2007
Recordando a Iowa
Julio de 2007


Recordando a Iowa

Los carros de mano y los pioneros que se dirigieron a Sión se han convertido en el símbolo de la migración de los Santos de los Últimos Días y de la edificación de la Iglesia.

Una mañana de verano de 1856, Janetta McBride, de 16 años, inició un camino que la llevaría desde Iowa hasta el valle del Lago Salado.

Había comenzado el trayecto meses antes cuando partió de Inglaterra con su familia y surcó el océano Atlántico. Ya en los Estados Unidos, prosiguieron el viaje por tren hasta Iowa City, Iowa, donde llegaba a su fin la vía férrea.

Una vez en Iowa City, Janetta y su familia se unieron a los Santos de los Últimos Días mientras hacían acopio de fuerzas y provisiones para la parte final del viaje: Un recorrido de 2.090 kilómetros a pie y tirando de carros de mano. Janetta McBride fue asignada a la compañía de carros de mano de Martin, una de las siete compañías que partieron de Iowa City entre 1856 y 1857.

Mirando hacia el Oeste

Hoy, 150 años después, es 6 de junio de 2006 y hay una compañía más de carros de mano que va a partir de Iowa City.

En esta ocasión la compañía está formada por 70 jóvenes de la Estaca Iowa City, Iowa. Vestidos como pioneros, con los carros de mano repletos de provisiones, los jóvenes tienen su punto de encuentro en el Parque de Carros de Mano Mormones que hay a las afueras de Iowa City, el mismo lugar desde el que hace 150 años partió la primera compañía de carros de mano el 9 de junio de 1856. Al mirar hacia el oeste, no pueden sino pensar en aquellos primeros pioneros que estuvieron allí mismo hace tanto tiempo.

Kameron Hansen, del Barrio Iowa City 1, piensa en su antepasada, Janetta McBride. Kameron, de 14 años, tiene casi la misma edad de Janetta cuando se dirigió, caminando, a Sión.

“Me gusta pensar en lo feliz que se pondría si me viera haciendo esto”, dice Kameron. “Espero que le enorgullezca que su familia siga siendo fiel en la Iglesia”. Kameron sabe que su trayecto va a ser mucho más breve y rápido que el de Janetta, pero se siente igualmente agradecido por esta oportunidad de recordar y honrar a sus antepasados.

Anna Shaner, de la Rama Fairfield, también se siente agradecida por honrar a los pioneros y le sorprende que caminaran hacia la frontera sin saber si sobrevivirían a esa experiencia. Anna recibe mucha fuerza de la gente que, como ella dice, “tuvo fe en lo que debía hacer y tuvo el valor de hacerlo”.

Esta marcha supone para todos los jóvenes de Iowa City una gran oportunidad de honrar a sus antepasados. Ya sea que cuenten con antepasados pioneros de carros de mano o no, los jóvenes son miembros de la Iglesia, por lo que aquellos pioneros constituyen sus antepasados espirituales.

¿Por qué Iowa?

En la actualidad, Iowa City, Iowa, se halla en el corazón del medio oeste de los Estados Unidos, pero hace 150 años representaba la frontera y era lo más al oeste adonde se podía llegar en tren. La mayoría de los primeros conversos que acamparon en 1856 en las afueras de Iowa City eran emigrantes europeos que ya habían realizado un gran viaje y disponían de poco dinero para adquirir carromatos y provisiones. Los habitantes de Iowa City fueron tolerantes con los Santos de los Últimos Días y en los diarios pioneros se relatan los actos bondadosos de aquéllos.

Cuando el presidente Brigham Young anunció que el viaje con carros de mano era una opción más económica y rápida para viajar a Sión, aquellos santos se mostraron ansiosos por probarla. La primera compañía de carros de mano partió de Iowa City el 9 de junio de 1856.

La mayoría de las compañías de carros de mano realizaron el agotador trayecto al valle del Lago Salado sin mayores contratiempos, pero fue más difícil para el grupo de Janetta McBride, la compañía de Martin, y para la compañía de Willie. Ambas compañías quedaron atrapadas en unas inesperadas tormentas de nieve y murieron más de 200 personas. El viaje de esas compañías requirió gran sacrificio, el que pudieron sobrellevar únicamente mediante su fe en nuestro Padre Celestial y en Su plan. Esa misma fe motivó a todas las compañías que tiraron de los carros de mano y los empujaron a fin de abrir camino hasta Sión.

El trayecto en carro de mano de 2006 formó parte de las celebraciones del 150 aniversario con el que se honró aquella fe. Los miembros de la Estaca Iowa City llevaron a cabo actividades tales como un simposio académico, un festival pionero y una celebración religiosa interconfesional. Con todo ello, se honró no sólo a los pioneros de los carros de mano, sino también a todos los ciudadanos de Iowa que les ayudaron.

Seguir al profeta

Tras un largo día recorriendo los cerros de Iowa, los jóvenes disponen de un momento para reflexionar en su experiencia. Emma Pauley lee de nuevo Éter 12, un capítulo sobre la fe que recuerda haber estudiado en seminario.

“No sé si yo habría podido caminar todo el trayecto hasta Utah”, dice Emma, “pero los pioneros sí pudieron hacerlo y sé que se debió a la fe que tenían. Todas las cosas importantes son fruto de la fe”.

La fe de los pioneros de los carros de mano les permitió responder al llamado del presidente Young de recogerse en el valle del Lago Salado. Su ejemplo hace que resulte más fácil para los jóvenes de Iowa seguir los consejos de nuestro profeta actual.

Una manera que tienen los jovencitos como Kameron Hansen de seguir al profeta es cumplir con el programa Mi deber a Dios. Él mismo explica: “Cuando pienso en los pioneros y en su sacrificio, me dan ganas de reunir todos los requisitos para que yo también pueda seguir al profeta”.

Seguir al profeta es importante para estos jóvenes y anhelan poder verle el domingo siguiente en la charla fogonera conmemorativa. La oportunidad de oír la voz de un profeta será el punto culminante de la celebración.

Los primeros pioneros debieron haber sentido el mismo entusiasmo al llegar al valle del Lago Salado, sabiendo que con cada paso que daban estaban más cerca de su líder y de oír su voz.

“Es como un tesoro que me aguarda al final”, dice Skylar Hansen, del Barrio Iowa City 1.

Tras haber completado el trayecto, los jóvenes de Iowa City están más cerca de su tesoro, pero aún no han llegado. Mañana es sábado y queda mucho por hacer.

Decir gracias

El 2006 ha sido un año ajetreado para los miembros de la Estaca Iowa City, pues han estado sirviendo a la gente necesitada del lugar. Era su manera de dar las gracias a una comunidad que prestó ayuda a aquellos primeros santos.

Hoy los jóvenes tuvieron la oportunidad de servir; y aunque las 6:30 de la mañana parecía muy temprano, Marc Humbert, del Barrio Iowa City 1, dice que en realidad, debido a la caminata del día anterior, el tener que levantarse y comenzar a servir le resultó más fácil. “La actividad de la caminata de ayer me permitió recordar lo que es importante”, dijo, “y brindar servicio ha sido fácil”.

Marc no era el único ansioso por prestar servicio. A pesar del chaparrón, el entusiasmo se hacía presente entre los jóvenes a medida que se turnaban para hacer visitas a los asilos de ancianos, limpiar los coches de policía, reponer alimentos en los estantes de los refugios locales y limpiar un parque.

Ofrecer ese servicio era lo mínimo que podían hacer para agradecer a la ciudad la ayuda prestada a los pioneros de antaño.

La historia de los carros de mano es mi historia

Después de caminar todo el viernes y de brindar servicio durante el sábado, los jóvenes están felices porque es domingo: Llegó la hora de escuchar al profeta en persona. Sentados ahora con sus familias en la charla fogonera conmemorativa, todos los jóvenes se sienten agradecidos por el nuevo entendimiento que han adquirido de cómo era viajar con carros de mano. Las palabras del presidente Gordon B. Hinckley les inspiran a proseguir con el legado de fe que dejaron los pioneros de los carros de mano, y les dice: “Volvamos siempre la vista hacia aquellos que pagaron tan terrible precio por fijar los cimientos de esta gran obra de los últimos días”.

Los pioneros que partieron de Iowa en 1856 se habrían regocijado al saber de los pioneros modernos que viven en la Estaca Iowa City, y puede que hasta les inspirara el valor de los jóvenes de hoy que se esfuerzan por vivir el Evangelio en un mundo tan confuso.

Por ejemplo, Anna Shaner se esfuerza por ser un buen ejemplo para sus familiares y amigos. Su fe le brinda la fortaleza que necesita para seguir fiel. “La experiencia de los pioneros significa mucho para mí”, dice, “porque lo hicieron por mí; también es mi historia”.

Historia de los carros de mano

He aquí algunos antecedentes sobre los pioneros de los carros de mano:

  • El presidente Brigham Young mandó a los Santos de los Últimos Días que viajaran a Sión con carros de mano porque era más barato que los carromatos y muchos más santos podrían hacer el viaje.

  • En total hubo 10 compañías de carros de mano entre 1856 y 1860.

  • Los santos viajaban por ferrocarril hasta Iowa City, Iowa; y una vez equipados, siete de las diez compañías partieron de Iowa City. Las demás lo hicieron desde Florence, Nebraska.

  • La mayoría de los integrantes de esas compañías eran emigrantes europeos procedentes de Inglaterra, Gales, Escocia, Irlanda, Dinamarca, Suecia, Noruega, Suiza e Italia.

  • Excepto las compañías de Willie y de Martin (que partieron ya entrada la estación invernal y quedaron atrapadas por tormentas de nieve), las compañías de carros de mano apenas sufrieron pérdidas humanas durante el trayecto.

  • Si bien las compañías de carros de mano sufrieron penalidades, la fe de muchos de sus integrantes permaneció firme. Priscilla M. Evans, de la compañía Bunker, dijo: “La gente se reía de nosotros mientras caminábamos tirando de nuestros carros de mano, pero hacía buen tiempo, los caminos eran excelentes y aunque me sentía algo enferma y estábamos muy cansados por las noches, pensábamos que era una manera gloriosa de ir a Sión”.

Tomado de LeRoy R. Hafen y Ann W. Hafen, Handcarts to Zion, 1960.