Hablamos de Cristo

Arrepiéntete, vuélvete al Señor y sé sanado


“He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” (D. y C. 58:42).

Arrepiéntete, vuélvete al Señor y sé sanado

Hace poco, una buena y fiel mujer que conozco se lesionó gravemente en un accidente automovilístico. Entre otras cosas, se fracturó algunas costillas y vértebras. Como parte de su recuperación tuvo que usar un aparato ortopédico en la espalda y en el cuello para no moverlos. El aparato parecía muy incómodo, pero era necesario; le proporcionó el medio por el cual la espalda y el cuello pudieran sanar.

El arrepentimiento es como el aparato ortopédico. Cuando pecamos, lesionamos nuestra alma, por lo que es necesario un tratamiento divino para que sanemos. El arrepentimiento establece las condiciones que permiten, mediante el poder de la Expiación, que el Salvador nos sane (véase 3 Nefi 9:13). Si alguna parte del arrepentimiento no es muy cómoda —como el corsé ortopédico para una espalda fracturada— aún así tenemos que arrepentirnos.

El presidente Dieter F. Uchtdorf, segundo consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “El verdadero arrepentimiento nos lleva de nuevo a hacer lo correcto. Para arrepentirnos verdaderamente, debemos reconocer nuestros pecados y sentir remordimiento, o la tristeza que es según Dios, y confesar los pecados a Dios. Si nuestros pecados son graves, debemos también confesarlos a nuestro líder autorizado del sacerdocio. Debemos pedir a Dios que nos perdone y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para corregir cualquier daño que hayan causado nuestras acciones. El arrepentimiento significa un cambio en la mente y en el corazón; dejar de hacer lo incorrecto y comenzar a hacer lo correcto. Produce una actitud renovada hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia la vida en general” 1 .

Cuando completamos con éxito el proceso de arrepentimiento, el resultado es la sanación, el alivio y la felicidad. Dorothy J. R. White escribió:

Consideremos las lágrimas que caen al exterior,
pero lavan y limpian el interior 2 .

El Señor ruega con insistencia, amor y persuasión que nos arrepintamos, porque Él desea sanarnos. Él sufrió en cuerpo y espíritu para pagar el precio por nuestros pecados si nos arrepentimos. Él explica:

“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten;

“mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo;

“padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar.

“Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos para con los hijos de los hombres.

“Por lo que otra vez te mando que te arrepientas” (D. y C. 19:16–20).

Que nos arrepintamos ahora, nos volvamos al Señor y seamos sanados.

¿Cuáles son las bendiciones del arrepentimiento y del perdón?

  • El Espíritu Santo nos confirmará que se nos ha perdonado.

  • Dios quitará la carga de culpa por nuestros pecados.

  • Disfrutaremos de la influencia del Espíritu Santo en mayor abundancia.

Para más información sobre este tema, véase Ezequiel 33:15–16; Alma 12:33–34; 36:13, 17–20; y Boyd K. Packer, “La luminosa mañana del perdón”, Liahona, enero de 1996, págs. 20–23.

Las bendiciones del arrepentimiento

President Dieter F. Uchtdorf

“El pecado es la transgresión deliberada de la ley divina. La expiación de Jesucristo es el don que Dios da a Sus hijos para que corrijan y superen las consecuencias del pecado …

“El don de la expiación de Jesucristo nos proporciona, en todo momento y en todo lugar, las bendiciones del arrepentimiento y del perdón”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El punto de retorno seguro”, Liahona, May 2007, págs. 99, 101.

¿Por qué nos sana el arrepentimiento?

El élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, ayuda a contestar esta pregunta en su discurso de la conferencia general “Arrepen[tíos]… para que yo os sane” (Liahona, noviembre de 2009, págs. 40–43). El profeta Alma también nos ayuda a entender el arrepentimiento y la Expiación (véase Alma 42).

  1. 1.

    Nuestro arrepentimiento nos permite acceder a la expiación de Cristo y ser sanados. El padecimiento de Cristo en Getsemaní y en Gólgota expió los pecados de todos nosotros. Él tiene la habilidad de perdonar nuestros pecados y está deseoso de hacerlo.

  2. 2.

    Cuando pecamos, nos alejamos de Dios. Esto hiere nuestro espíritu.

  3. 3.

    Cuando nos arrepentimos, en cierto sentido “re-tornamos” a Dios; esto ayuda a que nuestro remordimiento se aplaque. El perdón también depura “nuestros corazones de toda culpa” (Alma 24:10), trae “paz de conciencia” (Mosíah 4:3) y de ese modo somos sanados.

Considere compartir con alguien su testimonio de las bendiciones que ha recibido como resultado del arrepentimiento.

El hijo pródigo regresó a su padre con humildad y dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:21). Su padre le dio la bienvenida de regreso a casa. Asimismo, nuestro Padre Celestial nos da la bienvenida cuando nos arrepentimos.

El regreso del hijo pródigo, por James Tissot

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    Notas

  1.   1.

    Dieter F. Uchtdorf, “El punto de retorno seguro”, Liahona, mayo de 2007, pág. 99–101.

  2.   2.

    Dorothy J. R. White, “Repentance,” Ensign, julio de 1996, pág. 27.