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El lenguaje

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena.

Efesios 4:29

La forma en que te comunicas debe reflejar que tú eres un hijo o una hija de Dios. El lenguaje limpio e inteligente es evidencia de una mente brillante y sana. El buen lenguaje que edifica, que anima y que elogia a los demás invita al Espíritu a estar contigo. Nuestras palabras, como nuestras acciones, deben estar llenas de fe, esperanza y caridad.

Elige amistades que utilicen un buen lenguaje y ayuda a los demás a mejorarlo por medio de tu ejemplo. Ten la disposición de alejarte o de cambiar de tema con cortesía cuando los que te rodeen utilicen lenguaje inapropiado.

Sé amable y positivo(a) al hablar de los demás. Elige no insultar ni degradar a otras personas, ni siquiera en broma. Evita los chismes de cualquier clase, y evita hablar con enojo. Si te sientes tentado(a) a decir cosas duras o hirientes, no digas nada.

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Utiliza siempre el nombre de Dios y el de Jesucristo con reverencia y respeto; el hacer uso incorrecto de los nombres de la Deidad es un pecado. Cuando ores, dirígete a tu Padre Celestial en un lenguaje reverente y respetuoso. El Salvador utilizó ese lenguaje respetuoso en el Padrenuestro (véase Mateo 6:9–12).

No utilices lenguaje ni gestos profanos, vulgares o groseros, ni digas chistes ni cuentos sobre actos inmorales, ya que son ofensivos para Dios y para los demás.

Recuerda que estas normas del uso del lenguaje se aplican a todas las formas de comunicación, incluso en los mensajes de texto en un teléfono celular o al comunicarte por internet.

Si has adquirido el hábito de usar lenguaje que no está de acuerdo con esas normas, tales como decir malas palabras, las burlas, los chismes o el hablar con enojo a los demás, puedes cambiar. Ora pidiendo ayuda. Pide a tu familia y a tus amigos que te apoyen en tu deseo de utilizar un buen lenguaje.

¿Qué dicen de mí las palabras que digo?