El testimonio que he dado es verdadero


El testimonio que he dado es verdadero

Aprendiendo de José

Unos cuatro años después de la Primera Visión, el ángel Moroni se apareció al joven José en varias ocasiones para hablarle del libro escrito en planchas de oro y prepararle para la obra que estaba por venir. Lucy Mack Smith habla de cómo su hijo profeta de dieciocho años compartió las maravillosas nuevas del Libro de Mormón y de la Restauración con la familia Smith.

Al atardecer… todos estábamos sentados y José empezó a hablarnos de las grandes y gloriosas cosas que Dios le había manifestado.

Procedió a relatarnos… los detalles de la obra para la que había sido escogido, y recibimos todo con gozo…

A partir de entonces, José siguió recibiendo instrucciones del Señor y nosotros seguimos reuniendo cada tarde a los niños a fin de escucharlo contar respecto a ellas. Supongo que nuestra familia tenía un aspecto más singular que cualquier otra que viviera sobre la faz de la tierra: todos sentados en círculo (el padre, la madre, los hijos y las hijas) prestando nuestra más profunda atención a un muchacho de dieciocho años que jamás había leído la Biblia en su totalidad, sino que parecía mucho menos inclinado al examen de los libros que el resto de nuestros hijos, aunque mucho más dado a la meditación y al estudio.

Era nuestra firme opinión que Dios estaba a punto de revelar algo en lo cual podíamos afianzar nuestras creencias, o sea, que Él nos daría un conocimiento más perfecto del plan de salvación y redención de la familia humana. Eso nos causó gran regocijo; la unidad y la felicidad más dulces prevalecieron en nuestro hogar y reinó entre nosotros una profunda calma.

Durante nuestras conversaciones vespertinas, a veces José nos proporcionaba algunas de las más asombrosas narraciones que se pudieran imaginar. Nos describía a los habitantes del antiguo continente [americano], sus ropas, sus medios para viajar, los animales que montaban, sus ciudades, edificios y de modo muy particular, su modo de guerrear, así como su adoración religiosa. Todo esto lo hacía con aparente sencillez, como si hubiera pasado toda la vida entre ellos.

El Testimonio de Una Madre

Al escribir sobre la traumática experiencia de ver a sus hijos José y Hyrum asesinados, Lucy Mack Smith compartió un ferviente y poderoso testimonio de la misión profética de José.

Una vez lavados y vestidos [el cuerpo de José y el de Hyrum] con sus mortajas, se nos permitió verlos. Había estado conteniendo los nervios, estimulando toda la energía de mi ser e invocando a Dios para que me fortaleciera, pero al entrar en el cuarto… fue demasiado y me eché atrás, gritando al Señor en la agonía de mi alma: “¡Dios mío, Dios mío, por qué has abandonado a esta familia!”. Una voz contestó: “Los he tomado para mí, para que pudieran descansar”…

Al contemplar sus rostros tranquilos y sonrientes, me pareció oírles decir: “Madre, no llore por nosotros; hemos vencido al mundo por medio del amor; les llevamos el Evangelio para que sus almas se pudieran salvar; pero nos mataron a causa de nuestro testimonio y así nos han puesto más allá de su poder. Su victoria es por un momento, nuestro triunfo es eterno”…

A esto añado que el testimonio que he dado es verdadero y lo será para siempre. Ése mismo será mi testimonio en el día de Dios Todopoderoso, cuando me presente ante ellos, aquellos de quienes he testificado, ante los ángeles y los espíritus de los justos hechos perfectos, ante los arcángeles y los serafines, los querubines y los dioses; allí donde la autoridad del hombre injusto menguará hasta convertirse en nada ante el Señor de señores y el Dios de dioses; donde la rectitud de los justos los exaltará en la balanza con la que Dios sopesa el corazón de los hombres.

Tomado de History of Joseph Smith, editado por Preston Nibley, 1958, págs. 82–83, 324–328.