Receta para una familia feliz
    Notas al pie de página

    Receta para una familia feliz

    Nueve maneras de fortalecer a tu familia

    En lo que respecta a las doctrinas importantes del evangelio de Jesucristo, la familia definitivamente ocupa uno de los primeros lugares de la lista. Ustedes, mujeres jóvenes, recitan regularmente su compromiso de “fortalecer el hogar y la familia”1; a ustedes, hombres jóvenes, se les invita a hacer “una lista de lo que [pueden] hacer para edificar un hogar feliz”2; y tanto a los hombres jóvenes como a las mujeres jóvenes se les recuerda: “Tu familia será bendecida a medida que hagas tu parte para fortalecerla”3.

    Así que, ¿cuál es la mejor forma de fortalecer a tu familia y ayudar a crear un hogar feliz? ¡“La Familia: Una Proclamación para el Mundo” tiene la respuesta! Este importante documento explica por qué las familias son tan importantes en el plan del Padre Celestial y señala exactamente lo que podemos hacer para fortalecer nuestras relaciones familiares. También explica con precisión cómo podemos ser más felices en nuestra familia. No se trata de una receta secreta, sólo son los principios básicos del Evangelio que se nos han enseñado: “La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y se mantienen sobre los principios de la fe, de la oración, del arrepentimiento, del perdón, del respeto, del amor, de la compasión, del trabajo y de las actividades recreativas edificantes”4.

    Ahí la tienes: la fórmula sencilla para lograr una familia feliz y mejorar las relaciones familiares eternas. Eso no significa que no requerirá trabajo y esfuerzo de tu parte, pero todo el empeño que hagas por fortalecer a tu familia finalmente hará que tú y ellos sean más felices.

    A continuación hay algunas ideas de cómo se podrían poner en práctica esos principios.

    Fe

    • Participar en el estudio familiar y personal de las Escrituras y en la noche de hogar.

    • Establecer una meta con tu familia para guardar mejor algún mandamiento, como por ejemplo, la ley del ayuno o la ley del diezmo.

    • Hacer planes para escuchar juntos como familia la próxima conferencia general o estudiar la conferencia general más reciente.

    Oración

    • Participar en la oración familiar.

    • En tus oraciones personales, pedir por cada miembro de la familia en particular, mencionando su nombre. Pensar en sus necesidades mientras estés orando por ellos.

    Arrepentimiento

    • Pedir disculpas; hacerlo frecuentemente y decirlo de corazón.

    • Aprender juntos acerca de la importancia de la expiación de Cristo, de la Santa Cena y de la función de ambas en el proceso del arrepentimiento.

    Perdón

    • Ser humilde y reconocer que todos, incluso los padres, cometen errores.

    • Recordar lo que te gusta de las personas que te hieren u ofenden.

    • Orar y pedir ayuda para perdonar a los demás.

    Respeto

    • Obedecer a tus padres.

    • No hablar mal ni irrespetuosamente de nadie en tu familia.

    • Fijarte en las cualidades positivas que percibes en cada miembro de tu familia. Comentarles lo que tú admiras de ellos.

    Amor

    • Orar para sentir caridad, el amor del Salvador, hacia los miembros de tu familia.

    • Buscar maneras de prestar servicio a tu familia.

    • Escribir notas de estímulo y amor. Esconderlas junto con la comida que lleven al trabajo o al colegio, en bolsos o en carteras para que los miembros de tu familia las encuentren después.

    Compasión

    • Alentar a los miembros de la familia a compartir sus sentimientos y a tratar de comprenderse los unos a los otros.

    • Darse consuelo mutuamente en los tiempos de adversidad y tratar de llevar las cargas los unos de los otros (véase Mosíah 18:8–9).

    Trabajo

    • Ofrecerte para preparar una comida para la familia.

    • Ayudar con la tareas en la casa, tales como cortar el césped, sacar las malas hierbas del jardín o limpiar las ventanas.

    • Ayudar a tus hermanos menores con sus tareas escolares.

    Actividades recreativas edificantes

    • Ayudar a planificar salidas en familia, vacaciones o actividades que tu familia pueda disfrutar todos juntos.

    • Reducir la actividad digital. Apagar la TV y otros dispositivos electrónicos mientras estén en familia.

    Experiencias de los jóvenes

    Preguntamos a varios jóvenes cómo ponen en práctica esos principios en su familia. Lo siguiente es lo que dijeron acerca de sus experiencias:

    Fe

    Yo escogí planear las dos noches de hogar siguientes para tratar el tema de la fe. Preparé las lecciones y traté de aprender los acordes en guitarra de las canciones que íbamos a cantar.

    La primera lección fue acerca de la fe. Les pregunté qué podíamos cambiar como familia para fortalecer nuestra fe. Ellos respondieron: “Orar, estudiar las Escrituras, ayunar, asistir a la Iglesia”, y otras cosas más. Estuvimos de acuerdo en que hay muchas cosas que se pueden hacer para fortalecer la fe, pero lo más importante es realmente hacerlas. Es importante que actuemos para fortalecer nuestra fe.

    La segunda lección trató sobre los dones espirituales. Hablamos de cómo se relaciona la fe con los dones espirituales.

    Nuestras noches de hogar centradas en la fe salieron muy bien. Mejoramos algunas cosas como familia; nos divertimos y tratamos de no hacer la noche de hogar por simple compromiso. Sentimos el Espíritu juntos, como familia.

    Riza S., 16 años, Roskilde, Dinamarca

    Oración

    Para poner en práctica mi fe decidí orar pidiendo a Dios ayuda y guía. Al principio, no me daba cuenta del impacto de mis oraciones, pero después de unos días vi que había más paz en casa.

    Pero entonces, mi fe fue puesta a prueba. Mi hermano menor sufrió un accidente y tuvo que ser operado inmediatamente; uno de mis amigos también resultó herido gravemente y mi madre tuvo una infección a la garganta con fiebre muy alta. Todas esas circunstancias horribles me hicieron perder el sentimiento de paz. Me sentía muy triste, pero continué orando. Recordé el poema favorito de mi abuela, que dice que Dios conoce todas las cosas mejor que nosotros y que debemos confiar en Él. Así que, empecé a poner en práctica mi fe aún más y a hacer todo lo que podía. Poco después, mi hermano fue dado de alta del hospital; mi amigo resultó no estar tan grave como parecía al principio y mi madre se recuperó.

    Ahora, cuando oro por los demás, soy más específico y oro con más fe que antes. Debemos tener fe en Dios, especialmente cuando sea difícil creer en Él y en Sus planes; y nunca debemos quejarnos, porque Él sabe más que nosotros.

    Jarom K., 18 años, Graz, Austria

    Arrepentimiento

    Me he dado cuenta de cómo el arrepentimiento influye en todo. Por ejemplo, durante varios meses estuve cometiendo algunos pecados y no me arrepentía de ellos; me resultaba difícil romper el ciclo. Pero, después de hablar con el obispo y con unos buenos amigos, pude iniciar el proceso de arrepentimiento, me sentí mucho más cerca de Dios y era feliz de nuevo. Al orar intensamente y dedicar bastante tiempo a leer las Escrituras, comprendí que tenía que cambiar la forma en que actuaba en algunos aspectos de mi vida. Ahora me doy cuenta de todo lo que he crecido gracias a eso. Mediante esa experiencia pude acercarme más a mi mamá y a mi papá, en especial.

    Aunque aún tengo tentaciones y cometo pecados, puedo utilizar la expiación del Salvador para arrepentirme, evaluar cada día lo que he hecho y tratar de mejorar continuamente. Agradeceré por siempre la Expiación en mi vida.

    Billy P., 17 años, Ipswich, Inglaterra

    Trabajo

    Yo considero la historia familiar como una especie de trabajo, por ello decidí hacer mi propio libro de historia familiar. Hice una compilación de todas las fotografías de los miembros de mi familia. Lo hice así para que mis hijos y mis tataranietos puedan ver cómo eran sus antepasados. Mientras lo hacía, sentí mucha paz, porque sabía que no lo estaba haciendo para mí misma, sino para las generaciones futuras.

    Glory S., 18 años, Johannesburgo, Sudáfrica

    Actividades recreativas edificantes

    Mi primer intento para realizar actividades recreativas con mis hermanos fue caótico, por no decir algo peor. Pero empezó a haber un cambio tras un viaje que hicimos a Blue Ridge Mountains. Las hojas de los árboles eran de todos colores y el parque de diversiones era divertido, pero algunas palabras hirientes que se dijeron, actitudes egoístas y bromas molestas crearon sentimientos negativos. Antes de irnos, mi hermana y yo ascendimos por una pequeña colina y nos sentamos en silencio a escuchar la naturaleza a nuestro alrededor. Fue la primera ocasión en mucho tiempo que nos sentábamos sin pelear, y hablamos con calma sobre los días por delante y las dificultades actuales que teníamos. Sentimos el Espíritu, y nos brindó una paz que había olvidado.

    Desde entonces, traté de esforzarme por conversar más con mis hermanos, preguntarles cómo iban sus días, darles un abrazo y, en general, involucrarme más en su vida. Ayudé a mi hermano autista con sus tareas escolares; ayudé a mi hermana menor a elaborar unas tarjetas de consulta rápida sobre gramática y a crear rimas cómicas para memorizar las funciones de las palabras. En su siguiente examen, ella mejoró su nota en más de 20 puntos y sacó la mejor calificación que había tenido hasta entonces. La felicidad que sentí en esos momentos fue diferente y más profunda de lo que yo esperaba.

    Formar parte de una familia puede ser difícil, pero en ocasiones como ésas, vale realmente la pena. Esos pequeños momentos nos hicieron vivir tiempos de diversión, juegos y risas, y ahora siento mayor unidad en mi familia.

    Emily C., 17 años, Carolina del Norte, EE. UU.

    Notas

    1. “El lema de las Mujeres Jóvenes”, El progreso Personal para las Mujeres Jóvenes, librito, 2009, pág. 3.

    2. Cumplir Mi Deber a Dios, librito, 2010, pág. 80.

    3. Para la Fortaleza de la Juventud, librito, 2011, pág. 14.

    4. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.