De la debilidad a la fortaleza

Por Jacqueline N. Smith

Revistas de la Iglesia

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    ¿Cómo podía yo ser una líder de Mujeres Jóvenes cuando yo misma acababa de salir del programa?

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    No hacía un año que había salido del programa de Mujeres Jóvenes cuando el obispado me llamó para ser la asistente de la directora de campamento de Mujeres Jóvenes, supervisando a 12 Abejitas de primer año. Acepté a regañadientes.

    En mi mente, las líderes debían ser mujeres, y yo me veía a mí misma como una niña todavía. Podía llevar un portapapeles, tener mi propia copia del horario de actividades, e incluso dormir en la tienda de las líderes, pero dentro de mí no podía imaginar que yo les pudiera enseñar nada.

    Recuerdo orar fervientemente a mi Padre Celestial pidiéndole ayuda para cumplir con mi llamamiento. Vi mi edad y mi falta de experiencia de liderazgo como una debilidad; pero mi verdadera debilidad era una falta de fe en lo que Dios podía hacer de mí.

    Al marcharnos al campamento, el Padre Celestial me ayudó a darme cuenta de que no importaba si yo pensaba que no era lo suficientemente mayor. En realidad, estas chicas me escucharon porque yo era tan joven; podía entenderlas y nos la pasamos muy bien. También me di cuenta de que, si bien no había tenido mucha experiencia de liderazgo, todavía tenía mucho que enseñarles acerca del campamento y de los valores de las Mujeres Jóvenes, ideas que seguían frescas en mi mente por haber asistido al campamento solo un año antes.

    El Señor enseñó que “si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; … porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos”(Éter 12:27). Él pudo tomar mi edad y falta de experiencia—mi debilidad—y convertirla en ideas divertidas y nuevas—una fortaleza. La clave está en pedir con humildad ayuda al Padre Celestial y tener fe en lo que Él puede hacer de nosotros.