Élder D. Todd Christofferson: Preparado para servir al Señor


Elder D. Todd Christofferson

Durante su adolescencia en Somerset, Nueva Jersey, Todd Christofferson participó durante dos veranos en el elenco del espectáculo al aire libre que se realiza en el cerro Cumorah, Nueva York. El primer año que estuvo en la producción, el joven Todd recordó las palabras de un antiguo obispo que había alentado a los jóvenes del barrio a nunca cesar de buscar al Señor hasta que hubiesen “grabado indeleblemente en sus corazones un testimonio del Evangelio”.

Todd se había tomado en serio las palabras de su líder del sacerdocio, y de cuando en cuando había orado para recibir un testimonio; pero estando en Palmyra, en la cuna de la Restauración, tomó la determinación de que aquel era el momento y el lugar para recibir una confirmación definitiva.

“Una noche, después de la actuación, fui solo a la Arboleda Sagrada”, recuerda. “Era una hermosa noche de verano. Me quité los zapatos, entré en la arboleda y comencé a orar. Oré con gran diligencia durante una hora, o más… pero no sucedió nada”.

Después de un tiempo, se dio por vencido y se fue. El desaliento lo consumía. ¿Qué había hecho mal? ¿Por qué nuestro Padre Celestial no había contestado su oración?

En lo que pareció ser un tiempo fugaz, pasaron las dos semanas que duró el espectáculo y Todd regresó a Nueva Jersey. Aproximadamente un mes más tarde, mientras leía el Libro de Mormón en su habitación, recibió una respuesta.

“El testimonio vino sin que lo pidiera”, recuerda. “Vino sin palabras, pero recibí una poderosa confirmación espiritual —de esas que no dejan lugar a dudas— acerca del Libro de Mormón y de José Smith.

“Al rememorar en aquella experiencia, me doy cuenta de que no podemos ordenarle a Dios cuándo, dónde o cómo debe hablarnos. Debemos ser receptivos para recibir lo que Él disponga y cuando tenga a bien hacerlo; siempre según Su voluntad.

“Me alegra que mi Padre Celestial no me respondiera aquella noche en Palmyra, pues podría haber creído que para recibir una respuesta a una oración o un testimonio era necesario estar en un lugar especial. Sin embargo, no hace falta peregrinar hasta Palmyra para saber que José Smith fue un profeta ni que el Libro de Mormón es verdadero. No tienen que ir a Jerusalén para saber que Jesús es el Cristo. Si mi Padre Celestial me encontró en Somerset, Nueva Jersey, Él sabrá responder las oraciones de cualquier persona, en cualquier lugar del mundo. Él nos conoce a fondo y puede contestarnos independientemente de dónde estemos y de cuáles sean nuestras circunstancias”.

Con ese testimonio grabado indeleblemente en su corazón, Todd Christofferson se estaba preparando para una vida de servicio en el reino del Señor.

Una infancia simple

David Todd Christofferson, hijo de Paul Vickery y de Jeanne Swenson Christofferson, nació el 24 de enero de 1945, en American Fork, Utah. Su padre se hallaba en China, sirviendo en el ejército estadounidense hacia el término de la Segunda Guerra Mundial, por lo que Todd y su madre vivieron con los padres de la hermana Christofferson, Helge y Adena Swenson, durante unos 18 meses. Eso marcó el inicio de una estrecha relación entre Todd y sus abuelos, una que influiría en él durante toda su vida.

Todd y sus cuatro hermanos menores se criaron en Pleasant Grove y en Lindon, Utah, y disfrutaron de lo que él describe como una infancia “simple” y “sana” en la que disfrutaron de mucho tiempo para jugar, inventar y aprender.

“Tuvimos una vida hogareña segura y feliz”, recuerda el élder Christofferson. “Papá y mamá nos enseñaron mediante el ejemplo y nos mostraron cómo vivir de acuerdo con el modelo del Evangelio”.

Por su parte, sus padres recuerdan a Todd como un hijo obediente y feliz. “Todd era un buen muchacho y siempre tuvo presente la clase de vida que deseaba vivir”, dice su padre. “Siempre fue una gran influencia para sus hermanos”.

Sus padres también recuerdan la disposición que tenía para ayudar siempre que veía una necesidad. Cuando él tenía 13 años, su madre se sometió a una intervención quirúrgica como parte de su tratamiento contra el cáncer. El padre del élder Christofferson, que estaba en el hospital con su esposa, se enteró de que Todd reunió a sus hermanos para orar por su madre.

La operación fue un éxito, pero redujo la capacidad de la hermana Christofferson para realizar algunos de los quehaceres comunes del hogar. Todd sabía cuánto le gustaba a su madre el pan casero, y lo difícil que le resultaría seguir haciéndolo, así que le pidió a su abuela que le enseñara a hornear pan, tarea que él hizo con regularidad para su familia hasta que partió para la universidad años más tarde.

Nuevo hogar, nuevas experiencias

Cuando Todd tenía 15 años, su padre, que era veterinario, aceptó un nuevo empleo en New Brunswick, Nueva Jersey. En la época del traslado de la familia, Lindon, Utah, tenía muy pocos habitantes, por lo que la transición hacia un lugar tan poblado como Nueva Jersey supuso un gran cambio para toda la familia. Aún así, los siguientes años, llenos de nuevos lugares, personas y oportunidades, serían algunos de los años formativos más importantes de la vida de Todd.

Dado que era el único miembro de la Iglesia de su clase de secundaria, Todd disfrutó de la amistad y la compañía de personas de gran variedad de orígenes culturales y religiosos, algo que sería característico el resto de su vida. Todd descubrió que muchos de sus amigos vivían sus creencias con un fervor parecido al suyo, lo que le motivó a pensar con detenimiento y a orar fervientemente acerca de lo que él sabía. “Empecé a ver que la Iglesia no sólo era agradable”, dice. “Era una cuestión de vida o muerte; comencé a apreciar lo que tenía”.

Greg Christofferson, uno de los hermanos del élder Christofferson con quien compartió una habitación durante más de 16 años, recuerda: “Todd siempre tuvo una inclinación hacia lo espiritual y su conducta fue ejemplar”. Greg señala que años después de que su hermano se graduara de secundaria, uno de los compañeros de clase más sobresalientes de Todd había estado orando con su esposa para saber cómo criar a sus pequeñitos. Cuando los misioneros Santos de los Últimos Días llamaron a su puerta, aquel hombre recordó lo bueno y honrado que había sido Todd, el único Santo de los Últimos Días que conocía. Gracias a ese recuerdo, aquel hombre invitó a los misioneros a pasar a su casa y tanto él como su familia se unieron a la Iglesia.

El creciente testimonio del joven Todd, afianzado por la experiencia que tuvo después del espectáculo del cerro Cumorah, recibió un refuerzo adicional gracias a un fuerte grupo de jóvenes Santos de los Últimos Días del Barrio New Brunswick, Estaca Nueva Jersey, un grupo que, según dice el élder Christofferson, “vivía para estar juntos los miércoles y los domingos”.

“La Iglesia era el centro de nuestra vida familiar”, recuerda el élder Christofferson. “Nos mantenía unidos como a una familia, y nos acercaba a los demás miembros del barrio”.

Misionero en Argentina

Después de graduarse en la Escuela Secundaria Franklin, en Somerset, el élder Christofferson asistió a la Universidad Brigham Young durante un año y luego partió, en septiembre de 1964, para prestar servicio en la Misión Argentina Norte, acontecimiento que él considera fundamental. Su amor por las personas y las culturas de Latinoamérica ha constituido una importante dimensión de su vida.

Durante su misión, el élder Christofferson aprendió de “dos excepcionales presidentes de misión”: el presidente Ronald V. Stone y el presidente Richard G. Scott, actualmente colega suyo en el Quórum de los Doce Apóstoles. El élder Christofferson recuerda con gran cariño y aprecio la aportación que realizaron ambos presidentes de misión y sus respectivas esposas.

El élder Scott recuerda al élder Christofferson como “un misionero excepcionalmente sobresaliente cuya devoción y aptitudes eran evidencia de que tendría una vida de gran importancia”. El élder Scott señala que aquel joven élder era particularmente disciplinado, obediente y trabajador, y que demostró “una ternura de espíritu que fue una bendición para cada uno de sus compañeros y le ganó el aprecio de sus investigadores y conversos”.

El élder Scott recuerda un incidente en particular en el que el élder Christofferson tuvo un accidente con la bicicleta que le rasgó el traje y le dañó las manos; sin embargo, siguió adelante. Dice el élder Scott: “Se quitó el polvo, volvió a montarse en la bicicleta y se fue con su compañero a una visita”.

La universidad y el matrimonio

Al regresar de Argentina en diciembre de 1966, el élder Christofferson volvió a matricularse en BYU, donde estudió inglés y colaboró en los asuntos administrativos estudiantiles y participó en actividades deportivas.

Hacia el término del primer semestre posterior a su misión, le llamó la atención una bella jovencita a la que vio en el campus. Aunque no se conocieron personalmente en aquella ocasión, él recordó su rostro y la buscó en el anuario estudiantil que se publicó unos meses más tarde.

Aquella alumna era Kathy Jacob, una atractiva y sociable jovencita que había vivido tanto en California como en Utah. El otoño siguiente, al estar de regreso en la universidad, Todd acordó una cita con Kathy a través de un amigo de ambos.

Durante los meses siguientes, descubrieron que tenían muchas cosas en común. Su amor creció y maduró, y en la primavera siguiente, el 28 de mayo de 1968, se casaron en el Templo de Salt Lake.

“Supe que Kathy era buena y maravillosa cuando nos casamos”, dice el élder Christofferson. “Lo que no sabía era cuán profundos eran en realidad su carácter, sus cualidades, su sabiduría y su bondad. Con el paso del tiempo, me he quedado gratamente sorprendido por lo mucho mejor que ella es en comparación a como creía que ella era en aquel entonces”.

La hija de los Christofferson, Brynn Nufer, también da fe de la bondad de su madre con estas palabras: “En todos los sitios en los que hemos vivido, la gente la ha amado. Es muy creativa y sincera, ¡y también es divertidísima!”.

Una distinguida carrera de leyes

Tanto el élder como la hermana Christofferson se graduaron en BYU en 1969. El élder Christofferson prosiguió estudios de leyes en la Universidad de Duke. Al término de sus estudios en 1972, fue contratado como secretario judicial por el juez federal John J. Sirica, quien posteriormente presidiría los juicios por el caso Watergate. El semanario Time nombró Hombre del Año al juez Sirica y llamó al caso Watergate “el peor escándalo político de toda la historia de los Estados Unidos” 1 . El escándalo y sus posteriores juicios ocuparon las noticias del país durante 1973 y 1974.

El élder Christofferson había planeado trabajar como secretario judicial durante un año y luego emplearse en un bufete importante de Washington D.C. que le había hecho llegar una oferta laboral. El élder Ralph W. Hardy, actualmente Setenta de Área, ha dedicado su carrera a ese bufete y recuerda que en aquellos difíciles días del caso Watergate, el juez Sirica llamó al colega administrativo de la firma y dijo: “No puedo permitir que Todd se vaya; es demasiado valioso; además, es la única persona con la que puedo conversar”. Debido a ello, Todd ayudó al magistrado Sirica durante todos los procedimientos del caso.

El élder Hardy recuerda que mucho tiempo después, en 1992, un abogado que no era miembro de la Iglesia llegó a su despacho y exclamó: “Acabo de regresar de una de las misas más inspiradas a las que jamás he asistido”. La misa era por el funeral del juez Sirica, cuya familia había rogado al élder Christofferson que dijera algunas palabras. El élder Christofferson les enseñó el plan de salvación.

Después de trabajar como secretario judicial, el élder Christofferson cumplió con sus deberes en el ejército estadounidense, a lo que siguieron ocho años en la reserva. Completó su compromiso militar con el grado de capitán de reserva.

A lo largo de los 30 años siguientes, el élder Christofferson disfrutó de una distinguida carrera profesional. Primero trabajó en el bufete de abogados Dow Lohnes PLLC, luego como consejero interno de un sistema sanitario y de varias entidades bancarias. En el momento de ser llamado a los Setenta era consejero general asociado de NationsBank Corp. (actualmente Bank of America). Sus empleos llevaron a la familia a Washington, D.C.; Nashville, Tennessee; Herndon, Virginia; y Charlotte, Carolina del Norte. El élder Christofferson dice que lo que más disfrutó de los años que él y su familia vivieron en el este del país fue “la amistad con buenas personas de todas las profesiones y condiciones sociales y de todas las religiones”. Además de su servicio a la Iglesia, el cual abarcó llamamientos como presidente de misión de estaca, obispo, presidente de estaca y representante regional, colaboró con varios grupos interconfesionales de servicio a la comunidad.

Recuerdos familiares

Los Christofferson tienen cinco hijos: Todd, Brynn, Peter, Ryan y Michael, además de ocho nietos. Los hijos describen la crianza que recibieron como amorosa, atenta y centrada en los principios del Evangelio. Recuerdan haber tenido un buen equilibrio entre la diversión familiar y su formación personal.

Peter recuerda haber prestado servicio como compañero de su padre como maestro orientadoren en una época muy ajetreada de la vida de su padre. El élder Christofferson trabajaba como asesor corporativo y servía como presidente de estaca, pero aun así, tenía tiempo para enseñar a sus hijos. “Me inspiró la fidelidad de mi padre por ser un gran maestro orientador, a pesar de lo limitado de su tiempo”, recuerda Peter. Una de las hermanas a las que visitábamos estaba confinada en su casa y papá cuidaba de ella con mucha bondad, asegurándose de que siempre tuviese la Santa Cena y de que se atendieran sus necesidades”.

Brynn también recuerda a su padre como una persona muy atenta. Tan sólo un par de días antes de irse de casa para estudiar en la Universidad Brigham Young, su padre le envió un ramo de flores a su dormitorio con una sencilla nota que decía: “Que tengas un buen semestre”.

“Aunque papá esperaba grandes cosas de nosotros, nunca nos sermoneó. Era muy amoroso y discreto”, dice ella. “Era muy feliz y deseaba que también nosotros lo fuéramos”.

Su servicio en los Setenta

El 3 de abril de 1993, el élder Christofferson fue sostenido como miembro del Primer Quórum de los Setenta. Su primera asignación llevó a la familia a la Ciudad de México, donde por un tiempo fue Presidente del Área México Sur.

El 15 de agosto de 1998, fue llamado como miembro de la Presidencia de los Setenta, donde prestó servicio hasta que fue llamado al Quórum de los Doce Apóstoles. Sus responsabilidades incluyeron el servir como Director Ejecutivo del Departamento de Historia Familiar e Historia de la Iglesia, para luego supervisar el Área Norteamérica Sureste. Últimamente ha tenido bajo su responsabilidad las Áreas Norteamérica Noroeste y Norteamérica Oeste. Sus asignaciones le han permitido reunirse con Santos de los Últimos Días de todo el mundo.

Me siento agradecido por la amistad que me unió al élder Christofferson en los Setenta y en la Presidencia de los Setenta. Es una persona muy capaz, en armonía con las impresiones del Espíritu, querido y admirado por los miembros de los Setenta. Se le conoce por su gran sentido del humor y trabajar con él es todo un placer.

Llamamiento al Quórum de los Doce Apóstoles

El élder Christofferson dice que cuando el presidente Thomas S. Monson le extendió el llamamiento, al principio le “parecía imposible”.

“Los apóstoles son personas a las que he admirado, seguido y obedecido toda mi vida, y me parece imposible ser uno de ellos”, dice. “La responsabilidad parece abrumadora tal y como yo la veo, pero he tenido tutores maravillosos al haber trabajado con miembros de los Setenta y del Quórum de los Doce Apóstoles durante los últimos 15 años”.

También es presto para recalcar en quien todos confiamos: la misma Fuente de sus respuestas cuando era un adolescente en busca de un testimonio más firme. “Creo enormemente en el poder de la oración”, dice. “Siempre podemos volvernos a la oración. Puede que en ocasiones sea lo único que tengamos, pero siempre es suficiente para nuestras necesidades.

“En cada crisis, en cada cambio o en toda necesidad que he tenido, he podido comunicarme con mi Padre Celestial por medio de la oración. He confiado en Él y no he quedado decepcionado. Sin duda alguna, Sus promesas siguen en pie. Sé que en este aspecto Él me dará la ayuda que necesito”.

Mostrar las referencias

    NOTA

  1.   1.

    “Judge John J. Sirica: Standing Firm for the Primacy of Law”, Time, 7 de enero de 1974; disponible en www.time.com/time/magazine.