2011
Suficiente dinero
Junio de 2011


Jóvenes

Suficiente dinero

Conocí a los misioneros cuando tenía 17 años; en esa época mi hermano mayor y yo vivíamos juntos. Nuestra madre había fallecido el año anterior y la vida era difícil. Cuando los misioneros me enseñaron, me di cuenta de que la Iglesia era la que siempre había buscado, pero la influencia de mis amigos me impidió asistir a la Iglesia los domingos.

En una ocasión, fui a una actividad de la Iglesia durante la semana; el ver a todos los jóvenes jugar y reír me dio mucha alegría. Los misioneros, junto con los jóvenes, aprovecharon esa oportunidad para enseñarme una lección del Evangelio, y me sentí tan bien que decidí bautizarme.

Pero, incluso después de unirme a la Iglesia, enfrenté desafíos. Yo era el único miembro de la Iglesia en esa parte de la ciudad y vivía muy lejos del centro de reuniones. Mis amigos que no eran miembros de la Iglesia ya no querían saber nada de mí. Cuando me sentía solo, oraba y sentía el amor del Señor.

Cada mes recibía una pequeña suma de dinero de un fondo que mi madre había dejado; era muy difícil mantenerme con tan poco dinero, pero decidí ser obediente. Pagaba el diezmo y además tenía que pagar el transporte para ir a seminario y a las reuniones del domingo. No entendía cómo, pero a fin de mes me daba cuenta de que había habido suficiente dinero para hacer todo.

Sé que he sido bendecido por pagar el diezmo. El obedecer este mandamiento me ayudó a ganar un testimonio más fuerte, a servir en una misión y a reconocer las bendiciones para poder fortalecer a los miembros nuevos que enfrentan desafíos.