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Los diezmos y las ofrendas

Traed todos los diezmos al alfolí… y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Malaquías 3:10

El decidir vivir la ley del diezmo será una gran bendición a lo largo de tu vida. El diezmo es una décima parte de tus ingresos. Para poder entrar al templo, debes pagar un diezmo íntegro.

El pago del diezmo es un privilegio sagrado. Al pagar el diezmo, demuestras gratitud por todo lo que Dios te ha dado y le devuelves una parte de lo que has recibido. El diezmo se utiliza para construir templos y centros de reuniones, para traducir y publicar las Escrituras, para realizar la obra misional y de historia familiar y, de otras formas, edificar el reino de Dios en la tierra.

Tu actitud es importante en el pago del diezmo. Págalo porque amas al Señor y tienes fe en Él; págalo de buena gana con un corazón agradecido; págalo en primer lugar, aun cuando pienses que no tienes el dinero suficiente para cubrir otras necesidades. El hacerlo te servirá para desarrollar mayor fe, vencer el egoísmo y ser más receptivo(a) al Espíritu.

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Cada año, fija una cita con tu obispo para el ajuste de diezmos; ésa es una reunión en la cual revisas tus contribuciones y declaras si has pagado un diezmo íntegro.

Obedece la ley del ayuno, ayunando una vez al mes si tu salud lo permite. El domingo de ayuno por lo general es el primer domingo del mes. La observancia debida del día de ayuno consiste en no comer ni beber durante dos comidas consecutivas y dar una generosa ofrenda de ayuno para ayudar en el cuidado de los necesitados. Ayuna con un propósito. Comienza y termina el ayuno con una oración, expresa gratitud y pide ayuda para las necesidades especiales que tú u otras personas puedan tener. Ayunar fortalecerá tu autodisciplina, te fortificará contra las tentaciones y traerá las bendiciones del Señor a tu vida.

Al obedecer la ley del diezmo y la del ayuno, el Señor te bendecirá tanto espiritual como temporalmente.

¿Me doy cuenta de que todo lo que tengo proviene del Señor?