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¿Dónde está el pabellón?

En las profundidades de su aflicción en la cárcel de Liberty, el profeta José Smith exclamó: “Oh, Dios, ¿en dónde estás?, ¿y dónde está el pabellón que cubre tu morada oculta?” (D. y C. 121:1). Muchos de nosotros, en momentos de aflicción personal, sentimos que Dios está lejos de nosotros; El el pabellón que parece interceptar la ayuda divina no cubre a Dios; a veces nos cubre a nosotros. Dios nunca está oculto, pero a veces nosotros sí lo estamos, cubiertos por un pabellón de motivos que nos alejan de Dios y lo hacen parecer distante e inaccesible. Nuestros propios deseos, más bien que un sentimiento que indique “Hágase tu voluntad” (Mateo 6:10), crean el sentimiento de que un pabellón bloquea a Dios. No es que Él sea incapaz de vernos o comunicarse con nosotros, pero quizás nosotros no estemos dispuestos a escuchar ni a someternos a Su voluntad y a Su tiempo.

Nuestros sentimientos de separación de Dios disminuirán a medida que nos volvamos más como niños ante Él. Eso no es fácil en un mundo donde las opiniones de otros seres humanos pueden tener ese tipo de efecto en nuestros motivos. Sin embargo, nos ayudará a reconocer esta verdad: Dios está cerca de nosotros, pendiente de nosotros y nunca se esconde de Sus fieles hijos.

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