2016
En busca de Etiene
Septiembre de 2016


Voces de los Santos de los Últimos Días

En busca de Etiene

Unas semanas antes de partir a prestar servicio en una misión de tiempo completo, fui a casa de un viejo amigo que no era miembro de la Iglesia para visitarlo. Mi intención era quedarme solo unos minutos, pero a causa de una fuerte tormenta tuve que quedarme más tiempo de lo que planeaba. De modo que mi amigo, su mamá y yo nos sentamos y comenzamos a conversar acerca de la Iglesia y de mi futura misión.

Les expliqué que era posible que me asignaran servir en ciudades tales como Río de Janeiro, Belo Horizonte o Brasilia.

Por alguna razón, la mamá de mi amigo decidió darme la dirección de su hermana, que vivía en un pueblo cercano a Río de Janeiro, y me dijo que la visitara si me mandaban a ese lugar.

Salí para mi misión el 7 de julio de 1982 y presté servicio en muchas ciudades diferentes, incluso en una cercana al lugar donde vivía la tía de mi amigo. Pensé visitarla, pero su casa no estaba en mi área, y no les dije a los misioneros asignados a esa área nada sobre ella porque tenía la esperanza de que yo mismo pudiera ir.

En esa época, los misioneros prestaban servicio por dieciocho meses y el tiempo pasó sin que yo viera a la tía de mi amigo ni a su familia.

Años más tarde, cuando asistí a una actividad de barrio, vi a mi amigo que no era miembro. Me enteré de que lo había invitado una de sus parientes, una tía llamada Etiene, que se había bautizado en la Iglesia hacía poco tiempo; y después también me enteré que la tía Etiene se acababa de mudar a nuestro barrio del estado de Río de Janeiro. No tardé en llegar a querer mucho a su tía Etiene, y nos encantaba hablar sobre nuestros recuerdos de Río de Janeiro. Me sentí muy avergonzado cuando supe que era la misma mujer a quien yo había querido visitar durante mi misión. Se había bautizado hacía poco tiempo, tras la inesperada muerte de su esposo.

Afortunadamente, me perdonó por no haber insistido en que los otros misioneros la visitaran; sin embargo, se sintió muy decepcionada por el tiempo que había perdido sin disfrutar de las bendiciones del Evangelio.

Los remordimientos de ese tipo no los sienten solamente los exmisioneros, sino que todos los podemos sentir si no prestamos atención a las impresiones del Espíritu, ya sea que eso signifique invitar a nuestros amigos a ir a alguna actividad de la Iglesia o dar una referencia a los misioneros. Acudamos al Señor y pidamos inspiración. Él nos hablará con la voz apacible y delicada del Espíritu; nos dará la ayuda que necesitamos para llevar a cabo la obra misional con dedicación y amor.