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Su objetivo

La Primera Presidencia ha enseñado que su objetivo como maestro de los jóvenes es ayudarles a convertirse al evangelio de Jesucristo.

El camino hacia la conversión es personal. La conversión no ocurre en una sola reunión, clase o actividad. En última instancia, los jóvenes se convierten al vivir diligentemente el Evangelio cada día, orar, estudiar las Escrituras, guardar los mandamientos, cumplir con los deberes del sacerdocio y demás, asistir al templo, prestar servicio a sus familiares y a los demás, y al compartir el Evangelio. Al hacer todo eso, los deseos, las actitudes y acciones de ellos comienzan a estar en armonía con la voluntad de nuestro Padre Celestial. Llegan a ser felices y a tener confianza, y se deleitan “para actuar... y no para que se actúe sobre ellos”(2 Nefi 2:26). Se esfuerzan por obedecer los susurros del Espíritu Santo, resistir la tentación, y “hacer muchas cosas [buenas] de su propia voluntad” (D. y C. 58:27). Llegan a ser “santo[s] por la expiación de Cristo”(Mosíah 3:19).

Todos nosotros somos conversos al aprender a andar en la senda del Evangelio por nosotros mismos. En su función, la manera en que usted sea amigable, anime y apoye a los jóvenes en su devoción espiritual personal, y la manera de enseñar y aprender con ellos en ambientes tanto formales como informales, les ayudará a permanecer en el sendero y a progresar hacia la conversión personal de toda la vida.