Presidente Henry B. Eyring Segundo Consejero de la Primera Presidencia
    Notas al pie de página

    Presidente Henry B. Eyring
    Segundo Consejero de la Primera Presidencia

    Al reflexionar acerca de la trayectoria inesperada que tomó su vida, el presidente Henry Bennion Eyring sonríe ante el conocimiento de que Dios puede hacer milagros en la vida de Sus hijos, a pesar de los temores y sentimientos de ineptitud que ellos puedan tener.

    Al meditar sobre lo que llama la “trascendental responsabilidad” que recibió junto con su llamamiento de prestar servicio en la Primera Presidencia, él obtiene fortaleza de ese conocimiento. El presidente Eyring ocupa la vacante que se creó el 10 de agosto de 2007 con el fallecimiento del presidente James E. Faust.

    Aun cuando siente una gran ilusión de aumentar su relación con el presidente Gordon B. Hinckley y con el presidente Thomas S. Monson, él extraña mucho al presidente Faust.

    “Trato de no pensar en ocupar el lugar del presidente Faust, ya que eso es imposible”, dice. “Él fue un Segundo Consejero preparado y consumado de la Primera Presidencia, que poseía dones especiales”.

    El 6 de octubre, en la conferencia de prensa que siguió al anuncio de su llamamiento, el presidente Eyring relató cómo el presidente Faust lo había llamado a su oficina poco después de haber recibido su llamamiento al Quórum de los Doce Apóstoles, el 1 de abril de 1995. En lugar de ofrecerme el aliento esperado, el presidente Faust señaló hacia el cielo y sonriendo dijo: “No te dirijas a mí, dirígete a Él”. El presidente Eyring explicó: “En lugar de tratar de resolver todos mis problemas, me envió a hablar con Dios. Él tenía el don de ser sensible y bondadoso; el amigo más querido y el mejor mentor que se pueda tener”.

    Al expresar agradecimiento al Señor por Su confianza y al presidente Hinckley por la suya, el presidente Eyring dijo: “Es una excelente… oportunidad la de prestar servicio con personas que amo y a quienes sostengo como profetas, videntes y reveladores, y como apóstoles verdaderos del Señor Jesucristo”.

    Al reconocer la mano de apoyo del Señor, agregó: “El presidente Hinckley dice siempre: ‘Las cosas van a salir bien’. Yo también poseo esa fe, incluso al afrontar esta grandiosa responsabilidad”.

    Henry B. Eyring, que nació el 31 de mayo de 1933, in Princeton, Nueva Jersey fue el segundo de los tres hijos de Henry Eyring y de su esposa Mildred Bennion. Su padre, un mundialmente renombrado químico, alentó a sus hijos a seguir carreras relacionadas con la ciencia. El presidente Eyring terminó sus estudios universitarios en física, pero luego de prestar servicio dos años en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, se matriculó en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Harvard donde obtuvo licenciaturas avanzadas en administración de empresas.

    Durante el verano de 1961 en Harvard, conoció a Kathleen Johnson, que se encontraba en Boston para asistir a las clases de verano. Ellos salieron juntos ese verano y después que ella regresó a su casa en California, se mantuvieron en contacto por correspondencia, y finalmente, en julio 1962, contrajeron matrimonio en el Templo de Logan, Utah. Ese mismo año, el presidente Eyring comenzó a enseñar como profesor ayudante de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Stanford de Graduados, donde enseñó desde 1962 a 1971.

    El presidente Eyring describe a su esposa como “la persona que siempre le hace desear ser lo mejor posible”. Ese rasgo de personalidad se manifestó una vez en medio de una noche del año 1971 cuando ella despertó a su esposo y le preguntó: “¿Estás seguro que estás haciendo lo correcto con el curso que sigue tu vida?”. Después le preguntó si no debería estar trabajando con Neal A. Maxwell, en ese entonces Comisionado del Sistema Educativo de la Iglesia.

    El presidente Eyring disfrutaba enseñando en Stanford, estando cerca de la familia de su esposa y prestando servicio como obispo del Barrio Stanford 1, aún así comenzó a orar acerca de la pregunta que le había hecho su esposa. El matrimonio Eyring no conocía al comisionado Maxwell, pero a los pocos días él llamó e invitó al presidente Eyring a ir a Salt Lake City, donde le ofreció el puesto de rector del Colegio Universitario Ricks, ahora BYU–Idaho. Él aceptó el ofrecimiento y poco después se mudó con su familia —la cual en la actualidad está compuesta de 4 hijos varones, dos mujeres y 25 nietos— a Rexburg, Idaho.

    Seis años más tarde, pasó a ser Comisionado Auxiliar del Sistema Educativo de la Iglesia y Comisionado tres años después, donde prestó servicio hasta su llamamiento, en abril de 1985, como Primer Consejero del Obispado Presidente. En septiembre de 1992, fue nuevamente llamado como Comisionado del SEI, al mismo tiempo que prestaba servicio en el Primer Quórum de los Setenta, al que fue llamado un mes después.

    El presidente Eyring, a quien se conoce por sus sinceros sermones y su amoroso espíritu, dijo que sus 12 años de servicio en el Quórum de los Doce Apóstoles le habían enseñado una importante lección acerca de socorrer a los hijos del Padre Celestial.

    “En virtud de la experiencia que adquirí con los Doce, he obtenido una mayor seguridad de que si sencillamente nos unimos a los deseos de nuestro Padre Celestial y del Salvador, nos iría mucho mejor que hasta ahora”, dijo. “Por nuestro intermedio, Dios influiría en las personas más eficazmente de lo que podríamos esperar y haría que nuestra vida fuese mucho mejor de lo que pudiéramos imaginarnos”.

    A pesar de nuestros temores y nuestras ineptitudes, agregó, el Padre Celestial nos guiará. “Si siguen adelante con fe y son humildes, oirán Su voz”, dijo.