Hasta la próxima

La luz del Hijo


La luz nos ayuda a ver la verdad y a verla más claramente.

La luz del Hijo

Después de trabajar varios años en almacenes vendiendo ropa de hombre, llegué a ser experto en coordinar las camisas y corbatas con los trajes que vendía. Era gratificante escoger la combinación perfecta, y a mis clientes, por lo general les complacían las opciones que les presentaba.

Sin embargo, en una tienda en particular, los trajes se encontraban en una sección iluminada con luz fluorescente mientras que las camisas y las corbatas estaban bajo tubos incandescentes. La diferencia de luz resultó ser bastante problemática.

Con frecuencia sucedía que después de que el cliente había elegido uno o dos trajes, yo escogía un surtido de camisas y corbatas que me parecía que combinarían, pero, una vez que las llevaba de una sección a otra y las ponía junto a los trajes, el resultado era sorprendente: los colores “cambiaban” bajo la nueva luz y no combinaban para nada.

Llevar el traje a la sección donde estaban las camisas y las corbatas funcionaba mejor. Pero aún así, a veces los clientes se sentían confundidos pues notaban que los trajes que teníamos en las manos no se parecían a los que acababan de seleccionar. Un traje que bajo la luz fluorescente se veía verde oliva parecía gris, pardusco o marrón bajo la luz incandescente. Los trajes de color negro, gris oscuro y azul marino parecían pasar por una transformación similar.

Para resolver el problema, la mayoría de las veces llevaba a los clientes cerca de una puerta a fin de que miraran los conjuntos a la luz del día. Al verlos a la luz del sol, podíamos discernir con rapidez los colores reales y así escoger las opciones adecuadas.

En el mundo real, fuera de las tiendas, tenemos que tomar decisiones todos los días. A veces, las opciones se ven “descoloridas” por los preceptos de los hombres; otras se encuentran ensombrecidas por las tentaciones del mundo. Las opciones que se nos presenten no siempre parecerán correctas, o puede que estemos confundidos en cuanto a lo que es real y lo que no lo es. Tal vez nos preguntemos cómo discernir aquello que es verdadero.

He encontrado que la solución es mirar esas opciones con la luz, o el ejemplo, del Hijo, pues Él ha prometido: “…y [yo] también seré vuestra luz en el desierto; y prepararé el camino delante de vosotros, si es que guardáis mis mandamientos… y sabréis que yo soy el que os conduce” (1 Nefi 17:13; cursiva agregada).

El tratar de escoger con la luz verdadera nos ayudará a tomar las decisiones apropiadas para nuestra familia y para nosotros mismos; y al mirar hacia Dios mediante la guía del Espíritu Santo, no seremos engañados, sino que discerniremos el bien del mal (véase Moroni 7:16).

Al tomar la decisión de seguirle, nuestro amoroso Salvador aun ha prometido que compartirá Su luz con nosotros: “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto” (D. y C. 50:24).