2022
Ministrar de una manera más santa
Enero de 2022


Mensaje del Área

Ministrar de una manera más santa

-Aló…, ¿Juanito?

-Si, Rosita… ¿Cómo está?

-Necesito su ayuda, Juanito.

Cuénteme, Rosita… ¿En qué puedo ayudarle?

Por la mente de Juan pasaron las dificultades que tienen dos adultos mayores que requieren apoyo constante en sus actividades diarias: “Tal vez necesitan ayuda con sus compras, se les acabó el combustible de su calefactor, se cayó su esposo y no se puede poner de pie”. Como su hermano en la fe, él sabe que debe estar disponible para atender a sus necesidades, que debe estar atento a demostrarles el amor del Salvador por ellos al ministrarlos.

El Salvador nos enseñó, con Su ejemplo perfecto, que Él estaba atento a las necesidades de aquellos a Su alrededor. Nos enseñó cómo apoyarlos y ayudarlos en sus dolores, sus penas y también en sus alegrías y logros. Nos enseñó cómo ministrar de una manera más santa.

Esta enseñanza nos fue recordada por nuestro profeta, quien compartió con nosotros, en la Conferencia General de abril de 2018, la necesidad de seguir este ejemplo de ministración que nos legó Jesucristo. El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“Prestar servicio en la Iglesia verdadera y viviente del Señor con Su autoridad y poder es una bendición extraordinaria… Vemos cómo esas bendiciones se derraman sobre mujeres, hombres y niños de todo el mundo”.

Refiriéndose a las hermanas, expresó:

“Vemos mujeres fieles que… saben cómo invocar los poderes del cielo para proteger y fortalecer a sus esposos, a sus hijos y a otras personas que aman. ¡Son mujeres espiritualmente fuertes que lideran, enseñan y ministran sin temor en sus llamamientos, con poder y autoridad de Dios! ¡Cuán agradecido estoy por ellas!”.

Con relación a los varones, enseñó:

“Hermanos, hay puertas que podemos abrir, bendiciones del sacerdocio que podemos dar, corazones que podemos sanar, cargas que podemos aligerar, testimonios que podemos fortalecer, vidas que podemos salvar, y gozo que podemos llevar a los hogares de los Santos de los Últimos Días; todo ello porque poseemos el sacerdocio de Dios. Somos los hombres que han sido ‘llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios, por causa de [nuestra] fe excepcional’ para hacer esta obra”.

Este consejo profético nos llega como una clara invitación a la acción, a transformar las asignaciones de los maestros orientadores y las maestras visitantes en algo más que una lección de cada mes, sino en una preocupación constante a través del servicio. No tiene que ser algo necesariamente muy elaborado o enfocarnos solo en aquello que requiera una gran preparación, sino que muchas veces puede ser un pequeño saludo, un llamado, un mensaje de texto, demostrando así un interés sincero.

El élder Neil L. Andersen nos invitó:

“¿Podemos aplicar eso a ministrar de una manera más santa? Oremos, escuchemos, apuntemos nuestros pensamientos y pongamos manos a la obra en cuanto a quienes podamos ministrar”.

Siguiendo esta inspirada instrucción de poner las manos a la obra, nuestros líderes en el cuórum de élderes y de la Sociedad de Socorro determinan las necesidades de los hermanos del barrio y asignan hermanos y hermanas ministrantes para cumplir esta celestial asignación.

El élder Jeffrey R. Holland declaró la siguiente enseñanza al referirse al llamado de ministración:

“Hermanos y hermanas, se nos presenta una oportunidad celestial como Iglesia, de demostrar ‘a Dios la religión pura y sin mácula’, ‘de llevar mutuamente nuestras cargas para que sean ligeras’, y de ‘consolar a los que necesitan consuelo’, de ministrar a la viuda y al huérfano, al casado y al soltero, al fuerte y al desamparado, al oprimido y al firme, al feliz y al triste; en resumen, a todos, a cada uno de nosotros, porque todos necesitamos sentir la mano cálida de la amistad y oír la declaración firme de fe”.

Y la solicitud de Rosita fue expresada a Juanito:

-Juanito, el gato pisó el control remoto y se desconfiguró la televisión… ¿Me puede ayudar?

Qué alivio escuchar que la situación no era grave, y qué alegría escuchar que ellos han desarrollado la confianza de saber que pueden contar con su hermano ministrante, no solo en sus grandes desafíos, sino también en aquellos pequeños detalles que para ellos son significativos.

Es mi testimonio personal el haber recibido las bendiciones de la ministración en mi juventud, cuando lideres inspirados compartieron no solo su instrucción, sino también su guía y amistad, lo cual sirvió de base para comenzar a fundamentar mi vida en el evangelio de Jesucristo. La ministración de mi maestra de Seminario, quien con su devoto servicio sembró la semilla de lo que más tarde brotaría como mi propio testimonio y mi relación personal con mi Salvador.

En nuestro matrimonio el ejemplo de servicio de mi amada esposa, quien con mucha paciencia y amor ha estado atenta a nuestras necesidades y ha sabido ministrar a toda la familia de una manera muy santa.

Que el Señor nos bendiga para que como pueblo seamos Sus verdaderos discípulos actuando como Él actuó: “Porque ejemplo os he dado, para que así como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15). Ese es el mensaje y la invitación del Salvador, hacerlo como Él lo hace, hablar como Él habla, caminar como Él camina, tratar a las demás personas como Él los trató.