2012
La Nochebuena perfecta
Diciembre de 2012


Jóvenes

La Nochebuena perfecta

Uno de los mejores días del año durante mi niñez era la Nochebuena. Mi familia y yo hacíamos pizza, salíamos a cantar villancicos y luego nos reuníamos para llevar a cabo un devocional navideño. Cantábamos himnos a cuatro voces un poco desentonadas y tocábamos villancicos a todo volumen con nuestra rara variedad de instrumentos musicales. Mi papá siempre terminaba la noche con un pensamiento de Navidad que hacía que nos brotaran las lágrimas. No había mejor momento que la Nochebuena.

Cuando yo ya era un poco mayor, mi mamá comenzó a cuidar de una niña que era nuestra vecina: Kelly. Kelly venía a nuestra casa todos los días después de la escuela mientras Patty, su mamá, trabajaba. Kelly me seguía a todas partes como un cachorro bullicioso y necesitado de atención, y yo siempre sentía gran alivio cuando Patty la recogía y mi casa y mi familia quedaban en paz.

Un año quedé horrorizada cuando mi mamá invitó a Patty y a Kelly a pasar la Nochebuena con nosotros; mi Nochebuena. Mi madre sonrió y me aseguró: “Nada va a cambiar”. Pero yo sabía que sí, que ellas se comerían toda nuestra pizza y que Kelly se burlaría de cómo cantábamos. Me resigné a tener la peor Navidad de todas.

Patty y Kelly llegaron al caer la noche; hablamos, nos reímos y cantamos. Mi madre tenía razón, todo fue perfecto. A la medianoche ellas nos agradecieron y, muy a su pesar, se despidieron. Me fui a dormir con el corazón rebosante; descubrí que los regalos verdaderamente preciados de la Navidad no disminuyen cuando los compartimos, sino que son más gratificantes y se multiplican.