Cómo prepararse para un matrimonio celestial


Robert D. Hales

Las palabras “matrimonio en el templo” describen el lugar a donde se va para que se lleve a cabo un matrimonio eterno. La expresión “matrimonio celestial” significa ser fiel a los sagrados convenios que se hacen en esa ceremonia de casamiento en el templo, o sea, vivir principios celestiales en la relación matrimonial.

Después de hacer los votos, un matrimonio celestial exige una vida de continua consagración a la dignidad que conduzca a la felicidad y a la exaltación. Si obedecemos las leyes en la forma apropiada, podremos lograr un pedacito de cielo en la tierra junto con otra persona y con nuestra familia.

Algo tan maravilloso como el matrimonio celestial no surge por casualidad.

En el libro de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, Alicia se acerca al gato de Cheshire y le pregunta: “¿Podrías decirme en qué dirección debo ir desde aquí?”.

El gato contesta: “Eso depende mucho de a dónde quieras llegar”.

Alicia le dice: “En realidad, no me importa mucho a dónde llegue”.

El gato de Cheshire responde: “Entonces, no tiene mucha importancia en qué dirección vayas, ¿no te parece?”.

“No, con tal de que llegue a alguna parte”, contesta Alicia.

Y ahí es que el gato revela una verdad muy interesante: “Ah, seguramente llegarás allí si caminas lo suficiente”. [Traducción libre.]

¿Cuántos de nosotros vamos por la vida diciéndonos: “Si sigo caminando el tiempo suficiente, algún día llegaré a algún lado”, pero sin saber exactamente dónde queda ese lugar donde queremos estar? “Algún lado” no es bastante; debemos saber a dónde queremos ir y estar firmemente resueltos a llegar allí. Y debemos tener ese conocimiento y esa determinación temprano en la vida.

Alma dijo: “¡Oh recuerda, hijo mío, y aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!” (Alma 37:35). Eso lo dice todo. Háganlo ahora.

Las recomendaciones para el templo

Una vez que estemos resueltos a tener un matrimonio celestial, debemos comprender todos los pasos que conducen a él, y seguirlos.

Para entrar en el templo, necesitarán lo que se llama una recomendación. Primero, el obispo o el presidente de la rama llevará a cabo una entrevista concienzuda, y ésta irá seguida de una del presidente de la estaca o de la misión. A continuación, aparecen algunas preguntas que les harán:

“¿Tiene fe en Dios el Eterno Padre, en Su Hijo, Jesucristo y en el Espíritu Santo, y tiene un testimonio de Ellos?”

“Tiene un testimonio de la Expiación de Cristo y de Su función como Salvador y Redentor?”

“¿Tiene un testimonio de la restauración del Evangelio en éstos, los últimos días?”

“¿Apoya al Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como profeta, vidente y revelador; y lo reconoce como la única persona sobre la tierra que posee todas las llaves del sacerdocio y que está autorizada para ejercerlas? ¿Apoya a los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles como profetas, videntes y reveladores? ¿Apoya a las demás Autoridades Generales y a las autoridades locales de la Iglesia?”

“¿Vive la ley de castidad?”

“¿Hay algo en su comportamiento hacia los miembros de su familia que no concuerde con las enseñanzas de la Iglesia?”

“¿Se esfuerza por cumplir con los convenios que ha hecho, por asistir a sus reuniones sacramentales y del sacerdocio, y por conservar su vida en armonía con las leyes y los mandamientos del Evangelio?”

“¿Es honrado en sus tratos con sus semejantes?”

“¿Paga un diezmo íntegro?”

“¿Cumple con la Palabra de Sabiduría?”

“¿Existen pecados o faltas en su vida que debería haber resuelto con las autoridades del sacerdocio pero que no lo ha hecho?”

“¿Se considera digno de entrar en la casa del Señor y participar en las ordenanzas del templo?”

La importancia de pensar en esa recomendación al considerar el matrimonio es que, cuando elijan el cónyuge con quien vayan a vivir en esta vida y por toda la eternidad, deben preguntarse: “¿Tengo la seguridad de que esta persona será capaz de vivir de acuerdo con los requisitos de esta recomendación?”.

Después de obtener la recomendación, pueden ir al templo y recibir la investidura. Antes de que una persona pueda casarse o sellarse al cónyuge en el templo, debe recibir la ordenanza de la investidura.

Por ser miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenemos el privilegio de hacer planes para tener un matrimonio celestial y prepararnos para lograrlo.

Al elegir un compañero, asegúrense de que ambos sientan el mismo deseo de tener una relación matrimonial celestial, de tener una familia y un compañero para la eternidad, y de vivir en presencia de nuestro Padre Celestial.

El apoyo mutuo

El matrimonio es similar a escalar una montaña: se atan a un compañero y empiezan a trepar la montaña de la vida. Al nacer un hijo, lo atan a mamá y papá y continúan su jornada. Las cuerdas mantendrán juntos a todos los escaladores; pero hay muchos elementos —el viento, la lluvia, la nieve y el hielo—, y todos los elementos del mundo obrarán en su contra para apartarlos de esa montaña eterna. ¿Cómo llegarán a la cima?

Alguien dijo esto: “Yo te levanto a ti, tú me levantas a mí, y ascenderemos juntos”. ¿Qué quiere decir eso?

Recuerdo una experiencia propia que ilustra esa idea: Estaba en la Facultad de Administración de empresas de la Universidad Harvard, y me encontraba esforzándome al máximo de mi capacidad. Durante el primer año en esa institución, los maestros despojan al estudiante de hasta la más mínima confianza que éste pueda tener en sí mismo, sean cuales sean sus antecedentes al llegar allí, a fin de que éste aprenda lo que significa lograr más de lo que haya podido lograr en todos los años anteriores.

En un momento crucial de mis estudios, el presidente de la misión me llamó para ser presidente del quórum de élderes. Ésa fue la única vez en mi vida en que cuestioné una asignación. A todos ustedes les llegará la ocasión de preguntarse: “¿Cuándo es el momento de prestar servicio?”. La única respuesta que puedo darles es: “Cuando se les llame”.

Así que me fui a casa y le dije a mi esposa: “Hay posibilidades de que fracase en mis estudios si soy presidente del quórum de élderes”. Ella me respondió con unas palabras que me han ayudado durante muchos años: “Bob, yo prefiero tener un activo poseedor del sacerdocio que un hombre que tenga una maestría de Harvard”. Pero, al abrazarme, me dijo: “Lograremos ambas cosas”. Eso es una relación eterna.

En Doctrina y Convenios (y espero que cada uno de ustedes escriba este versículo y se lo ponga en el bolsillo y lo tenga consigo continuamente para esos momentos difíciles en que pueda necesitarlo), leemos esto: “Por tanto, fortalece a tus hermanos en todas tus conversaciones, en todas tus oraciones, en todas tus exhortaciones y en todos tus hechos” (D. y C. 108:7). Dicho en otras palabras, todos los días se ayudan mutuamente al conversar, al orar, al exhortarse y por medio de sus acciones.

Establezcan su curso eterno

Me doy cuenta de la importancia de establecer un curso, de saber a dónde vamos. Les ruego que salgan con muchas personas, que sepan con qué clase de persona desean estar; por favor ayuden a las personas con las que se relacionen; anímenlas a tratarse con muchas personas.

Antes de casarse, asegúrense de lo que esa persona realmente quiera ser; lo sabrán si averiguan si asiste a sus reuniones de la Iglesia, si tiene un testimonio y si está dispuesta a hablar de sus metas eternas.

Ruego que las bendiciones del Señor estén con ustedes. Sé que Dios vive y que Jesús es el Cristo. Les testifico que los momentos de mi vida en los que me he sentido desdichado, deprimido o triste han sido cuando me he apartado de las enseñanzas del Señor, aunque sólo fuera en mínimo grado. Es mi oración que sean verdaderamente felices y encuentren el gozo de un matrimonio celestial con un pedacito de cielo en la tierra.

Tomado de un discurso pronunciado en una reunión espiritual en la Universidad Brigham Young, el 9 de noviembre de 1976.