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Principios de la enseñanza a los jóvenes

¿Cómo poner en práctica los principios de enseñar a la manera del Salvador? Éstas son algunas sugerencias sencillas. Si desea más información, consulte el Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.4 y 3.2.

Fortalecer a la familia

El hogar es el lugar ideal para que los jóvenes aprendan y vivan el Evangelio bajo la guía amorosa de padres rectos. Un hogar centrado en Cristo brinda a los jóvenes la mejor preparación para recibir las ordenanzas sagradas del Evangelio. (Véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 143–162.)

Por esa razón, las organizaciones auxiliares, las actividades y los programas de la Iglesia (incluso los libros Mi Deber a Dios y Progreso Personal, Para la Fortaleza de la Juventud y los materiales de los cursos de estudio para la juventud) existen para apoyar a los padres a ayudar a sus hijos e hijas a convertirse al evangelio de Jesucristo.

Prepararse espiritualmente

El Señor mandó: “No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla” (D. y C. 11:21). Parte de la preparación espiritual consiste en estudiar por sí mismo la doctrina que enseñará. El Espíritu le indicará lo que vaya a ser más relevante y útil para los jóvenes. Luego, al esforzarse por vivir lo que enseña, podrá testificar de la veracidad del Evangelio por propia experiencia. (Véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 12–20.)

Deliberar en consejo

Ayudar a los jóvenes a convertirse requiere de los esfuerzos combinados de los padres, líderes, consejeros y maestros, incluso de los maestros de seminario. Deliberen en consejo acerca de las necesidades de los jóvenes. Averigüe lo que están aprendiendo en el hogar, en la Iglesia y en seminario con el fin de edificar sobre ello a medida que enseñe. Juntos podrán crear una experiencia de aprendizaje mucho más poderosa para los jóvenes que si lo hicieran por separado.

Hay muchas oportunidades para que los padres, maestros, asesores y líderes se reúnan en consejo. Éstos son algunos de los ejemplos:

  • Reuniones de liderazgo, tales como los consejos de barrio o reuniones del comité del obispado para la juventud.
  • Reuniones breves e informales antes o después de las reuniones de la Iglesia.
  • Comunicaciones por teléfono o por correo electrónico.

Ministrar a los jóvenes

Enseñar a los jóvenes significa más que simplemente impartir información. La enseñanza cristiana implica guiar y motivar a los jóvenes en su empeño personal por vivir el Evangelio diariamente. Incluye tenderles una mano más allá de las actividades, las clases y las reuniones regulares.

Trate de amar a los jóvenes como nuestro Padre Celestial los ama. Él ve lo mejor en ellos; tiene paciencia a medida que ellos progresan; los anima aun cuando se debaten para hacer lo correcto y nunca se da por vencido. (Véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 33–43.)

Enseñar el Evangelio

En toda enseñanza del Evangelio, el Espíritu es el verdadero maestro. Si usted busca Su guía, Él tocará su corazón e inspirará a las personas a las que enseñe.

Una de las mejores maneras de invitar al Espíritu es hacer participar a los jóvenes en el análisis de las Escrituras y las enseñanzas más recientes de los profetas vivientes. La reseña de aprendizaje en línea le ayudará a encontrar los recursos más relevantes.

A menudo, los jóvenes tienen sus propias experiencias espirituales y puntos de vista para compartir. Pueden hacerlo en la noche de hogar, en las reuniones de clase o del quórum, en las actividades de la Mutual, como invitados en la Primaria, o sea, en muchos otros sitios formales e informales. Cuando comparten su testimonio con los demás, el Espíritu testifica y todos son edificados. (Véase La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 54–64.)