada y otra persona que no sea su esposo (véase Éxodo 20:14). El apóstol Pablo dijo que “la voluntad de Dios” es que nos “[apartemos] de fornicación”, que es el acto sexual entre una persona soltera y otra persona (1 Tesalonicenses 4:3). Los profetas de nuestros días condenan repetidamente estos pecados y la práctica inicua del abuso sexual.

    “Al igual que otras violaciones a la ley de castidad, la actividad homosexual es un pecado grave; es contraria a los propósitos de la sexualidad humana (véase Romanos 1:24–32). Distorsiona las relaciones amorosas y evita que las personas reciban las bendiciones que se hallan en la vida familiar y en las ordenanzas salvadoras del Evangelio.

    “El mero hecho de abstenerse del acto sexual fuera del matrimonio no es la única norma de pureza personal del Señor; el Señor requiere de Sus discípulos una alta norma moral, incluso la completa fidelidad al cónyuge, tanto en el pensamiento como en la conducta. En el Sermón del Monte, Él dijo: ‘Oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón’ (Mateo 5:27–28). En los últimos días, Él ha dicho: ‘No cometerás adulterio, ... ni harás ninguna cosa semejante’ (D. y C. 59:6). Y ha recalcado una y otra vez el principio que enseñó en el Sermón del Monte: “El que mira a una mujer para codiciarla, o si alguien comete adulterio en su corazón, no tendrá el Espíritu, sino que negará la fe y temerá” (D. y C. 63:16). Dichas advertencias se aplican a toda persona, sea casada o soltera” (Leales a la Fe, págs. 42–43).

    Cerrar
  • ¿Cómo puedo quitar de mi cabeza las palabras malas y los chistes sucios que oigo en la escuela?

    “La mente se puede comparar a un escenario”, dijo el presidente Boyd K. Packer. “El telón está levantado en todo momento en que estamos despiertos; siempre hay alguna obra llevándose a cabo en ese escenario.

    “¿Se han dado cuenta de que los pequeños pensamientos sombríos entran en escena desde los costados y captan su atención en medio de cualquier actuación en ese escenario y sin ninguna intención de parte de ustedes?… Si permiten que sigan adelante, todos los buenos pensamientos abandonarán el escenario. Se quedarán, por consentirlo, a la influencia de pensamientos impuros” (“Música digna, pensamientos dignos”, Liahona, abril de 2008, pág. 32).

    “¿Qué harán en una circunstancia tal cuando el escenario de la mente de ustedes esté invadido por impulsos de pensamientos sucios?… Permítanme sugerirles que escojan de entre la música sagrada de la Iglesia un himno de su preferencia. Tengo una razón para sugerirles que sea un himno Santos de los Últimos Días; un himno cuya letra sea edificante y su letra sea reverente. Seleccionen un himno que, al interpretarlo adecuadamente, les haga sentir algo parecido a la inspiración.

    “Luego repásenla en su mente cuidadosamente varias veces; memoricen la letra y la música. … Cada vez que encuentren actores sombríos infiltrándose en los pensamientos de ustedes sobre el escenario de su mente, piensen en ese himno. … Cambiará por completo su estado de ánimo en el escenario de la mente. Debido a que la música es limpia, edificante y reverente, los pensamientos viles se alejarán” (véase “Música digna, pensamientos dignos”, Liahona, abril de 2008, pág. 35).

    Cerrar
  • ¿Cuáles son los límites precisos de las demostraciones de afecto físico?

    Se nos ha enseñado un principio claro: “Determina ahora que fuera del matrimonio nunca harás nada para hacer surgir las poderosas emociones que sólo deben expresarse en el matrimonio. No excites esas emociones en el cuerpo de otra persona ni en tu propio cuerpo” (Leales a la fe, pág. 44).

    Asimismo, “si eres soltero y sales con una joven o si eres soltera y sales con un joven, trata con respeto a la otra persona. Nunca trates a la otra persona como si fuera un objeto que usas para satisfacer tus deseos lujuriosos. … No participes en conversaciones ni en actividades que despierten deseos sexuales. No te involucres en besuqueos apasionados, no te acuestes con otra persona ni encima de otra persona, no le toques las partes privadas y sagradas del cuerpo, ya sea con la ropa puesta o sin la ropa. No permitas que nadie te haga esas cosas a ti” (Leales a la fe, pág. 45).

    Cerrar
  • ¿Es correcto tener pareja formal en secundaria?

    En Para la Fortaleza de la Juventud se enseña: “Evita salir con frecuencia con la misma persona” (pág. 25). El presidente Gordon B. Hinckley aconsejó: “Mientras son jóvenes, no salgan con una sola señorita como novios. Cuando lleguen a la edad en que piensen en casarse, entonces podrán hacerlo. Pero ustedes, los jóvenes que están en la escuela secundaria, no deben hacerlo ni tampoco las jóvenes” (“Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional”, conferencia general de octubre de 1997).

    Cerrar
  • ¿Qué tiene de malo hacer trampas en la escuela?

    “Hacer trampas en la escuela es una forma de auto decepción. Vamos a la escuela para aprender. Nos engañamos a nosotros mismos cuando abusamos de los esfuerzos y erudición de otros” (James E. Faust, “Climb High,” New Era, junio de 1997, pág. 6).

    Cerrar
  • ¿Cómo puedo librarme del mal hábito de usar lenguaje indecente?

    Si has adquirido el hábito de usar malas palabras, puedes abandonarlo; lo primero que tienes que hacer es tomar la decisión de cambiar; y después ora para recibir ayuda. Si empiezas a usar palabras que sabes que son malas, quédate callado o callada o di de otra forma lo que tengas que decir” (Para la fortaleza de la juventud, pág. 23).

    Cerrar
  • ¿Qué mal puede haber en probar las drogas y el alcohol sólo una vez para ver qué efectos tienen?

    El élder Dallin H. Oaks compartió un relato sobre probar una sustancia dañina: “Hace unos años, uno de nuestros hijos me preguntó por qué no era bueno probar las bebidas alcohólicas y el tabaco para saber cómo eran; él conocía la Palabra de Sabiduría y sabía los efectos que tienen esas substancias en la salud, pero ponía en tela de juicio la razón por la cual no debía experimentar él mismo con ellas. Le contesté que sí tenía deseos de probar algo, fuera al establo y probara un poco de estiércol. Él exclamó con horror: ‘¡Ah, pero eso es asqueroso!’

    “‘Me alegro de que opines así’, le dije, ‘pero, ¿por qué no pruebas un poco sólo para experimentar tú mismo el sabor? Si piensas que está bien probar una cosa que sabes que no es buena para ti, ¿por qué no aplicar ese principio a otras cosas?’ Mi ilustración de la necedad de ‘probar uno mismo’ fue sumamente persuasiva para el muchacho de dieciséis” (Dallin h. Oaks, “El pecado y el sufrimiento”, Liahona, abril de 1994, pág. 32).

    Cerrar