2006
Aceptación del desafío
Diciembre de 2006


Aceptación del desafío

Hace un año, los miembros de la Iglesia de todo el mundo terminaron la lectura del Libro de Mormón como respuesta al desafío que el presidente Gordon B. Hinckley les extendió en agosto de 2005. En la sede de las revistas de la Iglesia se recibió un volumen excepcional de cartas con testimonios, experiencias y expresiones de gratitud por parte de las personas que aceptaron el desafío. Algunas de ellas siguen a continuación.

Cómo lo hicimos

“Debe de haber ocurrido algo maravilloso al pueblo de esta Iglesia. Se les ha observado leyendo el Libro de Mormón mientras viajan en autobús, al tomar el almuerzo, en la sala de espera del médico y en muchas situaciones más. Confío en que nos hayamos acercado más a Dios como consecuencia de haber leído este libro” (Gordon B. Hinckley, “Buscad el reino de Dios”, Liahona, mayo 2006, pág. 83).

Cada tarde a las 7 en punto. Mi esposa, mis dos hijas y yo leíamos juntos cada tarde a las 7 en punto. Si por casualidad alguien estaba de visita, le pedíamos que leyera con nosotros. La lectura en sí constituyó una gran bendición, pero nuestras hijas (de 12 y 13 años) también aumentaron su capacidad para leer y todos aprendimos a establecer prioridades, disciplinarnos y gestionar el tiempo. Entendimos más acerca de tener una casa de orden. Como familia, percibimos un mayor amor y más unidad en nuestro hogar. B. Akanit Sapprasert, Pakkret, Tailandia

Más cerca del cielo. Soy azafata (auxiliar de vuelo) y me resultó inspirador caminar por la cabina y ver a personas que leían el Libro de Mormón. Después de atender a todos los pasajeros, trataba de hallar tiempo suficiente para leer un capítulo o dos y me reté a mí misma a anotar al menos una cosa que aprendiera cada día. Suelo trabajar en los vuelos matutinos, así que por lo general estaba en el aire y leyendo antes de la salida del sol. Descubrí que había algo especial respecto a leer mientras me sentía cerca del cielo. Emily Bryn Arnell, Farmington, Utah, E.U.A.

Escrituras de audio. Al ir y volver del trabajo en el auto, suelo encender la radio para oír las noticias y a los comentaristas; pero durante los cuatro últimos meses de 2005 escuché el Libro de Mormón en disco compacto. Terminé los últimos capítulos de Moroni en mi despacho de casa el 29 de diciembre de 2005. Después de esa gran experiencia, siento un amor mucho más grande por el Libro de Mormón. Arturo Maldonado, Los Ángeles, California, E.U.A.

Cubos de pintura y hurtos. Llevamos una vida ajetreada y nos costaba leer todos los días. Finalmente decidimos que íbamos a leer a pesar de las circunstancias y nos encontramos leyendo en lugares poco frecuentes: sentados en cubos de pintura mientras trabajábamos en nuestro proyecto de remodelación o alrededor de una hoguera en el patio trasero. Nos preguntábamos si a veces nuestro hijito de cuatro años prestaba atención a la lectura, hasta que cierto día, cuando le preguntamos por qué su cuarto estaba tan desordenado, nos respondió: “¡Alguien ha estado hurtando ahí dentro!”. Familia Buxton, West Point, Utah, E.U.A.

Completamos la lámina. Mi esposo, nuestros tres hijos y yo decidimos leer el Libro de Mormón individualmente. Recortamos en cinco partes una lámina de un antiguo profeta que sostenía las planchas y cada uno fue responsable de completar la lámina al terminar la lectura. Nuestro hijo más pequeño aún no lee, por lo que leí con él un libro de relatos ilustrados del Libro de Mormón.

Uno a uno fuimos terminando la lectura y comenzamos a orar por los que aún se esforzaban por cumplir con el desafío. Todos acabamos cerca del final del año y, al seguir al profeta viviente, demostramos nuestro aprecio por las palabras de los profetas de la antigüedad. Cinara Lilian Leão Machado, São Carlos, Brasil

Leí en voz alta. Leí en voz alta para una querida amiga de 91 años que vive en una casita próxima a la mía. Mientras leíamos, nos deteníamos y comentábamos sobre cómo aplicar las enseñanzas a nuestra vida. Siempre consideraré ésta como una de las experiencias más valiosas de mi vida. En ocasiones el Espíritu era tan intenso que se me llenaban los ojos de lágrimas. Me siento agradecida por un profeta sabio e inspirado que nos extendió este desafío. Sylvia Willis, Hampstead, Carolina del Norte, E.U.A.

Viajamos al trabajo con el Libro de Mormón. Mi prometido y yo íbamos muy lentos en el estudio del Libro de Mormón, pero después de enterarnos del desafío nos interesamos en cumplir con él. Ambos tomamos el tren para ir al trabajo y durante los viajes lograba dejar atrás las cosas del mundo. Cuando varios viajeros se interesaron por lo que estaba haciendo, compartí mi testimonio y les entregué tarjetas de obsequio. Sé que el Libro de Mormón puede transformar nuestra vida para bien. Luciana Martins, São Paulo, Brasil

Algo mío. Había leído el Libro de Mormón muchas veces y decidí que había llegado el momento de hacerlo de manera diferente. Ya había guardado el Libro de Mormón en mi computadora y coloreado los versículos de acuerdo con los temas que se recalcan repetidas veces. Lo hice de nuevo, pero esta vez marcando en negrita aquellos versículos que explicaran principios que fueran importantes para mí y en cursiva los que me interesaran por razones históricas o de otra índole. Además, inserté notas y referencias que aportaran un antecedente útil.

Durante el transcurso de mi estudio, recibí muchas impresiones y las inserté como si fueran notas. Con el paso de los meses, esas notas fueron aumentando; muchas de ellas se aplicaban a situaciones de mi propia vida, a las de mi familia y a mis asignaciones en la Iglesia. Muchas personas han escrito sobre el Libro de Mormón, pero este conjunto de anotaciones personales me ayudó a que el Libro de Mormón fuera mío. La copia que imprimí está adaptada a mis propias necesidades y a las de mi familia. Jon M. Taylor, Bountiful, Utah, E.U.A.

Lo que el libro hizo por nosotros

“El año pasado pedí a los miembros de la Iglesia de todo el mundo que leyeran de nuevo el Libro de Mormón. Miles, incluso cientos de miles de personas respondieron a ese desafío. El profeta José dijo en 1841: ‘Declaré a los hermanos que el Libro de Mormón [es]el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro’ ” (Gordon B. Hinckley, “Buscad el reino de Dios”, Liahona, mayo de 2006, págs. 82–83).

El don del tiempo. Cuando leí sobre el desafío, de inmediato me justifiqué diciendo que estaba demasiado ocupada para siquiera intentarlo. Cuando más adelante comencé a leer, no dejaba de recordarme que, si no lograba terminar a tiempo, siempre podía decir que había estado muy ajetreada. Pero entonces sucedió algo asombroso. Los días que leía, el tiempo parecía detenerse, dándome la oportunidad de cumplir con todo lo que tenía que hacer. Esa bendición fue el remedio para mi atareada vida. Logré pasar más tiempo con mi familia y en mi llamamiento de la Iglesia a la vez que podía hacer todo lo necesario en mi trabajo. Me di cuenta de que nuestro Padre Celestial nos dará aquello que necesitemos si lo ponemos a Él en primer lugar. Julie Major, Nibley, Utah, E.U.A.

Paz y perdón. A principios de 2005 mi esposo llevó a dos hombres en su auto; pero al volver a casa, descubrió que le faltaba el sapelu (machete). Eso le dolió mucho; acababa de hacer una buena acción y así era cómo se le pagaba. Ese incidente le molestó tanto que tenía dificultades para hallar paz.

Varios meses después, al despertarnos descubrimos que alguien había entrado en casa. Peor aún, los ladrones habían estado en los cuartos de nuestros hijos mientras dormían. Estaba enojada y pensé: “¡Si mi esposo se enfadó tanto por un machete, ahora se volverá completamente loco!”. Pero en él se percibía un espíritu de paz que nos contagió a todos los demás. Manifestó gratitud porque nadie hubiera resultado herido y su deseo de que las personas que nos habían robado emplearan nuestras pertenencias para mejorar sus vidas.

Me quedé sin habla por el cambio. ¿Por qué no podía yo sentir esa misma paz? Entonces me di cuenta: mientras yo había estado “demasiado atareada” para comenzar a leer, mi esposo estaba profundamente absorto en la lectura del Libro de Mormón. Kathleen Arp, Pesega, Samoa

Una familia eterna. Mi familia y yo somos conversos. Mi padre se bautizó en el año 2000 y aunque había asistido a varias clases de preparación para el templo, vacilaba en ir a la casa del Señor. Entonces, mi familia aceptó el desafío del presidente Hinckley de leer el Libro de Mormón, algo que personalmente creo que nos preparó espiritualmente para poder recibir las bendiciones del templo. En octubre, un miembro del sumo consejo le dijo a mi padre con firmeza, pero con mucha alegría, que debía fijar una fecha para recibir su investidura y sellarnos como familia. Mi padre accedió y desde entonces todo fue encajando. Mi padre fue al templo a finales de octubre y nos sellamos el 19 de noviembre. Llevábamos años aguardando a ir al templo, pero al leer el Libro de Mormón con diligencia, el Señor nos preparó el camino para que entráramos en Su casa y nos selláramos por la eternidad. Danielle Crane, Sandy, Utah, E.U.A.

Pequeñas y sencillas. Acepté el desafío, pero no hubo grandes milagros, tan sólo cosas pequeñas y sencillas. En los momentos difíciles, sentí la tierna guía del Espíritu Santo. Mark Vader, Riverton, Utah, E.U.A.

¿Es realmente para nosotros? Francamente, creí que el presidente Hinckley se dirigía a las personas que no lo estaban leyendo. Después de todo, efectuábamos nuestro estudio de las Escrituras cada noche, hacíamos la noche de hogar, llevábamos a cabo los consejos familiares y orábamos juntos. Creíamos que simplemente podíamos seguir con la rutina de leer algunos versículos cada noche.

Pocos días después, caí en la cuenta: ¿Un profeta del Señor nos ha pedido que terminemos de leer el Libro de Mormón para finales de año y yo voy a hacer caso omiso de sus palabras? Esa misma noche nos reunimos como familia y me quedé sorprendido por el rotundo “sí” que recibí en respuesta al compromiso de cumplir con la meta. Les dije a los niños que tendríamos que leer durante las vacaciones, los cumpleaños y las noches que se sintieran cansados. “No importa”, fue la respuesta.

El espíritu de este gran libro no tardó en apoderarse de nosotros. Empezamos a entender los principios del Evangelio y a comunicarnos más como familia. Mi esposa y yo sentimos cómo se fortalecía nuestro testimonio y oí a nuestros hijos explicar relatos de las Escrituras como si hubieran servido en una misión y enseñado el Evangelio durante años. Aceptar el desafío cambió nuestras vidas para siempre. Shawn O’Leary, Poulsbo, Washington, E.U.A.

Observaciones para otras personas. Acepté el desafío y después de leer Mosíah 18, no podía dejar de pensar en el capítulo. Unos dos días más tarde me senté con un nuevo miembro (en aquel entonces yo servía como presidente de rama). Aquel hermano quería saber de nuevo por qué tenía que bautizarse en la Iglesia cuando ya se había bautizado anteriormente en otra. Sin dudarlo, abrí el Libro de Mormón en Mosíah y le pedí que leyera el capítulo 18. Cuando terminó, ambos permanecimos en silencio durante un rato. Entonces el hermano me confió que había sentido el impulso de aconsejarse conmigo. Incliné la cabeza en silencio y di gracias a mi Padre Celestial por el don de tener un profeta y su desafío de releer el Libro de Mormón. Akingbade A. Ojo, Ijebu-Ode, Nigeria

Bendiciones a nuestro alcance. Mi vida comenzó a cambiar tan pronto como empecé la lectura del Libro de Mormón. Me despertaba para orar a mi Padre Celestial y decirle lo agradecida que estaba por las bendiciones de conocerle, por el plan de salvación y el Evangelio restaurado. Sé que llegué a este punto porque acepté el desafío de nuestro profeta, que sabía de las muchas bendiciones que recibiríamos si le prestábamos atención y le obedecíamos.

Mi experiencia me planteó preguntas: ¿Por qué se nos tuvo que dar ese desafío? ¿Cuánto tiempo nos llevará darnos cuenta de que esas bendiciones están siempre a nuestro alcance si tan sólo leemos el Libro de Mormón cada día? Angela Broderick, Merthyr Tydfil, Gales

“Sin reservas les prometo que, si cada uno de ustedes sigue ese sencillo programa [de leer o releer el Libro de Mormón para finales de año], sin tener en cuenta cuántas veces hayan leído antes el Libro de Mormón, recibirán personalmente y en su hogar una porción mayor del Espíritu del Señor, se fortalecerá su resolución de obedecer los mandamientos de Dios y tendrán un testimonio más fuerte de la realidad viviente del Hijo de Dios”.

Presidente Gordon B. Hinckley, “Un testimonio vibrante y verdadero”, Liahona, agosto de 2005, pág. 6.

Algo maravilloso: testimonios de las bendiciones

Una porción mayor del Espíritu del Señor

Cuando necesitaba la guía del Espíritu Santo, la recibía. Me fue más fácil acudir a mi Padre Celestial para hallar consejo; y cuando se presentaba la ocasión, compartí el Evangelio con más confianza. Sarah Berthier, Dijon, Francia

Cada mañana pedía que el Espíritu Santo fuera mi compañero para que iluminara mi mente. Se produjo un milagro: en el Libro de Mormón se me revelaron nuevamente las verdades del Evangelio. Recibí respuestas a preguntas que había tenido por años. Tatyana Vyshemirskaya, Krim, Ucrania

Logré sentir una porción mayor del Espíritu durante el día y sentí una paz interior que se reflejó en mi relación con mi familia. Libia Zulema Luna de Rubio, León, México

Una resolución más fuerte de obedecer sus mandamientos

Una bendición sin precedentes de fortaleza espiritual me ayudó a dar pasos agigantados para vencer mis debilidades. Es una bendición tan grande y que me hace sentir tan humilde, que sé que no hay mejor manera de comenzar y de terminar el día que con las Escrituras. Michael B. Clark, Syracuse, Utah, E.U.A.

Hemos sido bendecidos con el deseo de efectuar la noche de hogar con regularidad, orar por la mañana y por la noche y, por supuesto, estudiar las Escrituras. El estudio constante de las Escrituras me hace desear los frutos del Espíritu. Leslie Quinn, Idaho Falls, Idaho, E.U.A.

Pasé de leer las palabras impresas a meditarlas, a expresarlas cada día, a vivirlas, a escribirlas en mi corazón y, por último, a hacer que formen parte indeleble de mi alma. C. E. Tapie Rohm Jr., San Bernardino, California, E.U.A.

Un testimonio más fuerte de la realidad viviente del Hijo de Dios.

Como ahora dedicaba más tiempo a estudiar, logré entender mejor que nunca la relación que hay entre los varios pasajes. Verdaderamente, el Libro de Mormón está repleto de testimonios de Jesucristo. Gracias al Espíritu que sentí, aumentó mi propio testimonio de mi Redentor. Dagmar Leiß, Hamburgo, Alemania

Al leer el Libro de Mormón: Otro testamento de Jesucristo, obtuve un conocimiento más perfecto del que será mi Abogado cuando me presente ante Dios. Me siento agradecido por haber encontrado Su Evangelio restaurado. Horacio Chemin, Rawson, Argentina

Cuando llegué a 3 Nefi, me di cuenta de que pensaba más a menudo en Jesucristo. Pensaba en lo que pensaría mi Salvador de lo que estaba leyendo o haciendo. Los pensamientos de Él llegaron como un presente y empecé a entender cómo podría “recordarle siempre”. Alice M. John, Ogden, Utah, E.U.A.