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Cuatro títulos

Hoy quisiera mencionar cuatro títulos que creo se aplican a todos los poseedores del sacerdocio alrededor del mundo; títulos que pueden ayudarnos a reconocer nuestras funciones individuales en el plan eterno de Dios y nuestro potencial como poseedores del sacerdocio en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Un título que nos caracteriza a todos de forma más fundamental es hijo de nuestro Padre celestial. No importa lo que seamos o lo que hagamos en la vida, no debemos olvidar nunca que somos literalmente hijos de Dios procreados en espíritu…

Nuestro Padre Celestial guía a Sus hijos y a menudo envía ayuda celestial invisible a quienes desean seguir al Salvador.

Eso nos lleva al siguiente título que todos tenemos en común: a todos los que tratan con empeño de seguir al Cristo se los llama Sus discípulos

No perdamos nunca de vista a nuestro Abogado y Redentor al caminar hacia Él, un paso imperfecto tras otro.

Hermanos, si en verdad seguimos a nuestro Señor Jesucristo, debemos adoptar un tercer título: el de sanador de almas. A quienes hemos sido ordenados al sacerdocio de Dios se nos llama para consolar y aliviar a nuestro hermano (Himnos, Nº 138)…

El cuarto título que todos compartimos nos lleva de vuelta al primero de la lista. Como hijos de nuestro Padre Celestial, somos herederos de todo lo que Él tiene…

No alcanzo a imaginar todo lo que abarca esa promesa; no obstante, sé sin duda que es grandiosa, es divina, es eterna y merece todos nuestro esfuerzo en esta vida.

Lee, ve o escucha el discurso completo.

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