2011
Bendiciones del templo ahora y por la eternidad
Septiembre de 2011


Hasta la próxima

Bendiciones del templo ahora y por la eternidad

Mi comprensión en cuanto a las bendiciones del templo ha crecido a medida que mi necesidad de ellas ha aumentado.

Recuerdo haber visto ilustraciones del templo desde que era muy pequeña. Aunque era muy chica para comprender las bendiciones del templo, sabía que quería ir allí algún día. Cuando estaba en las Mujeres Jóvenes, comencé a entender las bendiciones que obtendría en el templo. En esa época, mi familia era menos activa y yo oraba todos los días para que pudiéramos ser sellados como familia eterna.

En el otoño de 1993, dos semanas antes de que yo cumpliera los 18 años, mi familia fue al templo. Recuerdo el sentimiento que tenía en el Templo de Provo, Utah, al unirnos como familia eterna con mis padres y hermanos. Al salir del templo ese día, pensé que comprendía las bendiciones que había recibido.

Dos años más tarde, en el verano de 1995, estaba comprometida para casarme y fui al templo para recibir mi investidura. ¡Qué maravilloso fue recibir otra bendición del templo! Tres días después de recibir la investidura me sellé a mi esposo por el tiempo de esta vida y por toda la eternidad en el Templo de Manti, Utah. Reconocí otra bendición que no había recibido antes: mi esposo y yo podíamos ser una familia eterna. Una vez más, pensé que había obtenido todas las bendiciones del templo.

Después de seis años de casados, nos enteramos de que nuestra familia se iba a agrandar. Estábamos muy entusiasmados por criar a nuestro hijo y enseñarle el Evangelio; pero, a las 24 semanas del embarazo, nuestro hijito nació luchando por sobrevivir. Después de sólo ocho semanas regresó al Padre Celestial. Al sostenerlo en los brazos por última vez, reconocí otra bendición maravillosa del templo: nuestro hijo había nacido en el convenio y sería nuestro para siempre.

Dieciocho meses después de que murió nuestro hijo, recibimos una llamada de los Servicios para la Familia SUD y nos dijeron que una joven había decidido darnos a su bebé en adopción. Sabiendo que no podíamos tener más hijos biológicos, estábamos sumamente felices.

Cuando nuestra niña tenía seis meses, completamos la adopción y la llevamos al templo para sellarla a nosotros. Cuatro años después de que nuestra niñita pasó a ser parte de nuestra familia, otra joven nos escogió para que fuéramos los padres de un dulce niñito. Una vez más tuvimos la bendición de llevar a un bebé de seis meses al templo. Nunca olvidaré lo que sentí cuando vi a mis hijos en el templo, todos vestidos de blanco, con mi esposo y conmigo para sellarlos a nosotros por la eternidad.

Ahora me doy cuenta de que no entendía todas las bendiciones que el templo podía traer cuando estaba en las Mujeres Jóvenes ni cuando me sellé a mi esposo ni cuando murió nuestro hijo; y aun cuando reconozco muchas más bendiciones que en el pasado, ahora comprendo que el templo es un lugar de bendiciones eternas, bendiciones que recibiremos en esta vida y en la eternidad. Algunas quizás las reconozcamos fácilmente hoy; otras nos enseñarán, fortalecerán nuestro testimonio y nos ayudarán algún día a llegar a nuestro hogar eterno.

El templo es un lugar de paz y consuelo, gozo y renovación. Estoy más agradecida que nunca por el templo y ruego que, al regresar allí, pueda seguir aprendiendo y valorando las bendiciones que ofrece.