Una etapa de preparación

David B. Haight

Of the Quorum of the Twelve Apostles


David B. Haight
“Los años del Sacerdocio Aarónico son años fundamentales de preparación … valiosos años de la adolescencia para prepararse para la vida: voliosísimos años llenos de vividas e inolvidables experiencias espirituales.”

Doy gracias al Señor por la magnifica oportunidad de estar aquí con tantos poseedores del sacerdocio. Ruego que mis palabras sean apropiadas y que se oigan y se entiendan con claridad.

Algunos de ustedes acaban de cumplir los doce años de edad y son diáconos nuevecitos Muchos de ustedes tienen trece, catorce, dieciséis o más años. Deseo hablar especialmente a ustedes los del Sacerdocio Aarónico; si los demás desean escuchar, pueden hacerlo.

Algunos de ustedes acaban de celebrar su cumpleaños. Yo acabo de celebrar el mío: el número 85. Les ha gustado su fiesta de cumpleaños y a mí, la mía. A ustedes les acompañaron sus jóvenes amigos y a mí, mis viejos amigos. Hay una gran diferencia entre nosotros. He tenido setenta y tantos años mas de experiencia y aprendizaje que ustedes; he sido muy bendecido con una vida fascinante, activa y, espero, que también fructífera: toda una vida de presenciar el mundo en acción. He sufrido muchas desilusiones y pesares, pero siempre he tenido oportunidades, nuevos horizontes y bendiciones sin medida. También he aprendido importantes lecciones y verdades. Una de ellas, el lema Scout “Siempre listo” me ha resultado muy útil.

Me crié en un pueblecito rural de Idaho. El fútbol americano llegó a nuestra escuela secundaria mas tarde que a las demás. Era 1923. No teníamos ni equipo ni entrenador. Pero al fin llegó el gran día en que el director pudo comprar doce uniformes de fútbol baratos … pero no pudo comprar zapatos con clavos acodillados, por lo que usamos las zapatillas de básquetbol. Nombraron al profesor de química para que fuese nuestro entrenador porque una vez había visto un partido de verdad.

El nos enseñó unos pases sencillos y a atajar al adversario, y quedamos listos para jugar … o eso era lo que creíamos. Comenzamos nuestro primer juego con el equipo “Twin Falls”, campeón del Estado de Idaho del año anterior.

Nos vestimos y salimos al campo de juego para entrar en calor. La banda escolar del equipo contrario comenzó a tocar (había mas alumnos en esa banda que los que había en toda nuestra escuela). Entonces, comenzaron a salir al campo los del equipo de ellos … uno tras otro … treinta y nueve en total … bien equipados, hasta con zapatos con clavos acodillados. Los doce que éramos nosotros-el equipo de once mas un reemplazante-nos quedamos mirándoles asombrados.

¡El partido fue interesantísimo! Decir que fue todo un aprendizaje es poco. Después de sólo dos jugadas, ya ni siquiera aspirábamos a tener la pelota, así que la pateábamos y ellos marcaban los tantos. Cada vez que se apoderaban de la pelota, nos desconcertaban con los pases que hacían y, claro, marcaban tantos. Nuestro problema era librarnos de la pelota … dolía menos.

En los últimos minutos del juego se volvieron un tanto descuidados. De pronto, la pelota cayo en los brazos de Clifford Lee, que era el otro defensa aparte de mi. Se quedó petrificado de susto, sin saber a ciencia cierta que hacer … eso es, hasta que vio a los otros correr como bó1idos hacia el … entonces si supo que hacer: salió corriendo como loco y ya no para ganar puntos, ¡sino para salvar su vida! Clifford marcó un tanto, que son seis puntos: el resultado final … ¡106 a 6! En realidad, no merecíamos los seis puntos, pero como nos habían hecho polvo y nos caíamos de cansancio, los aceptamos de todos modos.

¿Que si fue un aprendizaje? ¡Ya lo creo que si! Una persona o un equipo tiene que estar preparado. El triunfo o el logro dependen de la preparación.

Los años del Sacerdocio Aarónico son años fundamentales de preparación. El Señor sabia que los hombres jóvenes necesitarían los valiosos años de la adolescencia para prepararse para la vida: valiosísimos años llenos de vividas e inolvidables experiencias espirituales. Tendrán que tomar importantes decisiones, pero ojalá aprovechen la madura experiencia y consejo de sus padres que los quieren y de sus lideres del sacerdocio, que se preocupan por ustedes.

En la segunda epístola de Timoteo, en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo se encuentra en la prisión, en un obscuro calabozo, en espera de que le ejecuten por su creencia en Jesucristo y por enseñar el evangelio. Derramando los sentimientos de su atribulada alma y su firme convicción, ruega en una carta que escribe a su joven y querido amigo Timoteo que sea fiel a las verdades que se le han enseñado, y añade: “… que avives el fuego del don de Dios que esta en ti por la imposición de mis manos”. Pablo había bendecido y ordenado personalmente a Timoteo y ahora le instaba a ser firme y a no avergonzarse de su testimonio de nuestro Señor pasara lo que pasara. (Véase 2 Timoteo 1:6.)

El apóstol Pablo era valiente y nunca titubeó en su testimonio de Jesús. Su fe y su determinación le llevaron de “hacedor de tiendas” a maestro, misionero, líder y organizador de congregaciones cristianas. Ciertamente no fue un cobarde ni un débil. Las personas de gran fe saben lo que es recto y lo hacen; poseen una firme determinación y dedicación y son capaces de resistir dificultades y aflicciones. Pablo sabía lo que era recto y justo y ustedes saben lo que es recto y justo. Si ustedes manifiestan valentía y hacen lo que saben es recto y justo, nada detendrá su progreso espiritual sino ustedes mismos.

“La resuelta dedicación es lo que hace realidad una promesa. Nuestras palabras denotan claramente nuestras intenciones; y … nuestros actos dicen mas que mil palabras. Es … el salir adelante repetidas veces, y año tras año. Eso es lo que forma el carácter” (publicado en una revista. Procedencia desconocida).

¡Ah! ¡Cuánto necesita este mundo dedicados, resueltos y valientes jóvenes-jóvenes de recta convicción-pata que curen sus heridas y enseñen la fe, la esperanza y la verdad! ¿De dónde saldrán esos jóvenes? Saldrán de entre los jóvenes y las jóvenes de esta Iglesia: de allí.

El Señor preguntó: “¿A que se os ordenó?” Y entonces contestó: “A predicar mi evangelio por el Espíritu, si, [a] enseñar la verdad” (D. y C. 50:13-14).

“Ustedes son hijos de Dios. Son los elegidos de Dios y tienen a su alcance la posibilidad de llegar a ser dioses, de pasar junto a los ángeles … hasta llegar a su exaltación”, tienen posibilidades que exceden la imaginación humana, y las promesas son divinas (The Teachings of Spencer W Kimball, Bookcraft, Inc., Salt Lake City, 1982, pág. 496).

Cuando se estaban poniendo los cimientos del Templo de Salt Lake, de casi cinco metros de espesor, el presidente Brigham Young descubrió que los trabajadores estaban usando piedra blanda. El trabajo se detuvo y se sacó la piedra blanda reemplazándola con enormes bloques de granito. El dijo: “Estamos construyendo este templo para que dure hasta el fin del Milenio” (Elder LeGrand Richards, “Laying a Foundation for the Millenium”, Conferencia General del 2 de octubre de 1971).

“Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno”, nos ha exhortado el Señor, “porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra …” (D. y C. 64:33).

Ustedes, los poseedores del Sacerdocio Aarónico, están poniendo las piedras de sus cimientos personales-piedras de granito-, los sólidos cimientos de su carácter, las cuales se espera duren para siempre. Esos cimientos deben comprender los principios que ha enseñado nuestro Salvador: la fe, la oración, la obediencia, la honradez, el anhelo de buscar la verdad y la responsabilidad de sus actos. Y, naturalmente, la piedra angular de sus cimientos será el sacerdocio: el poder y la autoridad de Dios delegados a ustedes para actuar en los asuntos que pertenecen a la salvación, con sus correspondientes obligaciones y bendiciones.

Son ustedes miembros de un quórum del sacerdocio con oficiales que son sus compañeros, y tienen deberes, poderes y responsabilidades. Es tan aprendiendo cuanto se esfuerzan los miembros de la Iglesia por rescatar y ayudar a los que se han ido alejando y a los que tienen pesares o se sienten ofendidos. Están comenzando a sentir la necesidad de prestar al prójimo el servicio cristiano que brinda regocijo al alma.

Dios nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo estimaron que José Smith tenia la edad suficiente a los catorce años para comenzar a instruirle en lo que originaria la extraordinaria obra de la restauración del Evangelio de Jesucristo. ¡El vio al Dios viviente! ¡Vio al Cristo viviente! A José se le confió una tarea celestial y el la llevó a cabo. Ustedes también tienen la edad suficiente para que se les confíen tareas cada vez mas importantes.

Ustedes, los varones del Sacerdocio Aarónico, tienen la edad suficiente para distinguir el bien del mal, para saber de Satanás y de su maligna influencia. Satanás es el nombre hebreo del diablo; quiere decir adversario: el que lucha abiertamente contra la verdad y contra los que obedecen los principios de la verdad. Satanás escogió el camino del mal desde el principio y su objetivo principal, como nos lo enseñan Moisés y Enoc, es lograr que los hombres le adoren. (Véase Moisés 1:12; 6:49.) En eso le ha ido muy bien. Como el dios de este mundo que dice ser, Satanás cuenta con la adoración de los que viven según la manera del mundo (véase D. y C. 95:13). Todas las formas de iniquidad, de maldad y rebelión contra los santos propósitos de Dios son del diablo. No obstante, somos puestos a prueba y debemos labrar nuestra salvación en la presencia del mal. Nefi enseñó: “Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas” (2 Nefi 2:11). Tenemos nuestro albedrío para escoger el bien y no el mal: lo bueno y no lo malo. El que exista el mal no significa que debamos participar de él. Es imposible hacer lo malo y sentirse contento.

Los miembros de la Iglesia sabemos que el tabaco, la cerveza y las bebidas alcohó1icas, en todas sus formas, han sido reprobados por el mundo de la medicina y la ciencia al igual que por Dios para el uso del hombre. Las leyes civiles que respaldan esto son generalmente débiles y es difícil hacerlas valer. Con el inspirado conocimiento que poseemos, el control eficaz de esos venenosos productos debe proceder de nosotros mismos.

Aunque el jugador profesional de fútbol americano Steve Young era el único mormón en su colegio en Connecticut, él ha dicho: “Nunca bebí alcohol, pese a la intensa coacción de mis compañeros” (San Francisco Chronicle, 23 de septiembre de 1991, pág. D3).

Ustedes tienen la edad suficiente para saber las graves consecuencias y la serie de detalles que llevan del beber cerveza a los licores fuertes … a la perdida de la claridad mental y, muchas veces, a accidentes automovilísticos, a la perdida del respeto y a la inmoralidad sexual.

Algunas jovencitas han declarado a la prensa y en la televisión que muchachos las han coaccionado sexualmente, amenazándolas con impopularidad si no cooperaban. No es posible que hayan estado refiriéndose a ustedes, no.

Ustedes, los hombres jóvenes, son los protectores de sus hermanas y de las chicas con que traten El deber de ustedes para con ellas, así como para con ustedes mismos es ser moralmente limpios y sexualmente puros delante del Señor. Películas y escenas de la televisión muchas veces dan a entender que la pureza moral esta pasada de moda y que no armoniza con el mundo moderno; pero los mandamientos grabados en la piedra con el dedo de Dios no han cambiado. El Señor mandó: “No … cometerás adulterio … ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6).

El mandamiento es claro, comprensible e inalterable.

Lucifer es listo y astuto y entiende bien de las debilidades humanas, y las aprovecha para destruirnos. Las emociones y las pasiones provienen de Dios y pueden dominarse.

Mi padre falleció cuando yo tenia sólo nueve años. De jovencito, muchas veces pensaba: “¿Qué pensaría mi padre de mi?” Y “¿Cómo podría jamas desilusionar a mi madre?” Ella me enseñó y creía en mi. Yo ya no era un niñito sino que me iba haciendo hombre, por lo que tenia que actuar como tal,

Es igual con ustedes. La gente buena cree en ustedes. Nosotros creemos en ustedes: sus padres, sus hermanos y hermanas creen en ustedes; y Dios espera lo mejor de ustedes. Ustedes tienen que creer en ustedes mismos.

No se den por vencidos cuando las cosas se presenten difíciles, porque están poniendo los cimientos de una gran obra. Esa gran obra es su vida, la realización de sus sueños. Nunca tengan en menos lo que pueden llegar a hacer ni cómo usaran algún día sus talentos.

No recuerdo ninguna ocasión en mi vida de jovencito en que haya tenido que pasar por el sufrimiento de tener que ablandar un par de zapatos nuevos, puesto que ya estaban ablandados por el uso para cuando me los daban.

Me dicen que algunos jóvenes piden no sólo un par de zapatos nuevos para la escuela, sino otros para la Iglesia y aun otros para los deportes: y no tan sólo cualquier calzado deportivo, sino que tienen que llevar el nombre de un diseñador famoso o ser los que avisan en la televisión. Los pantalones [vaqueros] tienen que ser marca “501” o “Guess” o “Calvin Klein”. ¿Han caído ustedes en la trampa de la coacción de sus compañeros que les exige una cierta apariencia para que les acojan en el grupo mas popular, tengan sus padres o no los recursos para tales exigencias?

¿Son los demás los que establecen las normas de ustedes: lo que deben usar, lo que deben hacer y lo que no [deben hacer]? Los jóvenes y las jóvenes que creen en Dios y que tienen normas y valores toman ellos mismos esas decisiones, dando el ejemplo a los demás. ¿Por que no somos nosotros, como Santos de los Ultimos Días-con nuestros elevados ideales-el ejemplo para los demás en lo que toca a establecer normas y criterios?

La marca de la ropa y de los zapatos que usen, así como los artefactos que sus padres no puedan costear, no tendrán ninguna trascendencia en lo que al fin lleguen ustedes a ser. Nuestros actos, nuestro proceder y nuestra actitud determinan nuestro carácter y nuestro futuro.

El mundo necesita de personas a las cuales admirar: personas como ustedes. Un líder nacional dijo: “Llega el momento en que debemos adoptar una posición firme, en que tenemos que trazar una línea en el suelo y decir: ‘Mas allá de esta línea, no pasaremos”’.

Su preparación debe comprender su conversión personal a las verdades del evangelio de esta obra: deben saber quien es nuestro Salvador y quienes son ustedes, y por que El les ha amado lo suficiente para hacer el sacrificio expiatorio por ustedes.

¿Les parece difícil? Les prometo que pueden llegar a saberlo, si tan solo lo desean, con humilde oración y concienzudo estudio de las Escrituras. El Señor ha enseñado: “Escudriñad las Escrituras … que dan testimonio de mí” (Juan 5:39; 3 Nefi 17:3).

La preparación constante de ustedes comprende ser dignos de recibir el Sacerdocio de Melquisedec, conservarse puros y honorables, y orar pidiendo fortaleza y valentía para resistir las malignas tentaciones que sin duda arremeten contra todo joven. Si cometen un error, hablen de ello de inmediato con su obispo. No permitan que los errores les dominen. Reemplacen un mal proceder con uno bueno … y háganlo sin tardanza.

Confío en que ya hayan hecho la promesa a ustedes mismos y a su Padre Celestial de que le servirán en una misión regular. El Señor necesita el servicio de ustedes, y ustedes necesitan las bendiciones inmensurables que resultan de ese servicio.

Doy testimonio de la veracidad de esta obra y de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el nombre de Jesucristo. Amen.