De la vida del profeta José Smith

El martirio del Profeta

Adaptado de Reed Blake, “Martyrdom at Carthage”, Ensign, junio de 1994, págs. 30–38; véase también Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith (curso de estudio para el Sacerdocio de Melquisedec y la Sociedad de Socorro, 2007), págs. XXIII, 24–25, 490, 563–565.

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    Algunas personas inicuas querían matar a José Smith. Él y su hermano Hyrum decidieron dejar sus hogares en Nauvoo para estar más seguros. Con tristeza, se despidieron de sus familias y comenzaron el viaje.

    Hay hombres que quieren matar a mi hermano José, y el Señor le ha dicho que huya a las Montañas Rocosas para salvar su vida.

    A Nauvoo llegaron tropas para arrestar a José y a Hyrum, y como la gente de Nauvoo temía lo que pudieran llegar a hacer las tropas, Emma envió a algunos hombres para avisarles a José y a Hyrum. Ellos decidieron dirigirse a Carthage. José sabía que allí moriría.

    Voy como cordero al matadero; pero me siento tan sereno como una mañana veraniega; mi conciencia se halla libre de ofensas contra Dios y contra todos los hombres. Moriré inocente y aún se dirá de mí: fue asesinado a sangre fría.

    Un agente de la ley arrestó a José y a Hyrum y los envió a la cárcel de Carthage. Muchas personas visitaron al Profeta allí. El 27 de junio de 1844, Hyrum, el élder John Taylor y el élder Willard Richards se quedaron con él en la habitación del segundo piso de la cárcel.

    Aquella tarde hacía mucho calor en la habitación; por eso, los hombres abrieron las ventanas para tratar de refrescarse. Hyrum leía un libro mientras José hablaba con un guardia. John Taylor cantaba “Un pobre forastero” (Himnos, N° 16).

    Un pobre forastero vi por mi camino al pasar…

    Por favor, John, canta esa canción una vez más.

    Hermano Hyrum, no estoy de buen ánimo para cantar.

    Lo estarás si la vuelves a cantar.

    Una turba de hombres enojados se reunió alrededor de la cárcel. Luego subieron velozmente las escaleras, al mismo tiempo que disparaban con sus armas. Mataron a Hyrum.

    ¡No! ¡Mi pobre y querido hermano Hyrum!

    José disparó seis tiros para intentar frenar a la turba y luego corrió hacia la ventana. Otros hombres que se encontraban entre la turba le dispararon y José cayó por la ventana.

    ¡Oh, Señor, Dios mío!

    Cuando los Santos de los Últimos Días de Nauvoo se enteraron de la muerte del Profeta, sintieron una profunda y enorme tristeza. Más de diez mil personas pasaron por la casa de José para ver los cuerpos del amado Profeta y su hermano.

    “José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo a Jesús… Vivió grande y murió grande a los ojos de Dios y de su pueblo; y… ha sellado su misión y obras con su propia sangre” (D. y C. 135:3).

    Ilustraciones por Sal Velluto y Eugenio Mattozzi.