2004
Sé uno de los más grandes
marzo de 2004


Sé uno de los más grandes

¿Qué pueden hacer hoy los jóvenes para convertirse en el tipo de misioneros que nuestro Padre Celestial espera que sean mañana?

En una conversación con Revistas de la Iglesia, los élderes Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, y Charles Didier, de la Presidencia de los Setenta, explicaron que hay muchas cosas que pueden ayudarte a formar parte de “la generación más grandiosa de misioneros”1. Es posible que ya estés haciendo algunas de ellas.

Obedece las impresiones del Espíritu

“…si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (D. y C. 42:14)

Es vital que la generación más grandiosa de misioneros cuente con la guía del Espíritu Santo. Tener el Espíritu es absolutamente necesario para la obra misional. Podremos compartir nuestras creencias o explicar la doctrina, pero es el Espíritu el que llega al corazón y convierte a la gente.

“El misionero debe vivir de modo que el Espíritu pueda comunicarse con él”, cuenta el élder Scott a Revistas de la Iglesia.

Pero el saber reconocer y obedecer las impresiones del Espíritu no es algo que los misioneros aprendan automáticamente en el Centro de Capacitación Misional (CCM). Deben aprenderlo por experiencia propia, empezando lo antes posible.

También debemos aprender cuanto antes que si desobedecemos las impresiones del Espíritu Santo, pecamos y nuestra capacidad para recibir la guía del Espíritu disminuye (véase Mosíah 2:36; Helamán 4:24).

“Los jóvenes que se preparen para servir en una misión deben mantenerse lo más alejados posible del pecado”, dice el élder Scott. “Eso les brindará la felicidad más plena a medida que se preparen y les asegurará la máxima capacidad de ser guiados por el Espíritu”.

Cuando cometemos errores, se precisa el arrepentimiento sincero para que disfrutemos nuevamente de la compañía del Espíritu Santo. Lamentablemente, ciertos pecados te impedirán ocupar tu lugar en la generación más grandiosa de misioneros.

“Existen ciertas actividades que excluirán a nuestros jóvenes del privilegio de ser misioneros”, dice el élder Scott. “Puede que se hayan arrepentido, pero si han hecho ciertas cosas, se les pedirá que sigan adelante con su vida”.

Obtén la palabra

“No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla, y entonces será desatada tu lengua; luego, si lo deseas, tendrás mi Espíritu y mi palabra, sí, el poder de Dios para convencer a los hombres” (D. y C. 11:21).

¿Conocen el dicho: “No se puede sacar agua de un pozo seco”? Obviamente, ¿qué utilidad tiene un pozo sin agua?

Lo mismo se aplica a los misioneros. ¿De qué sirve un misionero que no tiene nada que decir? El Espíritu Santo no puede recordarte un pasaje de las Escrituras que llegue al corazón de una persona si antes tú no lo has estudiado; y no podrás testificar de las bendiciones que se reciben al santificar el día de reposo si no has vivido ese mandamiento.

“Enseñar por el Espíritu significa que debe haber una inversión previa de tiempo y esfuerzo”, dice el élder Scott. “No equivale a decir: ‘Bueno, simplemente voy a ir y ver si el Espíritu me dice lo que debo hacer’. Uno debe albergar el Evangelio, en especial el mensaje de la Restauración, en la mente y en el corazón”.

Antes de entrar en el CCM, los misioneros deben haber leído la Biblia, el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio y obtenido un testimonio de su veracidad. Los futuros misioneros deben comprender la importancia de la Expiación, de la restauración de la plenitud del Evangelio, de la autoridad del sacerdocio, de los profetas vivientes y de la capacidad de recibir revelación. Asimismo, deben haber desarrollado una relación con Dios basada en la oración.

“Antes de declarar la palabra, debemos obtenerla” (véase D. y C. 11:21), explica el élder Charles Didier a Revistas de la Iglesia. “Hay quienes creen que van a obtener la palabra en el campo misional, pero resultará muy difícil lograr en el campo misional experiencias espirituales basadas en las Escrituras porque la misión exige mucho”.

Esa clase de experiencias espirituales provienen de la oración personal y del estudio de las Escrituras, de la obediencia a los principios del Evangelio y de la asistencia a las reuniones de la Iglesia y de la Mutual. Los cursos de seminario y el programa de dominio de las Escrituras son también ayudas de gran valor para comprender el Evangelio.

“Verdaderamente deseamos y rogamos que los misioneros salgan con ese tipo de preparación”, dice el élder Didier, “una a la que podamos añadir y complementar, en vez de tener que crear un conocimiento del que se carece”.

Empieza hoy mismo a compartir

“…os envié para testificar y amonestar al pueblo, y conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo” (D. y C. 88:81).

Una de las mejores maneras de aprender a compartir el Evangelio mañana es compartirlo hoy.

“Todos pueden hacer algo”, dice el élder Didier. “Hay muchas formas de trabajar en la obra misional: escribir una carta, compartir un video de la Iglesia o dar tarjetas de obsequio a los amigos. Los jóvenes pueden hermanar o colaborar en el proceso de activación. Si nuestra juventud pudiera comenzar a pensar hoy mismo en la obra misional, cuando salgan al campo misional contarán con la gran ventaja de haberla hecho antes”.

“El salir a trabajar con los misioneros de tiempo completo es otra forma en la que los jóvenes pueden prepararse y aprender a ser más receptivos al Espíritu”, dice el élder Scott. “Enseñar y testificar con los misioneros, en las reuniones de quórum o a los amigos les ayudará a sentir la guía del Espíritu. Éstas son unas magníficas experiencias preparatorias”.

Sólo una advertencia: Una vez que empieces, tal vez no puedas dejar de hacerlo.

“Una vez que se empieza, la obra misional es apasionante”, dice el élder Scott. “Resulta estimulante; no es una carga, sino una experiencia emocionante”.

Qué esperar

“Ni os preocupéis tampoco de antemano por lo que habéis de decir; mas atesorad constantemente en vuestras mentes las palabras de vida, y os será dado en la hora precisa la porción que le será medida a cada hombre” (D. y C. 84:85).

La Iglesia está realizando ajustes en la manera que se lleva a cabo la obra misional, a fin de hacer mayor hincapié en la enseñanza por medio del Espíritu y en las necesidades individuales de la persona.

“Los materiales empleados en la enseñanza no han cambiado”, dice el élder Didier. “Los misioneros aún tienen las mismas seis charlas; pero ahora les pedimos que preparen un bosquejo durante el tiempo que dedican al estudio, tanto el que llevan a cabo en forma personal como el que se hace con el compañero, y que hagan ese bosquejo teniendo en mente a la persona a quien vayan a enseñar ese día”.

“Enseñarán a los investigadores según las necesidades de éstos”, dice el élder Scott. “Y cada investigador es diferente”.

Se insta a los misioneros a explicar el Evangelio con sus propias palabras; para ello pueden adaptar el orden de presentación de los principios del Evangelio de las charlas.

“Los misioneros ya no aprenden de memoria un solo mensaje, el que repiten siempre igual, como si fueran un radiocasete”, dice el élder Scott. “Deben llenar su mente y corazón con la doctrina básica, así como con pasajes de las Escrituras que apoyen esa doctrina, y saber relacionarlo todo con experiencias personales que vengan al caso. Ahora contamos con misioneros mucho mejor preparados para dar a conocer a la gente el extraordinario mensaje de la Restauración”.

En el Centro de Capacitación Misional, los misioneros aprenden en su propio idioma cómo preparar bosquejos, cómo enseñar con sus propias palabras y cómo enseñar por el Espíritu. Aquellos que deben aprender otras lenguas pasan gran parte de su tiempo aprendiendo el contenido de las charlas en su propio idioma.

“Eso significa que cuando los misioneros llegan al campo misional, el compañero es de suma importancia dado que les ayuda con el estudio del idioma y a adaptar lo que hayan aprendido a fin de ser capaces de enseñar partes del mensaje”, dice el élder Scott.

Puedes hacerlo

Puedes ocupar tu lugar entre la generación más grandiosa de misioneros que jamás haya tenido la Iglesia. Hará falta esfuerzo y dedicación, fe y sacrificio. El convertirse mañana en la generación más grandiosa de misioneros comienza por ser hoy la más grande generación de jóvenes. Está dentro de tus posibilidades.

“La mayoría de los adolescentes de hoy en día cuenta con capacidad y agudeza espiritual extraordinarias”, dice el élder Scott. “El mundo está empeorando, pero nuestra habilidad para enseñar el Evangelio está mejorando, y estos jóvenes van a formar parte de ese grupo bien preparado que saldrá y disfrutará de un periodo dichoso en el campo misional, forjando un sendero que les será de gran ayuda, desde hoy hasta la eternidad, a medida que llevan a las familias y a las personas a salvo al reino de Dios en la tierra”.

Enseñen Con el Espíritu

“La secuencia de los pasos que se deben dar con el fin de poseer el poder de Dios para enseñar el Evangelio es la siguiente: primero, debemos procurar obtener la palabra de Dios; luego, recibiremos la comprensión por medio del Espíritu y, por último, tendremos el poder para convencer.

“¿Y cómo se obtiene el Espíritu? ‘Por la oración de fe’, dice el Señor. Por consiguiente, deben orar con sinceridad y con verdadera intención. Oren para que aumente su fe; oren para que el Espíritu acompañe sus enseñanzas. Pidan perdón al Señor. Deben ofrecer sus oraciones con el mismo espíritu y el mismo fervor con que ofreció las suyas Enós, el profeta del Libro de Mormón…

“Para obtener el Espíritu, tienen que escudriñar las Escrituras a diario . En el Libro de Mormón se cuenta sobre algunos de los misioneros de más éxito que hayan salido a predicar el Evangelio: Ammón, Aarón, Omner e Himni, los cuatro hijos de Mosíah; eran hombres de Dios que se habían preparado para hacer la obra”.

Véase Presidente Ezra Taft Benson (1899–1994), “Las claves para tener éxito en la obra misional”, Liahona, abril de 1991, págs. 4–5.

La Generación Más Grandiosa de Misioneros

“Vivimos ‘tiempos peligrosos’. Nuestra lucha es literalmente por las almas de los hombres. El enemigo es implacable y despiadado. Está tomando prisioneros eternos a un ritmo alarmante y no hay señales de que vaya a aminorar sus esfuerzos.

“…Tal como el pueblo de Ammón acudió a sus hijos para obtener refuerzos para la guerra contra los lamanitas, así acudimos nosotros a ustedes, mis jóvenes hermanos del Sacerdocio Aarónico. Les necesitamos. Al igual que los 2.000 jóvenes guerreros de Helamán, ustedes también son hijos espirituales de Dios y pueden ser investidos con poder para edificar y defender Su reino. Necesitamos que hagan convenios sagrados, así como ellos lo hicieron. Necesitamos que sean meticulosamente obedientes y fieles, tal como ellos lo fueron.

“Lo que actualmente necesitamos es la generación más grandiosa de misioneros que haya existido en la historia de la Iglesia. Necesitamos misioneros dignos, capacitados y vigorosos espiritualmente…

“…No necesitamos jóvenes espiritualmente débiles y que estén comprometidos sólo a medias; no necesitamos que simplemente llenen un puesto, sino que necesitamos todo su corazón y toda su alma. Necesitamos misioneros vibrantes, inteligentes y fervientes que sepan escuchar y responder a los susurros del Santo Espíritu”.

Véase Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, “La generación más grandiosa de misioneros”, Liahona , noviembre de 2002, pág. 47.

Nota

  1. Véase M. Russell Ballard, “La generación más grandiosa de misioneros”, Liahona, noviembre de 2002, págs. 46–49; véase también Gordon B. Hinckley, “A los hombres del sacerdocio”, Liahona, noviembre de 2002, págs. 56–59.