2009
Una invitación a un día de actividades
Febrero de 2009


Una invitación a un día de actividades

“…para congregar en uno a los hijos de Dios” (Juan 11:52).

“Recuerda que hoy, después de la escuela, es el día de actividades”, dijo la madre mientras comían el desayuno.

Clarissa suspiró. “Lo sé”.

“¿Qué te pasa?”, le preguntó su mamá. “Pensé que te encantaba el día de actividades”.

“Sí, me gusta”, respondió Clarissa.

“¿Te acuerdas lo emocionada que estabas por ir cuando cumplieras ocho años?”, le preguntó su mamá. “Y a ti te cae bien la hermana Cobian”.

“Es muy buena”, dijo Clarissa. “Lo único es que es difícil porque Ashley y yo somos las únicas que vamos; Ashley me cae bien y siempre se porta bien conmigo, pero ella ya casi tiene doce años y yo apenas cumplí los nueve; casi no sé qué decirle, y no es muy divertido”.

La mamá pasó el brazo alrededor de Clarissa. “Lo siento que a veces sea difícil. Nuestra Primaria es pequeña y no hay muchas niñas, pero estoy segura de que te divertirás esta tarde”.

Al salir de la escuela, Clarissa caminó una calle hasta la capilla donde se llevaba a cabo el día de actividades. La hermana Cobian y Ashley alegremente le dieron la bienvenida. Después de la primera oración, la hermana Cobian dijo: “Le pregunté a la presidenta de la Primaria sobre las niñas que aparecen en las listas de la Primaria pero que no asisten al día de actividades ni a la Primaria. Aquí tengo esta lista de las niñas y su número de teléfono; pensé que si las llamáramos antes de cada día de actividades tal vez vendrían”.

“¡Es una idea fantástica!”, exclamó Clarissa. “Sería muy divertido que hubiera más niñas”.

La hermana Cobian sonrió. “Me da gusto que te guste la idea, porque quisiera pedirte que tú llamaras a las niñas antes del siguiente día de actividades”.

“¿Yo?”, dijo Clarissa, asombrada. No le agradaba mucho la idea. La hermana Cobian le entregó la lista; conocía a todas las niñas porque iban a la escuela juntas, y algunas de ellas iban a la iglesia de vez en cuando, pero tal vez le diera un poco de miedo llamarlas para invitarlas.

“¿Lo harás?”, le preguntó la hermana Cobian.

Clarissa miró la lista de nuevo; algunas de esas niñas eran de su edad, y el día de actividades sería mucho más divertido si ellas estuvieran presentes. “Sí, lo haré”, respondió.

Antes del siguiente día de actividades, Clarissa llamó a las niñas de la lista; les dejó mensajes o habló con todas ellas, y no había sido nada difícil hacerlo.

En la escuela al día siguiente, Olivia, una de las niñas a las que Clarissa había llamado, preguntó si podrían caminar juntas a la actividad. ¡Clarissa se sentía muy contenta! Al salir de la escuela, Clarissa y Olivia caminaron juntas a la capilla; cuando entraron en el salón de la Primaria, la hermana Cobian las saludó con una gran sonrisa.

Antes del siguiente día de actividades, Clarissa volvió a llamar a las niñas; Olivia se sentía feliz de volver a ir; Chelsea dijo que ella también iría. Al día siguiente, Clarissa se sintió muy feliz al caminar a la capilla en compañía de Olivia y Chelsea.

Esa noche, Clarissa le dijo a su madre lo divertido que era el día de actividades con más niñas. “Sólo quisiera que Madison asistiera”, dijo Clarissa. “Ella es mi mejor amiga”.

“¿Y por qué no?”, le preguntó su mamá.

“Mamá, ella no aparece en la lista; no es miembro de la Iglesia”.

“Eso no importa”, le dijo su mamá. “Si la invitas, estarás haciendo obra misional, y ya estás siendo misionera al alentar a Olivia y a Chelsea”.

Clarissa se quedó pensativa. Cuando volvió a llamar a las niñas para invitarlas al día de actividades, llamó también a Madison; ésta le preguntó a su mamá si podía ir, y ella le dijo que sí. Clarissa no podía creer lo fácil que había sido; se preguntaba por qué no había invitado a Madison ¡hacía meses atrás!

Para el día de actividades de esa semana, la hermana Cobian hizo un importante anuncio: En el siguiente día de actividades habría una invitada especial que les enseñaría a decorar pasteles. Clarissa y Madison se sonrieron la una a la otra; ¡sería divertido! Al irse aquella tarde, Madison dijo: “Gracias por invitarme. La próxima vez quiero aprender a decorar pasteles (tortas)”.

Precisamente al día siguiente, Clarissa empezó a contarles a todas sus amigas de la escuela sobre la actividad de decoración de pasteles. Madison también ayudó, y muchas de sus amigas dijeron que querían ir.

“En nuestro siguiente día de actividades tal vez haya quince niñas”, le dijo Clarissa a su mamá.

“¡Quince!”, exclamó su mamá. “¿Dónde encontraste a tantas niñas?”

“He estado invitando a todas las niñas de mi clase”, dijo Clarissa.

“¡Es maravilloso!”, dijo su mamá. “Pero es mejor que le avises a la hermana Cobian para que esté preparada para un grupo tan grande”.

Clarissa llamó a la hermana Cobian para decirle cuántas niñas iban a ir. El día de actividades, el salón de la Primaria estaba lleno de niñas que conversaban y reían a medida que decoraban pasteles. La hermana Cobian hizo un guiño a Clarissa y le sonrió feliz.

Al terminar, Clarissa ayudó a la hermana Cobian a limpiar. Su amiga Emily fue a despedirse. “Gracias”, le dijo tímidamente a la hermana Cobian. “¿Estaría bien si para la próxima vez invito a mi hermana mayor y a mis dos primas?”

La hermana Cobian sonrió. “Sería fantástico, Emily”, respondió.

¡Clarissa se moría de ganas de que llegara el siguiente día de actividades!

Ilustraciones por Jennifer Tolman.