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Tendamos una mano de amor

Cuando el obispo le pide a un joven que invite a su amigo a la Iglesia, él aprende que se requiere mucho más que un solo intento. En esta divertida representación de un desafío que enfrentan muchos, se nos recuerda que nunca dejemos de invitar a otras personas a aceptar el evangelio de Jesucristo. A veces quizá nos preguntemos: “¿De qué sirve tratar de reactivar a alguien? ¿Tendrá interés mi amigo(a) alguna vez?”. Si bien no siempre es fácil, nunca será imposible.

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